Los científicos querían medir los niveles de agua de las Bahamas y acaban descubriendo que los tiburones van hasta arriba de cocaína
Las distancias largas no frenan lo que se mueve por el agua. Las Bahamas están formadas por muchas islas separadas entre sí, algunas muy alejadas de cualquier núcleo urbano, y eso hace pensar que los animales que viven allí deberían mantener un organismo libre de sustancias humanas.
Esa expectativa se apoya en la imagen de lugares donde no hay fábricas cerca ni grandes ciudades vertiendo residuos. Sin embargo, esa pureza no se mantiene cuando entran en juego los circuitos que conectan tierra y mar, porque incluso en esos puntos aislados aparecen restos que no deberían estar en el cuerpo de esos animales.
El muestreo confirma una exposición reciente y amplia
Un estudio publicado en la revista Environmental Pollution muestra que los tiburones de Bahamas llevan en su organismo restos de fármacos, cafeína y metabolitos de cocaína. El trabajo, recogido por Science News, indica que el 100% de los ejemplares analizados contenía compuestos de origen humano y que cerca de un tercio presentaba contaminación en sangre.
Los investigadores tomaron muestras de 85 tiburones de cinco especies cerca de la isla de Eleuthera y analizaron alrededor de 20 sustancias distintas, desde antibióticos hasta analgésicos. Los resultados señalan una exposición real y reciente, no un contacto puntual con el entorno.
El camino que siguen esas sustancias empieza en tierra. Los sistemas de tratamiento de aguas no eliminan por completo analgésicos, antidepresivos o estimulantes, así que esos compuestos llegan al mar. Allí los absorben organismos pequeños como el plancton o los crustáceos. Después pasan a peces de menor tamaño cuando se alimentan de ellos, y ese proceso continúa hasta alcanzar a los grandes depredadores.
Cada paso aumenta la concentración acumulada. Un tiburón no necesita ingerir una pastilla para incorporar esos compuestos, le basta con comer presas que ya los llevan dentro. En estudios previos realizados en la zona, como el trabajo de Jennifer Rehage en 2022, se detectaron varios fármacos en peces habituales de la región, lo que explica cómo esa carga termina en los niveles más altos de la cadena.
Los efectos empiezan a notarse en el comportamiento animal
Las consecuencias de esa acumulación todavía no están del todo definidas, pero hay indicios claros. Investigaciones con anguilas europeas en 2018 mostraron que la cocaína presente en el agua provoca daños en el tejido muscular y altera sistemas neurológicos que afectan a la migración.
En los tiburones, los compuestos actúan sobre procesos internos relacionados con el comportamiento. La cafeína o los analgésicos pueden modificar los ciclos de actividad o la forma en que detectan presas.
Natascha Wosnick, bióloga de la Universidad Federal de Paraná, explicó a CBS News que “la presencia generalizada de cafeína y fármacos en la sangre de muchos tiburones analizados resulta igual de alarmante”. También añadió que “la exposición crónica a estos compuestos puede provocar efectos negativos que aún no se comprenden bien”.
Un metabolito confirma que los organismos procesan la droga
Los datos recogidos por el equipo de la Universidad Internacional de Florida, dirigido por Jim Gelsleichter, confirman que la exposición no es superficial. El análisis mediante espectrometría detectó restos en tejidos internos, lo que implica que los animales han procesado esas sustancias.
En el muestreo, 28 tiburones de tres especies presentaban al menos uno de los compuestos analizados, entre ellos cocaína, cafeína y analgésicos como diclofenaco o paracetamol. Ese resultado encaja con la idea de que los grandes depredadores acumulan lo que circula por todo el ecosistema.
Este tipo de hallazgos obliga a revisar la forma en que se entiende la limpieza del océano. La presencia de contaminantes en zonas alejadas indica que no hay áreas realmente aisladas de la actividad humana. Cuando todos los ejemplares analizados contienen restos de fármacos, el problema no está en un punto concreto, sino en el sistema que permite que esos compuestos lleguen hasta allí. Las ciudades vierten su actividad diaria al agua a través de los desagües, y ese flujo no se detiene en la costa.
El caso de la cocaína sigue un recorrido distinto. Parte de la sustancia llega al mar por el tráfico ilegal en el Caribe. Los paquetes se arrojan durante persecuciones o se pierden en rutas de transporte, y al romperse liberan grandes cantidades en puntos concretos. Los tiburones pueden ingerir esos restos de forma directa o a través de presas contaminadas.
La presencia de benzoilecgonina en el 40% de los ejemplares indica que el organismo ha procesado la droga, ya que ese compuesto aparece cuando el hígado descompone la cocaína. Ese dato confirma que la exposición no es externa, sino interna, y que esos animales integran sustancias humanas en su propio sistema biológico.