La historia de Mary Eliza Mahoney, la primera enfermera negra de Estados Unidos

Limpiando suelos, lavando ropa, haciendo camas, sirviendo comida, recogiendo habitaciones… Durante 15 años, estas fueron algunas de las tareas a las que Mary Eliza Mahoney se dedicó profesionalmente antes de hacer historia. Las llevó a cabo en el Hospital New England for Women and Children de Boston, donde trabajaba en jornadas diarias que a veces incluso superaban las 16 horas.

Sin embargo, Mahoney siempre había soñado con ser enfermera. El problema es que, en aquella época, las mujeres negras no tenían posibilidades de ejercer tal profesión. Pero lejos de dejar marchar su sueño desde que era adolescente, la mujer solicitó ingresar a la escuela de enfermería del hospital donde había trabajado.

Lo hizo en 1878, cuando ya tenía 33 años, dos años mayor de lo que en un primer momento permitía el programa de formación. Sin embargo, los administradores del centro conocían cómo trabajaba y decidieron dejar a un lado el requisito de edad y permitir su admisión. De los 42 estudiantes que ingresaron en la escuela de enfermería aquel año, Mahoney fue una de las únicas cuatro que se graduaron.

Así, se convirtió en la primera afroamericana de Estados Unidos en obtener una licencia profesional de enfermería. Tras graduarse, empezó a trabajar como enfermera privada, atendiendo principalmente a madres y recién nacidos de familias blancas adineradas. Sus pacientes destacaron su profesionalismo y dedicación, lo que sin duda ayudó a su reconocimiento profesional.

Cambiar el paradigma para las enfermeras

En aquel momento, las enfermeras negras tenían oportunidades laborales muy limitadas. Normalmente estas eran vistas como empleadas domésticas más que como profesionales sanitarias cualificadas, por lo que su trabajo era reducido a tareas de cuidado básico. En la práctica, no se les ofrecía la oportunidad de desarrollar sus carreras dentro del sistema médico.

Este contexto de discriminación estructural no solo dificultaba el acceso al empleo, sino que también invisibilizaba su labor. Frente a este problema, Mary Eliza Mahoney no solo abrió su camino personal en la enfermería profesional, sino que ayudó a derribar muchos de los prejuicios de la época para que otras mujeres negras pudieran ejercer su labor con dignidad.

En 1896, se convirtió en una de las fundadoras de la Asociación de Exalumnas de Enfermería de Estados Unidos y Canadá, que en 1911 cambió su nombre a Asociación Estadounidense de Enfermeras. También formó parte de la Asociación Nacional de Enfermeras Graduadas de Color, que ayudó a cofundar en 1908, con la que trabajó para abolir la discriminación en el campo de la enfermería.

La influencia de Mahoney fue clave. El número de enfermeras negras en Estados Unidos se duplicó entre 1910 y 1930, debido en gran parte a sus esfuerzos por profesionalizar el sector, combatir la discriminación racial y crear redes de apoyo.