‘La maja desnuda' de Goya no fue una pintura cualquiera y acabó secuestrada por “pornográfica”
“Sigue la tipología tradicional de la diosa Venus tendida sobre el lecho”, explica el Museo del Prado para describir la emblemática pintura de Francisco de Goya. Sin embargo, La maja desnuda tenía algo que la diferenciaba de las mujeres desnudas que se habían pintado hasta entonces. La suya no utilizaba atributos mitológicos. En su cuadro no había ninfas ni diosas, sino una mujer terrenal y sin ropa.
En la España de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, aquel fue un gesto difícil de encajar, especialmente para la Inquisición. El tribunal censor, que perseguía representaciones que consideraban contrarias a la moral católica, llegó a interrogar al pintor por aquella obra, a la que no tardaron en tildar de “pornográfica” y “obscena”.
“Se manda comparecer a este tribunal a dicho Goya para que las reconozca y declare si son obra suya, con qué motivo las hizo, por encargo de quién y qué fines se propuso”, ordenó la Cámara Secreta de la Inquisición de Madrid el 16 de marzo de 1815, refiriéndose no solo a La maja desnuda, sino también a La maja vestida que el artista había pintado tiempo después.
La obra fue entonces secuestrada y puesta bajo custodia de la organización. Pasó varios años en el depósito de secuestros de la Inquisición para, posteriormente, guardarse en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando durante casi un siglo. El gran público no tuvo acceso a ella hasta 1901, cuando la pintura pasó a formar parte del catálogo del Museo del Prado. Allí puede verse a día de hoy.
Cuando Goya “vistió” a “la maja”
La maja desnuda fue probablemente un encargo de Manuel de Godoy, entonces primer ministro de Carlos IV. El hombre, una de las figuras más poderosas de la España de finales del siglo XVIII, tenía en su colección privada varias obras de carácter erótico o íntimo, lo que encaja a la perfección con esta pintura, cuya primera mención data de noviembre de 1800.
Se cree que fue también Godoy quien decidió encargarle al pintor aragonés un segundo cuadro, una versión en el que la mujer protagonista que está recostada en el sofá apareciera con ropa. Así, Goya pintó La maja vestida. Según varios historiadores, las dos majas no fueron pintadas en el mismo momento debido, en parte, a las diferencias técnicas existentes entre ambas.
La pregunta que muchos siguen haciéndose a día de hoy es quién es la mujer a la que Goya decidió retratar. Desde el siglo XIX, existe una leyenda que apunta a que se trataba de Cayetana Álvarez de Toledo, duquesa de Alba, con quien el artista tuvo un romance. Sin embargo, también existen otras teorías que sostienen que la maja podría ser Pepita Tudó, quien fue esposa de Manuel Godoy.