¿Por qué las aves urbanas se acercan más a hombres que a mujeres si no hay explicación científica?

Los prismáticos terminan muchas veces colgados del cuello de personas que apenas conocen el nombre de las especies que tienen delante, pero aun así pasan horas mirando ramas, postes o tejados porque seguir el movimiento de un pájaro obliga a bajar el ritmo y fijarse en detalles que normalmente pasan desapercibidos. Mucha gente sale a parques o riberas para escuchar cantos, reconocer movimientos y seguir trayectos entre árboles, tejados o bancos de una plaza. Esa afición también tiene una parte tranquila y repetitiva que ayuda a desconectar del tráfico, del móvil y del ruido en general.

En España, además, no hace falta salir al campo para encontrar aves fáciles de identificar. Las palomas están en plazas y estaciones casi todo el año, mientras los gorriones siguen cerca de terrazas y jardines donde encuentran comida con facilidad. Las urracas aparecen en barrios con árboles altos y los mirlos buscan tierra húmeda en parques urbanos. También resultan frecuentes las cotorras argentinas, sobre todo en Madrid o Barcelona, donde construyen nidos enormes sobre las copas de los árboles.

Algunas personas terminan aprendiendo horarios y recorridos habituales de cada especie, ya que muchas repiten zonas concretas para dormir o buscar alimento. Esa costumbre de acercarse a observarlas con calma ha permitido detectar comportamientos extraños que antes apenas llamaban la atención.

Los hombres llegaron más cerca antes de provocar la huida

Un estudio publicado en la revista People and Nature descubrió que varias aves urbanas europeas permiten que los hombres se acerquen más que las mujeres antes de alejarse. Según ScienceAlert, el trabajo reunió más de 2.700 observaciones en parques y zonas verdes de Chequia, Francia, Alemania, Polonia y España. Los investigadores comprobaron que muchas aves escapaban antes cuando la persona que avanzaba hacia ellas era una mujer. La diferencia media rondó un metro.

Las pruebas incluyeron 37 especies distintas y el resultado se mantuvo en todas ellas. Los investigadores observaron gorriones, estorninos, mirlos, urracas o petirrojos, además de cuervos y pájaros carpinteros. Cada participante caminaba hacia las aves en línea recta y a velocidad normal hasta que el animal echaba a volar o se apartaba. Los hombres podían acercarse hasta unos 7,5 metros, mientras las mujeres solían quedarse cerca de los 8,5 metros antes de provocar la huida.

El equipo intentó reducir cualquier diferencia evidente entre participantes. Los hombres y las mujeres tenían una altura parecida y llevaban ropa de colores similares. También avanzaban con el mismo ritmo y mantenían la mirada fija sobre el ave. Las participantes con el pelo largo debían recogerlo y ninguna realizó las pruebas durante la menstruación. Aun así, los pájaros continuaron reaccionando de forma distinta según el sexo de la persona que se acercaba.

Yanina Benedetti planteó señales pequeñas relacionadas con olor y movimiento

Los autores creen que las aves detectan señales muy pequeñas relacionadas con la forma de caminar o con el olor corporal. Algunos estudios recientes ya habían cuestionado la vieja teoría que atribuía a las aves un olfato pobre. Ese cambio resulta importante porque abre la posibilidad de que distingan sustancias químicas emitidas por hombres y mujeres. El trabajo también plantea otra opción relacionada con la postura corporal y el movimiento de brazos o piernas durante el avance hacia el animal.

Yanina Benedetti, investigadora de la Czech University of Life Sciences Prague, explicó en People and Nature que “me sorprendió que las aves reaccionaran de forma distinta ante nosotras”. La investigadora añadió que muchos estudios sobre comportamiento animal consideran neutral a la persona que observa, aunque sus datos mostraron otra cosa en pájaros de ciudad. Benedetti también afirmó que “las aves urbanas reaccionan ante señales sutiles que las personas apenas perciben”.

Federico Morelli, biólogo de la Universidad de Turín, declaró en el estudio que “hemos identificado un fenómeno, pero todavía no sabemos por qué ocurre”. Daniel Blumstein, biólogo conservacionista de la Universidad de California en Los Ángeles, señaló en declaraciones recogidas por The Independent que “creo plenamente en los resultados, pero ahora mismo no puedo explicarlos”. Los autores creen que harán falta más pruebas separando factores como el olor, la silueta o el movimiento corporal.

Las aves detectan diferencias humanas todavía desconocidas

El hallazgo llamó la atención porque los resultados aparecieron en todas las especies estudiadas y en países distintos. El trabajo también rompió una idea bastante extendida sobre la relación histórica entre humanos y aves urbanas. Algunos investigadores pensaban que los pájaros podían mostrarse más desconfiados ante los hombres por la antigua relación con la caza, aunque ocurrió justo al revés durante las pruebas.

La investigación todavía no ofrece una respuesta definitiva y deja varias preguntas abiertas sobre la forma en que las aves reconocen a las personas dentro de una ciudad. Mientras tanto, cualquier paseo por un parque español sigue mostrando palomas, gorriones o mirlos acostumbrados a convivir con miles de personas cada día, aunque algunos parezcan calcular con mucha precisión a qué distancia quieren tenerlas.