Cinco misiles en pantalla y una orden que nunca llegó: así fue como el teniente coronal Petrov evitó un desastre nuclear al no hacer nada

El disparo de Sarajevo dejó a varias capitales europeas ante decisiones militares que, en pocas semanas, extendieron una crisis hasta dimensiones desconocidas. En 1914, la Primera Guerra Mundial comenzó después de que el asesinato del archiduque Francisco Fernando activara una crisis diplomática que acabó en declaraciones de guerra. En 1939, la invasión alemana de Polonia llevó a la respuesta militar británica y francesa, que declararon la guerra a Alemania y abrieron la Segunda Guerra Mundial en Europa.

En ambos casos, una acción desencadenó decisiones políticas que ampliaron el conflicto hasta convertirlo en una guerra mundial. Pero la historia también ha demostrado que no hacer nada es, en determinadas circunstancias, una decisión capaz de salvar al mundo o de condenarlo.

El protocolo podía precipitar una represalia soviética

La madrugada del 26 de septiembre de 1983 colocó al teniente coronel soviético Stanislav Petrov ante una alarma que los sistemas de alerta temprana interpretaban como un ataque nuclear estadounidense. Primero apareció un supuesto lanzamiento y después llegaron otras cuatro señales, mientras los ordenadores pasaban de indicar lanzamiento a señalar un ataque con misiles.

Petrov estaba de guardia en una instalación cercana a Moscú y debía transmitir esa información a la cúpula militar soviética, pero decidió registrar lo ocurrido como un fallo del sistema, una decisión considerada posteriormente como el momento en que se evitó la Tercera Guerra Mundial. Ningún misil alcanzó territorio soviético y aquella valoración terminó siendo correcta, aunque en ese momento el oficial carecía de una confirmación que eliminara por completo la posibilidad de un ataque real.

El protocolo militar daba a Petrov una responsabilidad especialmente delicada porque las lecturas de los ordenadores debían llegar con rapidez a los dirigentes soviéticos, que podían responder con armamento nuclear. La BBC recoge que el propio oficial sabía hasta qué punto sus superiores habrían aceptado el informe técnico si lo hubiera transmitido como válido.

Tres décadas después recordó aquella posición de responsabilidad: “Tenía todos los datos para sugerir que había un ataque con misiles en curso”. En 1983, con Yuri Andropov al frente de la Unión Soviética y una profunda desconfianza hacia Estados Unidos, Petrov temía que una comunicación precipitada pudiera conducir a una represalia antes de que hubiese tiempo para comprobar qué estaba ocurriendo.

Sus dudas nacían también de su experiencia profesional, porque llevaba más de diez años en las Fuerzas Aéreas soviéticas y había trabajado en el organismo encargado de desarrollar y supervisar la alerta antimisiles. Petrov sabía que un sistema de ese tipo podía fallar y encontró varias razones para desconfiar de la pantalla.

Principalmente, le resultaba poco creíble que Estados Unidos iniciara un ataque nuclear con únicamente cinco proyectiles, ya que una ofensiva destinada a impedir una respuesta soviética habría requerido una escala mucho mayor. Los operadores que vigilaban mediante otros sistemas tampoco habían registrado misiles, y los radares terrestres seguían sin detectar objetos después de varios minutos. Además, Petrov dudó de que la supuesta amenaza hubiera atravesado correctamente las numerosas comprobaciones previstas antes de activar la alarma.

La luz solar provocó la falsa advertencia soviética

Aquella noche también puso a prueba la forma en que Petrov reaccionaba frente a unas órdenes diseñadas para reducir al mínimo la vacilación del oficial de guardia. La BBC recogió que él se diferenciaba de varios compañeros porque había recibido formación civil antes de asumir sus responsabilidades militares, mientras otros miembros del equipo habían sido educados para obedecer la cadena de mando con mayor rigidez.

Petrov consideraba que esa diferencia pudo influir en lo ocurrido y admitió que nunca estuvo completamente seguro de acertar. Al recordar el momento en el que debía coger el teléfono, describió la presión que sintió durante aquellos minutos: “Todo lo que tenía que hacer era alcanzar el teléfono para llamar por la línea a nuestros altos mandos, pero yo no pude moverme”.

La espera terminó demostrando que los misiles nunca habían existido, porque la señal procedía de un error provocado por la luz solar reflejada sobre las nubes y captada de manera equivocada por los satélites soviéticos. Petrov aguardó una confirmación procedente de otra estación o de otro sistema, pero esa confirmación nunca llegó, y unos 23 minutos después ya podía comprobar que las explosiones previstas por la alerta no se habían producido.

El oficial retirado recordó que, después de que no hubiera explosiones, comprendió que la alarma había sido falsa: “Veintitrés minutos más tarde me di cuenta de que no había pasado nada”. El fallo también dejó a las autoridades soviéticas ante un problema serio, porque el sistema encargado de avisar de un ataque nuclear había estado a punto de alertar sobre unos misiles que nunca existieron.

Petrov recibió una reprimenda pese a acertar

La corrección de su valoración no evitó que Petrov afrontara consecuencias profesionales, ya que había incumplido procedimientos y recibió una reprimenda relacionada con lo sucedido aquella noche y con los errores de la bitácora. El general soviético Yuri Votintsev, comandante de las Unidades de Defensa Balística, consideró acertada su actuación y llegó a felicitarlo, aunque el incidente permaneció fuera del conocimiento público durante años.

Petrov fue destinado después a un puesto de menor responsabilidad y abandonó prematuramente el servicio, mientras el fallo seguía siendo un asunto delicado porque admitirlo afectaba al prestigio del sistema antimisiles y de los altos mandos que habían participado en su desarrollo. Tras la caída de la Unión Soviética, Votintsev reveló lo ocurrido y Petrov recibió premios internacionales, aunque él rechazó presentarse como un héroe y mantuvo una explicación mucho más ligada a su trabajo: “Ellos tuvieron la suerte de que fuera yo el del turno de la noche”.