Una investigación alerta sobre el daño cerebral entre exjugadores de la NFL: la ETC podría afectar al menos a uno de cada cuatro
Los golpes recibidos durante años sobre el terreno de juego pueden tener consecuencias muchos años después de abandonar el deporte profesional. Una nueva investigación concluye que al menos uno de cada cuatro exjugadores de la NFL fallecidos entre 2016 y 2021 podría haber padecido encefalopatía traumática crónica (ETC), una enfermedad neurodegenerativa relacionada con la exposición repetida a impactos en la cabeza.
El estudio, publicado en la revista científica The BMJ, ha sido realizado por 28 investigadores de instituciones estadounidenses como Mass General Brigham, la Universidad de Boston y la Fundación Concussion & CTE, y sus resultados aportan nuevos datos sobre el alcance que puede tener esta enfermedad entre quienes practicaron fútbol americano al máximo nivel y sobre su relación con problemas como la demencia.
La ETC es especialmente difícil de estudiar porque solo puede confirmarse mediante una autopsia. Investigaciones anteriores ya habían relacionado los impactos repetitivos propios de deportes de contacto con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, pero determinar qué proporción de antiguos jugadores de la NFL desarrolla realmente esta patología es muy difícil.
Como mínimo uno de cada cuatro padecía una ETC
Para aproximarse a esa cifra, los científicos estudiaron tejido cerebral donado por exjugadores que habían disputado al menos un partido de la NFL después de 1949. También analizaron notas médicas y entrevistas clínicas realizadas a familiares para buscar síntomas de demencia que hubieran aparecido durante la vida de los deportistas.
Entre 2016 y 2021, el periodo en el que se registraron más donaciones, murieron 878 antiguos jugadores, con una edad media al fallecer de 66,5 años, y 235 donaron sus cerebros. Los investigadores detectaron ETC en 215 de estos últimos, lo que representa un 91,4%. Sin embargo, ese porcentaje no puede trasladarse directamente al conjunto de exjugadores, ya que las personas que donaron sus cerebros pueden no constituir una muestra representativa.
Por ello, el equipo estableció un rango de prevalencia. El escenario más conservador considera que los 215 diagnósticos confirmados fueron los únicos casos existentes entre los 878 fallecidos. Bajo esa hipótesis, la ETC habría afectado al 24,5%, aproximadamente uno de cada cuatro. En el extremo contrario, suponiendo que todos los que no donaron su cerebro también padecieran la enfermedad, la cifra alcanzaría el 97,7%. Los investigadores consideran altamente improbables ambos extremos y sitúan la prevalencia real en algún punto intermedio.
El contraste con la población general refuerza la preocupación. Daniel Daneshvar, catedrático de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital General de Massachusetts Brigham y profesor asociado de Harvard, señala que los estudios realizados con bancos de cerebros comunitarios han encontrado ETC en menos del 1% de la población general. Una diferencia abismal.
Una relación estrecha con la demencia
“Descubrir que entre un 24,5% y el 97,7% de los jugadores de la NFL de ese período padecían esta enfermedad cerebral progresiva es una llamada de atención para la NFL y la comunidad científica”, sostiene Daneshvar. El investigador considera además que estos resultados justifican destinar más recursos al desarrollo de tratamientos.
El estudio encontró también una estrecha relación entre las formas más avanzadas de ETC y la demencia. El 95,5% de los donantes que habían presentado demencia tenía también encefalopatía traumática crónica. En particular, el estadio IV, la forma más grave de la enfermedad, estaba fuertemente asociado con un mayor deterioro cognitivo y funcional.
Los exjugadores con ETC avanzada tenían así más probabilidades de haber presentado antes de morir síntomas característicos de la demencia, entre ellos pérdida de memoria y deterioro de las capacidades cognitivas. Unos resultados que vuelven a situar bajo el foco las consecuencias a largo plazo de los impactos repetidos en la cabeza en uno de los deportes de contacto más populares del mundo.