Los carroñeros australianos sorprenden a los científicos con su forma de alimentarse: los cadáveres funcionan como un bufé
Los zorros rojos pueden encontrar un cadáver de canguro y quedarse prácticamente sin posibilidad de elegir las partes que van a comerse. El problema tiene nombre y apellido en el mundo animal, porque los dingos y las águilas audaces suelen adelantarse y hacerse con las piezas que más les interesan.
Estos dos grandes carroñeros australianos localizan rápidamente los animales muertos y pueden consumir cantidades considerables de carne antes de que lleguen otros competidores. Para cuando llegan los zorros, buena parte de la carne ya ha desaparecido y se quedan sin libertad de elección.
La composición nutricional condiciona qué partes consumen los carroñeros
Una investigación publicada en la revista científica Royal Society Open Science ha descubierto que los animales carroñeros muestran preferencias alimentarias relacionadas con la composición nutricional de los cadáveres. Los dingos y las águilas audaces tienden a seleccionar inicialmente regiones con mayor concentración de grasas, aunque sus elecciones cambian conforme avanza la descomposición. El trabajo también identifica diferencias entre especies y estaciones del año, relacionadas con las oportunidades de alimentación y las necesidades energéticas.
Las águilas audaces suelen comenzar a alimentarse por la cabeza y el abdomen cuando encuentran un canguro muerto cuyo cuerpo permanece intacto. Los dingos, en cambio, muestran una preferencia inicial por la cola, una elección que distingue su comportamiento del de las grandes aves rapaces.
Esta distribución revela que dos especies capaces de aprovechar el mismo recurso pueden seleccionar regiones anatómicas diferentes desde sus primeros contactos con él. Los investigadores observaron también que los patrones generales de alimentación de dingos y zorros se parecían más entre sí que los de cualquiera de ellos con las águilas.
La distribución de los depósitos grasos en los canguros ayuda a comprender estas preferencias, porque se trata de animales generalmente magros. Las mayores concentraciones de grasa aparecen alrededor de la base de la cola, junto a los órganos internos y en el cerebro. Sin embargo, el aprovechamiento de un cadáver evoluciona a medida que sus tejidos se deterioran.
Las águilas, por ejemplo, aumentaron su utilización de regiones con mayor contenido proteico, especialmente las extremidades posteriores, donde se concentra abundante musculatura. Los dingos también modificaron sus elecciones conforme avanzaba la descomposición, mientras los zorros mostraron una capacidad de adaptación temporal comparativamente menor.
El invierno aumentó el consumo del abdomen del canguro
Las condiciones ambientales también influyeron en la alimentación de los carroñeros, especialmente al comparar las observaciones realizadas en verano e invierno. Tanto los dingos como las águilas aumentaron su consumo de la región abdominal en la estación fría.
Los investigadores plantean que las temperaturas inferiores y una menor disponibilidad de alimentos alternativos podrían incrementar el interés por las grasas. Esta interpretación resulta compatible con el mayor valor energético de estos nutrientes, aunque las observaciones no permiten establecer por sí solas todas las necesidades nutricionales de cada animal.
Otros animales también seleccionan alimentos según sus nutrientes
La selección de nutrientes ya se había documentado en numerosos animales herbívoros y primates, pero estudiar ese comportamiento en carnívoros salvajes plantea dificultades adicionales. Los monos araña y los orangutanes, por ejemplo, regulan su alimentación para mantener una ingesta relativamente estable de proteínas.
También existen antecedentes entre depredadores, como las focas que seleccionan regiones grasas de determinados salmones. Estas conductas se relacionan con la geometría nutricional, un enfoque científico que estudia cómo los animales ajustan el consumo de proteínas, grasas y otros nutrientes para satisfacer sus necesidades.
Los científicos vigilaron 40 cadáveres con cámaras de fototrampeo
El equipo encabezado por Niraj Meisuria, investigador predoctoral de la Universidad de Sídney, y Thomas Newsome, profesor asociado de Ecología Global de la misma institución, examinó estas conductas mediante cámaras de fototrampeo. Los científicos siguieron 40 cadáveres de canguros grises orientales colocados experimentalmente en las Montañas Azules de Nueva Gales del Sur, Australia, a lo largo de una campaña estival y otra invernal.
Las grabaciones permitieron identificar las especies visitantes, las regiones anatómicas consumidas y la duración de cada episodio de alimentación. Ese seguimiento proporcionó información sobre cómo variaba el aprovechamiento de los cadáveres conforme transcurría el tiempo y cambiaban las condiciones ambientales.