Los científicos alertan: solo el 21% de la vegetación de la Antártida está en áreas protegidas

Aunque la Antártida suele asociarse con un paisaje dominado por el hielo, en las zonas que quedan libres crecen comunidades de musgos, líquenes y otras formas de vegetación. Esta ocupa menos del 1% de su superficie, pero contribuye a regular los ciclos del carbono y del agua y proporciona hábitat y recursos a pequeños invertebrados y microorganismos.

Pese a su limitada extensión, estas comunidades vegetales se enfrentan a amenazas importantes como el cambio climático, la actividad humana y la introducción de especies no autóctonas. Ahora, un estudio publicado en la revista Biological Conservation advierte que solo el 21,4% de la vegetación terrestre que hay en la Antártida se encuentra dentro de áreas protegidas.

“El estudio ofrece hasta la fecha la evaluación más exhaustiva del estado de la vegetación antártica y revela que existen importantes lagunas de protección en todo el continente”, explica Mariana García Criado, investigadora del Trinity College Dublin y del centro CREAF, en un comunicado.

Los esfuerzos por proteger el continente

Las Zonas Antárticas Especialmente Protegidas (ZAEP) se designan para preservar lugares con valores ambientales, científicos, históricos o de otro tipo especialmente importantes. Para acceder a ellas, por regla general, se necesita un permiso y hay que cumplir un plan de gestión que establece qué actividades están permitidas y cuáles están restringidas.

Para evaluar la cobertura actual de las áreas protegidas, los investigadores analizaron imágenes de satélite y datos sobre la distribución de la vegetación en las 16 regiones biogeográficas de conservación reconocidas en la Antártida. Los resultados revelan importantes diferencias entre regiones pero, en la mayoría de ellas, menos del 10% de la vegetación está protegida.

“La vegetación terrestre de la Antártida puede ser escasa y dispersa en comparación con la de otras partes del mundo, pero desempeña un papel fundamental en el sustento de la vida en tierra firme. Nuestros resultados muestran que, en la actualidad, amplias zonas de esta vegetación quedan fuera de la red de espacios protegidos existente”, resalta Charlotte Walshaw, autora principal del estudio.

Para revertir esta situación, el estudio también identifica 92 localizaciones donde sería prioritario ampliar la protección. La propuesta ya se ha presentado ante el Comité para la Protección del Medio Ambiente del Tratado Antártico y se enmarca dentro de los esfuerzos internacionales por conservar al menos el 30% de las áreas terrestres y marinas del planeta antes de 2030, un objetivo fijado en el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal.