Hernán Cortés, el conquistador cuya memoria vuelve a dividir a México y España
La visita de Isabel Díaz Ayuso a México devolvió a Hernán Cortés al centro de una disputa política y simbólica que desde hace años atraviesa la relación entre España y el país latinoamericano. La presidenta madrileña participó esta semana en Ciudad de México en un acto titulado Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México, organizado junto al productor Nacho Cano y presentado como un homenaje a una lectura positiva de la conquista española.
Durante el evento, Ayuso defendió el mestizaje y rechazó las interpretaciones críticas del pasado colonial, mientras que la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, respondió a través de sus redes sociales difundiendo un documento histórico de 1548 en el que la Corona española ordenaba liberar a indígenas esclavizados por Hernán Cortés. “Aquí les dejo el edicto de Carlos I de España en Valladolid, de 1548, en el que habla de las atrocidades de Hernán Cortés, a quien hoy pretende reivindicar la derecha mexicana. Los pueblos originarios son la verdadera reserva de valores del México de ayer y de hoy”, señaló.
La controversia se produjo en un contexto especialmente sensible en México, donde el debate sobre la conquista ocupa un lugar central en el discurso político. Tanto el expresidente Andrés Manuel López Obrador como Sheinbaum han insistido en revisar críticamente el legado colonial español y reivindicar el papel histórico de los pueblos originarios.
La batalla por la memoria
La figura de Hernán Cortés continúa siendo uno de los símbolos más controvertidos de la historia compartida entre España y México. Más de cinco siglos después de la caída de Tenochtitlán, el conquistador extremeño sigue funcionando como una referencia sobre la que se proyectan visiones muy distintas del pasado. Para algunos sectores conservadores españoles y mexicanos, Cortés representa el origen del México mestizo y el vínculo histórico entre ambos países; para otros, simboliza el inicio de un proceso de violencia, sometimiento y destrucción de estructuras indígenas.
Ese choque de interpretaciones explica por qué la discusión rara vez se limita al terreno académico. La controversia afecta también a cuestiones identitarias contemporáneas: el lugar de los pueblos originarios en la construcción nacional mexicana, el legado del colonialismo europeo en América Latina y la forma en que España afronta su pasado imperial.
Hernán Cortés fue el conquistador español que encabezó la expedición que culminó con la caída de México-Tenochtitlán en 1521 y el inicio del dominio español sobre gran parte del actual territorio mexicano. Nacido en Medellín (Badajoz) en 1485, llegó a América a comienzos del siglo XVI y participó primero en expediciones en Cuba antes de emprender la campaña que acabaría derribando el Imperio azteca. Con el apoyo de varios pueblos indígenas enfrentados a los mexicas, avanzó hasta tomar la capital tras la llamada Noche Triste y el posterior asedio definitivo.
Tras la conquista, Cortés fue nombrado gobernador y capitán general de Nueva España, aunque su relación con la Corona española se deterioró progresivamente. La monarquía comenzó a recortar el poder de los conquistadores para reforzar el control directo sobre los territorios americanos y sometió su actuación a distintos procesos de revisión. Pese a ello, conservó títulos y propiedades y siguió siendo una de las figuras más influyentes del proceso colonizador español. Su nombre permanece asociado tanto al nacimiento del virreinato de Nueva España como al inicio de una transformación política, social y cultural que modificó profundamente el territorio mexicano.
El edicto de Valladolid
La difusión por parte de Sheinbaum de una provisión real fechada en Valladolid el 16 de mayo de 1548 ha devuelto al primer plano uno de los documentos más delicados relacionados con la figura de Cortés. El texto fue emitido durante el reinado de Carlos I y estaba dirigido a la Real Audiencia de Nueva España. En él, la Corona ordenaba poner en libertad a los indígenas esclavizados por el Marqués del Valle, título nobiliario de Hernán Cortés, en distintas campañas desarrolladas durante la conquista.
El documento procede del llamado juicio de residencia, un procedimiento utilizado por la Corona para investigar la actuación de funcionarios y gobernadores en los territorios americanos una vez finalizaban sus mandatos. A través de estos procesos se recogían denuncias, testimonios y acusaciones sobre posibles abusos cometidos en el ejercicio del poder. En el caso de Cortés, el expediente reunía cargos relacionados con esclavización y otras prácticas consideradas contrarias a las Leyes de Indias.
Entre los episodios recogidos en la provisión aparecen hechos ocurridos en Tepeaca, Texcoco, Cuernavaca, Oaxtepec y Cholula. El texto describe separaciones de hombres para combatir, marcaje con hierro de mujeres y niños, capturas tras pactos de paz y muertes de indígenas que, según el propio documento, ya se habían sometido. La provisión ordenaba además que los indígenas vivos recuperaran su libertad y extendía la medida a sus hijos y descendientes, además de disponer su publicación pública en plazas y mercados de Nueva España.
El mestizaje como respuesta
Frente a esa lectura, Ayuso y sectores conservadores españoles y mexicanos defienden una interpretación distinta del legado de Cortés. Durante su estancia en Ciudad de México, la presidenta madrileña reivindicó el mestizaje como un elemento fundacional compartido entre España y América Latina y cuestionó los discursos centrados exclusivamente en la violencia de la conquista. En el acto celebrado junto a Nacho Cano, defendió una visión positiva de la evangelización y rechazó que la historia se lea desde el “odio”.
El homenaje organizado en México generó protestas en las inmediaciones de la Catedral Metropolitana y reactivó la confrontación política en torno a la figura de Cortés. Más de quinientos años después de la caída de Tenochtitlán, el conflicto ya no gira únicamente en torno a los hechos del siglo XVI, sino también sobre cómo se interpreta hoy la memoria compartida entre México y España y qué significado político se atribuye al pasado colonial.