Maquillaje y 100 tampones: la pregunta que dejó en evidencia a la NASA cuando envió a su primera mujer astronauta al espacio

El 18 de junio de 1983, Sally Ride despegó desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, al espacio en la misión STS-7 del Challenger. Así, la física californiana se convirtió en la primera mujer estadounidense de la historia en viajar al espacio y la tercera del mundo después de las soviéticas Valentina Tereshkova, que orbitó la Tierra en 1963, y Svetlana Savítskaya, que lo hizo en 1982. 

“Me llevaron a la oficina de Chris Kraft (primer director de vuelo de la NASA). Quería charlar conmigo y asegurarse de que supiera en qué me estaba metiendo antes de unirme a la tripulación. Estaba tan deslumbrada por formar parte de la tripulación e ir al espacio que recuerdo muy poco de lo que me dijo”, confesó tiempo después la astronauta sobre el momento en que se enteró de la noticia. 

Lo que probablemente Ride no podía imaginar es que, aun derribando una barrera histórica de género en el campo aeroespacial, tendría que enfrentarse a profundos estereotipos y prejuicios, incluso dentro de la propia NASA, la institución que la había seleccionado por su cualificación y preparación científica.

Maquillarse en el espacio

Ride se unió a la NASA como parte de la clase de astronautas de 1978, la primera en incluir mujeres. Otras cinco mujeres y 29 hombres fueron seleccionados junto a ella entre 8.000 solicitantes. Graduada en Física, la estadounidense estuvo cinco años entrenando antes de ser asignada a la misión STS-7, que contó con cinco astronautas en tripulación y desplegó dos satélites de comunicaciones. 

Una de las anécdotas más recordadas del primer viaje de Ride al espacio tuvo que ver precisamente con el hecho de ser mujer y con lo que sus compañeros hombres pensaban que iba a necesitar lejos de la Tierra. “Los ingenieros de la NASA, en su infinita sabiduría, decidieron que las astronautas querrían maquillaje, así que diseñaron un kit de maquillaje... Imagínense las discusiones entre los ingenieros, predominantemente hombres, sobre qué debería llevar el kit”, compartió.

Al maquillaje se sumó la anécdota de los tampones, que mostró el desconocimiento absoluto del funcionamiento del cuerpo femenino que los hombres manejaban entonces. Según contó la propia Ride, los ingenieros le preguntaron si 100 tampones serían suficientes para el viaje al espacio. La misión era de apenas una semana. “No es en absoluto el número correcto”, respondió ella. 

Ride se quejó en varias ocasiones de cómo en las entrevistas de la época tuvo que enfrentarse a preguntas completamente sexistas y machistas que poco tenían que ver con sus capacidades científicas para afrontar aquel trabajo que le había encargado la NASA. De hecho, la astronauta no solo completó la misión con éxito, sino que repitió el viaje un año después con un segundo vuelo de ocho días.