La enésima vida de la cañonera Philadelphia, el buque de guerra estadounidense más antiguo que se conserva

La cañonera Philadelphia nunca ha rehuido las batallas. La embarcación combatió contra los británicos en la batalla de la isla Valcour, uno de los conflictos navales que se produjeron durante la Guerra de Independencia estadounidense. Estuvo en liza durante dos días, aunque acabó gravemente dañada y hundida en el lago Champlain, donde permaneció hasta que un equipo de salvamento liderado por Lorenzo Hagglund la encontró y la recuperó en 1935.

A partir de entonces, la cañonera Philadelphia se restauró y se exhibió como un verdadero tesoro en el Museo Nacional de Historia Americana, al considerarse como el buque de guerra estadounidense más antiguo que se conserva. Pero su fragilidad se ha puesto en evidencia en los últimos años.

Tras 160 años bajo el agua y décadas expuesta al público, un equipo de especialistas ha descubierto que la madera del Philadelphia se estaba encogiendo y sus herrajes de hierro desintegrándose. Para evitarlo, se ha desplegado un ambicioso plan para su restauración, con el objetivo de garantizar la conservación de este histórico barco de guerra. 

“Debido a su antigüedad y estado, la cañonera necesita urgentemente un tratamiento de conservación para garantizar su preservación a largo plazo”, subraya en un comunicado la directora del museo y titular de la Cátedra Elizabeth MacMillan, Anthea M. Hartig.

Hundida y recuperada

La cañonera Philadelphia fue construida en el verano de 1776, bajo la dirección del general de brigada Benedict Arnold. Esta embarcación de madera medía aproximadamente 16,5 metros de largo y tenía una capacidad para transportar a una tripulación de hasta 44 hombres. Formó parte de la pequeña flota estadounidense que combatió contra los británicos en la batalla de la isla Valcour, donde acabó herida de muerte y hundida en el fondo del lago Champlain.

Pero las vidas del Philadelphia no acabaron ahí. Un equipo de salvamento liderado por Hagglund la encontró y la recuperó en 1935. Primero, fue exhibida en la región del lago Champlain hasta 1961 y sus restos fueron trasladados después al nuevo Museo Nacional de Historia Americana. Su apertura al público se produjo en 1964. 

Sin embargo, ahora se le han detectado achaques que necesitan de atención. Se descubrió que la madera del Philadelphia se estaba encogiendo y sus herrajes de hierro desintegrándose. También se ha mirado con lupa el nailon líquido aplicado a la superficie exterior del barco en la década de 1960 y su efecto a largo plazo en la madera, así como sobre la resistencia a la tracción de las vigas existentes. A partir de ahí, se está desarrollando un plan para su conservación, que está previsto que finalice este verano, apuntan desde el museo. 

Además, curiosamente, ese minucioso estudio de la construcción del buque ha aportado nuevos datos sobre la carpintería profesional que se empleó en su construcción. En cualquier caso, los especialistas celebran que la cañonera Philadelphia siga en pie. “El estado frágil de este barco simboliza nuestra democracia; requiere la atención y la vigilancia de la nación para preservarlo para las generaciones futuras”, cierra la directora del proyecto de conservación, Jennifer Jones.