Japón propone rodear la Luna con un anillo de 11.000 kilómetros y abre la puerta a un uso nunca visto del espacio

Pensar en una vida normal fuera de la Tierra obliga a resolver algo básico que no admite atajos. Mantener actividad diaria en la Luna implica disponer de energía estable, continua y suficiente para iluminación, sistemas de soporte y cualquier infraestructura, y ahí surge la necesidad de proyectos capaces de generar electricidad sin depender de ciclos terrestres.

La aspiración de vivir en la Luna y mantener un ritmo habitual ha empujado propuestas que buscan producir energía allí mismo, incluso con planteamientos que a primera vista parecen extremos. Entre esas iniciativas aparecen proyectos diseñados para captar luz solar sin interrupciones y enviar esa energía hacia otros puntos, lo que abre la puerta a una red energética que no se detiene cuando llega la noche.

Una empresa japonesa propone rodear el satélite con módulos fotovoltaicos

Japón plantea convertir la superficie lunar en una fuente continua de electricidad mediante el proyecto Luna Ring, presentado en el Twelfth SPS Symposium y vinculado a Shimizu Corporation. La propuesta describe un cinturón de paneles solares alrededor del ecuador de la Luna que permitiría generar energía sin interrupciones.

Según el planteamiento recogido en ese foro técnico, la producción no se detendría porque siempre habría una zona iluminada, y esa electricidad se enviaría hacia la Tierra para su uso. Tetsuji Yoshida, presidente del grupo de consultoría espacial de Shimizu, CSP Japan, explicó que “si toda la energía de este cinturón se enviase a la Tierra, desaparecería la necesidad de quemar combustibles fósiles”.

El envío de esa energía no se basa en cables que crucen el espacio, sino en sistemas que convierten la electricidad en radiación capaz de viajar grandes distancias. El proyecto contempla dos vías. Una utiliza microondas que llegan a la Tierra y se transforman en electricidad mediante antenas rectificadoras, conocidas como rectennas. La otra emplea láser, que permite concentrar más energía en un punto, aunque exige una precisión extrema para no perder el haz durante el recorrido. Ambas opciones requieren sistemas de control muy avanzados, ya que cualquier desviación o interferencia afecta al resultado final.

Las cifras ayudan a entender la escala del planteamiento. Para entregar unos 8,8 teravatios en la Tierra, los cálculos indican que haría falta generar cerca de 220 teravatios en la superficie lunar. Algunos escenarios elevan el potencial hasta los 13.000 teravatios, aunque no existe un plan financiero cerrado que respalde esa proyección. Esa diferencia entre lo que se produce y lo que llega refleja la complejidad del sistema y obliga a dimensionar la infraestructura a niveles que no tienen equivalente en proyectos energéticos actuales.

La estructura propuesta no es un conjunto aislado de paneles. El diseño incluye una franja de unos 400 kilómetros de ancho que rodearía por completo la Luna. La energía captada se trasladaría mediante cables hasta estaciones situadas en la cara visible, desde donde se realizaría la transmisión hacia la Tierra. Ese recorrido interno resulta necesario para concentrar la energía antes de enviarla, y convierte el conjunto en una red que conecta generación, transporte y emisión en un mismo sistema.

Resulta muy complicado llevarlo a la realidad

El entorno lunar introduce problemas que no aparecen en instalaciones terrestres. El polvo de la superficie, formado por partículas abrasivas, ya causó daños en equipos durante las misiones Apolo, y podría deteriorar paneles y mecanismos con el paso del tiempo.

Para evitar la exposición humana a la radiación, el proyecto plantea el uso intensivo de robots en la construcción y mantenimiento. Esa dependencia de sistemas automatizados añade otra capa de dificultad, ya que obliga a desarrollar máquinas capaces de operar durante largos periodos en condiciones extremas.

Las pérdidas energéticas representan otro límite importante. El rendimiento estimado del sistema basado en microondas se sitúa en torno al 5,82%, mientras que el uso de láser reduce esa cifra hasta aproximadamente el 2,20%. Esto implica que una parte muy grande de la energía generada se pierde durante la conversión y el envío. Esa relación entre producción y resultado final condiciona todo el diseño, porque obliga a producir mucho más de lo que se pretende aprovechar.

El coste económico aparece como el obstáculo que mantiene el proyecto en fase teórica. Estudios de la NASA indican que la transmisión de energía desde el espacio ha resultado inviable por el gasto asociado a desarrollo, lanzamiento, montaje y operación. La propuesta de Shimizu no cuenta con financiación ni calendario definido, y tampoco dispone del respaldo de agencias como la NASA o la JAXA.

Aun así, el interés internacional por este tipo de soluciones ha crecido, y ese movimiento mantiene abierta la posibilidad de que sistemas similares evolucionen con el tiempo. Aunque no será a corto plazo.