Enamorado del Scalextric, este desarrollador murciano ha logrado hacer del mítico juguete un videojuego

Cristian Baño, un desarrollador murciano de Alhama, ha logrado transformar su pasión infantil por el Scalextric en una innovadora realidad digital. Junto a su hermano Víctor, este creador ha conseguido capturar la esencia pura de las pistas electrificadas en un simulador de slot racing de alta fidelidad. El proyecto nació directamente de la nostalgia por aquellas tardes de tantísimos niños que montaban pistas y carreras gracias a uno de los juguetes más deseados. Tras integrarse en el programa de emprendimiento Start IN Up de Madrid, el equipo de BabelGames decidió enfocarse en un nicho que consideraban desatendido por la gran industria. Su objetivo principal era ofrecer un referente de calidad técnica que no existiera previamente para los entusiastas del modelismo y la velocidad.

La propuesta del videojuego, de nombre Speed Rivals, destaca especialmente por una mecánica que resulta sencilla de aprender. Los jugadores deben controlar de forma estratégica la aceleración de sus vehículos en miniatura para ser los más veloces sin llegar a descarrilar nunca. El realismo del simulador recrea fielmente la física de los coches que circulan por raíles, donde cualquier exceso de velocidad es castigado duramente en las curvas. A diferencia de otros títulos genéricos y rudimentarios del pasado, este videojuego murciano respeta la tradición del hobby mientras introduce herramientas tecnológicas de última generación, centrándose totalmente en la precisión y la concentración constante necesaria durante cada una de las vueltas del recorrido.

Uno de los pilares fundamentales del éxito de este videojuego es su potente editor de circuitos, que permite a los usuarios realizar creaciones totalmente personalizadas. Los jugadores pueden diseñar trazados intrincados con rampas muy pronunciadas, curvas desafiantes y ‘loopings’ que desafían la gravedad como si se tratara de una montaña rusa. Esta herramienta creativa ha fomentado una comunidad pequeña pero muy entusiasta que comparte diariamente sus diseños a través de una red de alcance global. También se incluyen adaptaciones de circuitos icónicos como el de Jarama o el recordado trazado murciano de Fuente Álamo. La capacidad de crear y compartir contenido hace que la experiencia del videojuego sea prácticamente infinita para todos sus seguidores.

El coleccionismo de vehículos es otro aspecto esencial que BabelGames ha integrado de manera meticulosa en el garaje virtual de su producción independiente. Gracias a colaboraciones estratégicas con marcas como Toyota, los jugadores pueden pilotar versiones digitales en su versión de miniatura. El catálogo incluye modelos desbloqueables muy variados, desde reproducciones fieles de coches de carreras reales hasta vehículos pintorescos extraídos directamente de la cultura popular. Se pueden encontrar homenajes al coche clásico de Batman de los años sesenta e incluso el surrealista automóvil diseñado por el personaje Homer Simpson. Este enfoque permite atraer tanto a los puristas del slot racing tradicional como a una nueva generación de jóvenes pilotos que descubren el juguete. La personalización de las miniaturas y los diversos elementos decorativos añaden una capa de profundidad que enriquece notablemente la experiencia de simulación.

Tras un proceso de desarrollo de más de un año, el lanzamiento de la versión definitiva marca un hito para el estudio alhameño. El equipo utilizó el programa de acceso anticipado de Steam para refinar la experiencia basándose directamente en las sugerencias de su comunidad activa. Esta metodología de trabajo permitió implementar mejoras constantes, como un nuevo escenario de montaña nevada y un garaje avanzado para personalizar los coches. Los hermanos Baño prometen seguir ampliando los contenidos de forma periódica con nuevos circuitos y modelos para mantener siempre viva la emoción competitiva. 

Del metal al plástico

El mítico juego de Scalextric nació originalmente en Inglaterra en el año 1952, uniendo ingeniosamente los conceptos de escala variable y el uso de motor eléctrico. Su funcionamiento básico consiste en pistas de plástico modulares que, al ensamblarse, forman un circuito cerrado apto para realizar emocionantes carreras de velocidad. El sistema utiliza diversos tramos de rectas y curvas que se sujetan mediante piezas de goma para garantizar la estabilidad total del trazado construido. Un transformador conectado a la corriente eléctrica alimenta los raíles metálicos por los que circulan los vehículos de tracción específica mediante sus escobillas. Aunque las primeras carrocerías de los coches eran metálicas, con el paso del tiempo evolucionaron hacia el plástico para mejorar la ligereza y el rendimiento. 

Más allá del simple entretenimiento, este juguete favorece el desarrollo del juego simbólico y estimula valores educativos que son esenciales en la infancia. Los participantes asumen el rol de pilotos profesionales, lo que fomenta su imaginación y ayuda a gestionar de forma positiva la expresión de diversas emociones. La práctica constante mejora la coordinación mano-ojo y la rapidez de movimientos necesaria para mantener el vehículo bajo un control absoluto durante la carrera. Además, al ser una actividad social de carácter competitivo, aporta un gran dinamismo y facilita los encuentros entre aficionados en clubes organizados por todo el mundo.