El calor y la humedad extremos generan una carga fisiológica que limita la capacidad del cuerpo para enfriarse. Cuando ambos factores aumentan de manera simultánea, la evaporación del sudor deja de ser efectiva y el organismo empieza a acumular calor interno. Esa combinación provoca agotamiento, deshidratación y, en los casos más graves, colapso circulatorio.
A medida que el planeta se calienta, esta situación se vuelve cada vez más común en distintas zonas del mundo, donde los periodos de calor húmedo intenso se prolongan y reducen las horas del día en las que resulta seguro trabajar o permanecer al aire libre. El riesgo no depende solo de la temperatura, sino también de la saturación de humedad, que impide al cuerpo disipar el calor acumulado. Con ello, la exposición continua puede convertirse en una clara amenaza para la vida humana en ausencia de refrigeración o refugio adecuados.
Los modelos climáticos advierten de un futuro con más episodios extremos
Un estudio de 2018 publicado en Environmental Research Letters y realizado con modelos climáticos de la NASA indica que, bajo el escenario de altas emisiones conocido como RCP 8.5, los episodios de temperatura de bulbo húmedo podrían multiplicarse entre 100 y 250 veces para 2080 en regiones tropicales y de latitudes medias.
Esa proyección implica que alrededor de la mitad de la población mundial podría enfrentarse a condiciones de calor extremo potencialmente letales si no se aplican medidas de mitigación. Los resultados se basan en simulaciones globales que evalúan cómo la temperatura y la humedad interactúan en distintos escenarios de emisiones, con especial atención a los límites fisiológicos de supervivencia humana.
El estudio resalta que el riesgo aumenta de forma desproporcionada en áreas densamente pobladas, donde la capacidad de adaptación depende del acceso a energía eléctrica, sistemas de refrigeración y recursos hídricos.
La temperatura de bulbo húmedo marca el límite que el cuerpo puede soportar
La temperatura de bulbo húmedo, también llamada temperatura húmeda, sirve para cuantificar el estrés térmico combinando la temperatura del aire con la humedad relativa. Se considera que el límite máximo que el cuerpo humano puede tolerar ronda los 35 grados de bulbo húmedo, valor a partir del cual la evaporación del sudor deja de enfriar eficazmente. Por encima de ese umbral, incluso una persona sana en reposo puede sufrir un fallo orgánico en pocas horas.
Este indicador permite identificar zonas donde el calor y la humedad alcanzan niveles peligrosos para la salud humana y se ha convertido en una referencia fundamental para evaluar los efectos del cambio climático sobre la habitabilidad del planeta.
Los modelos climáticos de la NASA muestran que, bajo las condiciones actuales de emisiones, la frecuencia y la intensidad de esos episodios aumentarán de manera notable en los próximos decenios. El incremento es especialmente acusado en las franjas tropicales y subtropicales, donde el aire cálido retiene más humedad y los periodos de calor persistente se prolongan.
Según las proyecciones, la combinación de altas temperaturas y humedad elevada podría duplicarse cada pocas décadas, agravando los riesgos para las infraestructuras, la agricultura y la salud pública. Este escenario coincide con la tendencia observada de incremento sostenido de las noches cálidas y de reducción de los intervalos de recuperación térmica entre olas de calor.
El riesgo se agrava en las regiones tropicales y costeras con menos recursos
El impacto más severo se concentraría en el sur de Asia y el Golfo Pérsico, donde millones de personas ya viven cerca del límite de tolerancia térmica. En esas regiones, los valores de bulbo húmedo podrían superar los 35 grados en algunos periodos hacia 2070, generando condiciones que impedirían el trabajo al aire libre y comprometerían la seguridad de las poblaciones rurales. Las ciudades costeras, densamente habitadas y con infraestructura precaria, serían las más afectadas. Además, el aumento de la temperatura del mar sería peor para la humedad ambiental, intensificando el riesgo de calor húmedo extremo y reduciendo las posibilidades de alivio nocturno.
Otros lugares como el sudeste asiático, el este de China y Brasil también muestran proyecciones preocupantes, aunque con mayor incertidumbre temporal. En estos casos, la deforestación y el consumo acelerado de recursos naturales podrían acelerar el calentamiento local y anticipar los efectos antes de finales de siglo.
El deterioro de los ecosistemas reduce la capacidad del entorno para moderar las temperaturas y agrava la exposición de la población a los eventos extremos. El estudio sugiere que las políticas de reforestación, junto a la reducción de emisiones, podrían retrasar la aparición de condiciones inhabitables en esas zonas.
Los autores aclaran que no se trata de un informe oficial de la NASA que identifique “cinco zonas inhabitables en 2070”, sino de un trabajo científico que evalúa escenarios de riesgo térmico. Su objetivo no es definir fronteras de habitabilidad, sino estimar el grado de amenaza que representa el calor húmedo extremo en distintas regiones del mundo. Con ello, las proyecciones muestran que, sin cambios en las emisiones y en el uso del suelo, amplias áreas podrían alcanzar valores de calor y humedad que pongan en peligro la vida humana.