Los mamuts pudieron desaparecer por algo tan simple como demasiado polen alterando su olfato y su reproducción
Los animales de gran tamaño no viven protegidos solo por su masa. Un cuerpo enorme exige alimento abundante, desplazamientos largos y un sistema biológico que funcione con precisión para localizar agua, comida y pareja. Por eso, la desaparición de grandes especies siempre plantea la misma pregunta.
Si eran tan robustos, por qué dejaron de existir. En el caso de los mamuts y de otros grandes mamíferos del final de la última glaciación, varios investigadores plantean que el tamaño no bastó para compensar un problema más sutil relacionado con su percepción del entorno.
Científicos sugieren una explicación biológica poco explorada
Un estudio publicado en la revista Earth History and Biodiversity plantea que reacciones del sistema inmunitario provocadas por partículas liberadas por plantas en flor pudieron alterar el olfato de los mamuts lanudos y dificultar que encontraran pareja. El trabajo lo firma un grupo de químicos y zoólogos de Israel, Italia y Rusia.
La propuesta apunta a un proceso concreto durante un periodo de calentamiento del planeta en el que la vegetación aumentó en regiones donde vivían estos animales.
Para explorar esa idea, el equipo analizó restos de ejemplares congelados hallados en Siberia. En esas muestras aparecieron sustancias biológicas que el organismo produce cuando combate infecciones o irritaciones. También detectaron compuestos orgánicos asociados a material vegetal que habría estado presente en el aire que respiraban aquellos animales.
La coincidencia de ambos indicios llevó a los investigadores a plantear que los mamuts podían haber sufrido reacciones físicas persistentes que afectaban a su respiración y a su capacidad para detectar olores.
El sentido olfativo regula muchas funciones básicas en mamíferos
El olfato desempeña un papel fundamental en la vida de muchos mamíferos. Permite localizar comida y agua, orientarse durante desplazamientos largos y reconocer a otros individuos. Además, durante la época reproductiva funciona como una señal química que facilita el encuentro entre machos y hembras.
Los investigadores escribieron en el estudio que “uno de los posibles mecanismos de extinción durante los cambios climáticos podría ser la alteración del sentido del olfato debido al desarrollo de reacciones alérgicas cuando cambia la flora”. La pérdida de sensibilidad frente a señales olorosas habría reducido la probabilidad de encontrar pareja en el momento reproductivo.
Los autores proponen varias vías para poner a prueba la idea
El equipo también propuso formas de comprobar esa hipótesis en el futuro. Una posibilidad consiste en examinar el contenido del estómago de ejemplares conservados y estudiar qué plantas estaban presentes en su dieta. Otra opción sería analizar sedimentos y tejidos asociados a los restos para identificar sustancias vegetales capaces de provocar respuestas inmunes.
Los investigadores también plantean buscar proteínas producidas por el organismo durante ese tipo de reacción defensiva. Una de ellas es la inmunoglobulina E, que se genera en el intestino y puede acabar en los excrementos. Si esa proteína apareciera en restos fósiles de heces, podría indicar que aquellos animales sufrían episodios comparables a la fiebre del heno.
La historia de estos proboscídeos incluye una larga retirada geográfica
Los mamuts lanudos, parientes de los elefantes actuales, habitaron amplias regiones de América del Norte, Asia y el norte de Europa durante el Pleistoceno. La mayor parte de sus poblaciones desapareció hace unos 10.000 años. Sin embargo, un grupo pequeño sobrevivió durante más tiempo en la isla de Wrangel, situada al noreste de Rusia, donde resistió hasta hace unos 4.000 años.
La explicación más aceptada para esa desaparición apunta a varios factores que actuaron al mismo tiempo. Entre ellos aparecen el calentamiento climático, los cambios en la vegetación y la presión de la caza humana.
La nueva propuesta no descarta esos elementos, pero plantea que pudo existir un mecanismo adicional relacionado con el funcionamiento del olfato. Los autores escribieron que el objetivo de su trabajo era “proponer un nuevo mecanismo evolutivo para la desaparición de mamuts y otros animales basado en la alteración de la comunicación”. Si los animales no podían detectar correctamente las señales químicas emitidas por otros individuos, la reproducción habría disminuido poco a poco.
Otros especialistas reciben la hipótesis con cautela
No todos los especialistas consideran convincente esa explicación. Vincent Lynch, biólogo evolutivo y profesor asociado en la University at Buffalo de Nueva York, explicó en un correo enviado a Live Science que “esta idea parece bastante extraña y no estoy seguro de cómo podría demostrarse”.
Lynch recuerda que los datos genéticos de los últimos mamuts también revelan otros problemas. El genoma reconstruido de un ejemplar de la isla de Wrangel mostró mutaciones en genes relacionados con la detección de aromas de plantas en flor, lo que indica que esos animales ya habían perdido parte de esa capacidad.
Aun así, el propio investigador señala que la desaparición de estos gigantes probablemente se debió a una suma de factores ambientales y humanos. La hipótesis sobre reacciones inmunes asociadas a la expansión de la vegetación añade otra posibilidad a esa lista y abre una línea de investigación que todavía necesita pruebas experimentales. Mientras tanto, la pregunta sobre por qué desaparecieron animales tan enormes sigue sin una única respuesta definitiva.