El cuadro más famoso de Velázquez no siempre se llamó 'Las Meninas': así cambió su nombre con los siglos
Pocas obras son tan reconocibles como Las Meninas. Millones de personas identifican inmediatamente la escena pintada por Diego Velázquez en 1656, con la Infanta Margarita rodeada por sus damas de compañía, bufones, sirvientes y el propio artista trabajando frente a un gran lienzo. Sin embargo, existe un detalle que suele pasar desapercibido incluso para muchos amantes del arte: el cuadro más famoso de la historia de la pintura española no siempre se llamó así.
La obra que hoy ocupa un lugar privilegiado en el Museo del Prado fue cambiando de nombre a lo largo de los siglos. De hecho, el título con el que actualmente es conocida por todo el mundo no apareció hasta bien entrado el siglo XIX. Durante casi doscientos años fue identificada de maneras muy distintas, reflejando tanto la evolución de la historia del arte como la forma en que cada época interpretó el significado del cuadro.
Cuando Las Meninas todavía no eran Las Meninas
Según explica la enciclopedia oficial del Museo del Prado, el cuadro “no siempre fue conocido como Las meninas, sino que su título ha ido cambiado a lo largo de los años. En el inventario del Alcázar de 1666 se menciona como Retrato de la señora emperatriz con sus damas y una enana y de esta misma forma aparece en los inventarios sucesivos hasta el año 1700”.
La siguiente gran transformación llegó tras el incendio del Alcázar ocurrido durante la Nochebuena de 1734. Después de sobrevivir al fuego, el lienzo comenzó a aparecer citado como La familia del Señor rey Phelipe Quarto y, según el propio Prado, “cuando se le cita en el nuevo Palacio Real se le titula unánimemente La familia”. Durante décadas, esa fue la denominación habitual utilizada para identificar una de las obras más importantes de la monarquía española.
No fue hasta 1843 cuando apareció por primera vez el nombre actual. Según explica el Prado, fue Pedro de Madrazo quien utilizó la denominación Las Meninas en el catálogo del museo redactado ese año. La institución señala que aquel nuevo título “hará tal fortuna que permanecerá hasta nuestros días”. Lo que comenzó como una decisión catalográfica terminó convirtiéndose en uno de los nombres más célebres de toda la historia del arte occidental.
El significado de la palabra que dio nombre al cuadro
La elección del nuevo título no fue casual. El propio Museo del Prado recuerda que la palabra “menina” procede del portugués y designaba a las jóvenes damas que servían en la corte. Para explicar su significado, la institución cita el Tesoro de la Lengua Castellana de Sebastián de Covarrubias, publicado en 1611. Allí se describe al menino como “el pagecito que entra en palacio a servir, aunque de poco, al príncipe y a las personas reales”.
Curiosamente, aunque el cuadro recibe hoy el nombre de esas damas de compañía, la verdadera protagonista de la composición es la Infanta Margarita. La hija de Felipe IV ocupa el centro exacto de la escena y concentra la atención de todos los personajes que aparecen representados. Según la enciclopedia del Prado, su posición en el cuadro evidencia que ella constituye el principal objeto de atención de la obra y simboliza la esperanza de continuidad de la dinastía de los Austrias en un momento especialmente delicado para la sucesión de la Corona.
A su alrededor aparecen once figuras perfectamente identificables. Entre ellas destacan las dos meninas que atienden a la infanta, María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco, además de la enana Mari Bárbola, el bufón Nicolasito Pertusato, varios miembros de la corte y el propio Velázquez, que se autorretrató trabajando frente a un enorme lienzo. Al fondo puede verse también la figura de José Nieto, situada en una puerta iluminada que constituye uno de los elementos más enigmáticos de toda la composición.
La obra maestra del Museo del Prado
Pintado en 1656, apenas cuatro años antes de la muerte de Velázquez, este cuadro sigue siendo cumbre de la pintura española y universal. La enciclopedia del Prado lo define como “la obra maestra del pintor” y una demostración extraordinaria de cómo la pintura puede reflexionar sobre sí misma. No se trata únicamente de un retrato de la familia real, sino también de una compleja reflexión sobre la representación, la mirada y el papel del artista.
La originalidad de la escena sigue fascinando a historiadores y visitantes casi cuatro siglos después de su creación. El juego de espejos, las perspectivas cruzadas, la iluminación y la sensación de realidad lograda por Velázquez han convertido a Las Meninas en una obra prácticamente inagotable. Quizá por eso, aunque durante siglos recibió nombres distintos, terminó encontrando uno capaz de imponerse a todos los demás y permanecer hasta nuestros días como una de las denominaciones más famosas de la historia del arte.