¿Qué esconden los 124 barcos hundidos en Gibraltar? El hallazgo recorre 2.400 años de comercio y guerra
Los cambios bruscos de viento, las corrientes que se cruzan y la necesidad de esperar antes de continuar ruta explican por qué la bahía de Algeciras y el estrecho de Gibraltar han concentrado tanta actividad naval a lo largo del tiempo. Ese paso une dos mares y dos continentes, y obliga a cualquier barco que quiera cruzar entre el Mediterráneo y el Atlántico a atravesar un espacio reducido que funciona como embudo natural. Esa condición genera tráfico continuo, pero también obliga a detenerse, reorganizar viajes y proteger embarcaciones frente a temporales.
A ese uso constante se suma su papel militar, ya que controlar ese punto permite vigilar rutas comerciales, bloquear flotas o lanzar ataques navales, como ocurrió en conflictos ligados a Gibraltar desde el siglo XVIII o en operaciones de la Segunda Guerra Mundial. Esa combinación de paso obligado, refugio y zona de enfrentamiento convierte el lugar en un punto que acumula mucha historia bajo el agua.
La Universidad de Cádiz localiza 151 yacimientos bajo el agua
Una investigación de la Universidad de Cádiz identifica 151 yacimientos arqueológicos submarinos en la bahía de Algeciras, incluidos 124 naufragios históricos, según recoge CNN. El trabajo muestra que ese espacio reducido, de unos 75 kilómetros cuadrados, guarda restos que abarcan desde la Antigüedad hasta el siglo XX.
La concentración no responde a un hecho aislado, sino a un uso continuo del entorno como punto de tránsito y parada. Ese volumen de hallazgos permite reconstruir rutas comerciales, episodios militares y formas de navegación que dejaron huella en el fondo marino.
El paso por el Estrecho de Gibraltar funciona como una obligación geográfica. Ningún barco que quiera conectar ambos mares puede evitar ese tramo, y esa limitación concentra tráfico en un área muy concreta. Los capitanes han tenido que adaptarse a corrientes complejas y a cambios de viento que obligan a frenar la navegación.
Por eso la bahía cercana se convierte en lugar de espera. Allí se reparan barcos, se reorganizan convoyes y se preparan nuevas travesías. Esa actividad aumenta el riesgo de accidentes, porque se juntan embarcaciones de distintos tamaños en un espacio limitado y con condiciones cambiantes.
El estudio liderado por Felipe Cerezo Andreo, arqueólogo y profesor asociado de arqueología subacuática en la Universidad de Cádiz, aporta una explicación en declaraciones recogidas por CNN: “Todos los buques que quieran ir del Mediterráneo al Atlántico tienen que pasar por el Estrecho de Gibraltar, y probablemente la mayoría de ellos tengan que fondear y esperar mejores condiciones meteorológicas en la Bahía de Algeciras.”
Esa espera multiplica los riesgos, ya que cualquier cambio repentino puede provocar colisiones, incendios o pérdidas de control. El equipo de investigación analizó esa dinámica durante varios años y confirmó que la acumulación de restos responde a ese patrón repetido.
Gran Bretaña y otras potencias vigilan la zona desde 1713
Los restos más antiguos muestran que este uso viene de muy lejos. Un pecio del siglo V a.C. transportaba salsa de pescado elaborada en lo que hoy es Cádiz, lo que indica que ya existían rutas comerciales activas en esa época. Los navegantes púnicos utilizaban el estrecho como vía de distribución y aceptaban sus riesgos porque era la única opción viable.
Más tarde, durante el dominio romano, el tráfico aumentó con mercancías como aceite o cereales. Cada barco hundido conserva información sobre técnicas de navegación, rutas y productos que circulaban en ese momento.
El periodo moderno añade otro nivel de actividad, marcado por conflictos armados. Tras la cesión de Gibraltar a Gran Bretaña en 1713, la zona se convirtió en un espacio vigilado por varias potencias. Durante las guerras napoleónicas, la bahía sirvió como punto de defensa y observación, con movimientos continuos de flotas.
También se han documentado restos de la Segunda Guerra Mundial, como un maiale italiano utilizado en operaciones contra la flota británica. Esos episodios muestran que el lugar no solo concentró comercio, también enfrentamientos que dejaron huella en el fondo.
El cambio climático deja restos al descubierto y acelera su desgaste
El entorno actual sigue modificando ese patrimonio. El cambio climático altera las corrientes y mueve los sedimentos, lo que deja algunos restos al descubierto. Felipe Cerezo Andreo explicó que “esto está favoreciendo el descubrimiento de todos estos naufragios”, ya que la erosión hace que se encuentren piezas que antes permanecían enterradas. Sin embargo, esa misma exposición acelera su deterioro, porque los restos quedan más expuestos a la actividad humana y a la acción del mar.
Para estudiar y proteger estos yacimientos, los investigadores utilizan herramientas geofísicas que permiten detectar estructuras bajo el sedimento. Con esos datos crean modelos en tres dimensiones antes de realizar inmersiones en zonas poco profundas, de hasta 10 metros, aunque la bahía supera los 400 metros en algunos puntos.
El objetivo es ampliar el estudio a zonas más profundas y reforzar la protección legal frente al tráfico marítimo intenso, que sigue pasando por el mismo corredor que hace siglos obligó a detenerse a tantos barcos.