Un estudio revela que los castores son grandes aliados para mitigar el cambio climático

Los castores y sus conocidas presas podrían tener un papel clave en la lucha contra el cambio climático. Así lo refleja un estudio que demuestra que estos animales son capaces de transformar los ecosistemas fluviales en auténticos sumideros de carbono, es decir, lugares que absorben más dióxido de carbono del que liberan a la atmósfera.

La investigación, publicada en la revista Communications Earth and Environment, se ha centrado en un tramo de río de unos 800 metros en el norte de Suiza. En esta zona, la reintroducción de castores en 2010 provocó importantes cambios en el paisaje, dando lugar a la formación de humedales que han resultado ser altamente eficientes en cuanto al carbono.

Un aliado inesperado contra el cambio climático

Los científicos calcularon el balance de carbono del ecosistema analizando sedimentos, vegetación, agua y biomasa. Los resultados mostraron que este entorno es capaz de almacenar entre 98 y 133 toneladas de carbono al año. Esta cantidad equivale aproximadamente al consumo de entre 832 y 1.129 barriles de petróleo, lo que pone de relieve la relevancia de estos animales en el contexto climático.

“Los castores no van a resolver el cambio climático, pero nuestra investigación muestra que estos ingenieros naturales pueden ayudar silenciosamente a que los paisajes fluviales almacenen más carbono durante décadas”, explica Lukas Hallberg, autor principal del estudio e investigador de la Universidad de Birmingham. Por lo tanto, aunque el papel de los castores no es decisivo por sí solo, es importante si se complementa con otras estrategias.

Según las estimaciones del equipo de investigadores, la recuperación de humedales en zonas aptas para la recolonización de castores en Suiza podría compensar entre el 1,2% y el 1,8% de las emisiones anuales del país. Aunque se trata de una cifra modesta, resulta relevante por tratarse de una solución natural y de bajo coste.

¿Cómo consiguen reducir el carbono?

El mecanismo con el que consiguen reducir las emisiones de carbono es relativamente sencillo. Al construir presas, los castores alteran el curso del agua y generan áreas inundadas donde se acumulan sedimentos, materia orgánica y vegetación. Estos elementos actúan como depósitos de carbono, reteniéndolo durante largos periodos de tiempo en el suelo y en la biomasa.

Además de su papel en la retención de carbono, los humedales creados por castores aportan otros beneficios ecológicos. Aumentan la biodiversidad, mejoran la calidad del agua y hacen que los ecosistemas sean más resistentes frente a fenómenos extremos como incendios o sequías. Todas estas ventajas refuerzan la idea de que trabajar con procesos naturales puede ser una estrategia eficaz.

Durante mucho tiempo, los castores han sido percibidos como una especie problemática debido a su capacidad para talar árboles y modificar el entorno. Sin embargo, estudios como este ayudan a cambiar esa percepción, destacando su papel positivo en el equilibrio de los ecosistemas. “Trabajar con procesos naturales desde el principio no solo es ecológicamente sensato, sino también económicamente razonable”, señala Hallberg.

Los investigadores advierten, no obstante, que los resultados deben interpretarse con cautela, ya que se basan en un único caso de estudio. La capacidad de almacenamiento de carbono puede variar en función de factores como el clima, la geología o la vegetación. Aun así, la necesidad y el creciente interés por encontrar soluciones basadas en la naturaleza hacen que los castores puedan tener un papel cada vez más relevante en la lucha contra el cambio climático.