Las presas falsas de castores se convierten en la nueva herramienta para restaurar zonas arrasadas por incendios

Las manos de estos animales nunca paran. Entre ramas, barro y corrientes frías, los castores construyen refugios que alteran por completo el paisaje. No levantan presas porque les parezca divertido, sino que su instinto busca seguridad y alimento.

Cada estructura retiene el agua hasta formar estanques donde pueden nadar sin miedo a los depredadores. En esos espacios también guardan la comida que recolectan antes del invierno, protegida bajo el hielo. Las presas, además, frenan el caudal y mantienen húmedos los suelos cercanos, algo que beneficia a plantas y a muchas otras especies. Con ello, crean un entorno más estable que acaba afectando a todo un ecosistema.

En los últimos años, un grupo de científicos de Colorado ha decidido aplicar esa misma idea para reparar los daños que dejaron los grandes incendios de 2020. En este sentido, han levantado presas artificiales en ríos de montaña que quedaron arrasados, buscando recuperar el ritmo del agua y devolver la estabilidad perdida.

Réplicas de troncos que devuelven la vida a los arroyos de montaña

Antes de la llegada de los colonos, los castores mantenían ríos y humedales llenos de vida. La caza y la transformación de los cauces hicieron que desaparecieran de muchas zonas y, con ellos, los pantanos que regulaban el flujo del agua. Esa pérdida multiplicó los efectos de los incendios, porque los suelos quemados dejaron de retener lluvia y nieve, y los sedimentos bajaron sin control hacia los embalses.

El equipo del investigador Tim Fegel ha instalado estas réplicas, conocidas como presas análogas, en los arroyos de Cache la Poudre y Willow Creek. Algunas se levantan en pocos minutos con herramientas simples, otras requieren maquinaria pesada y días de trabajo. En ambos casos, los troncos y ramas se colocan de forma que el agua se frene y el sedimento se asiente antes de llegar a los ríos principales. Así se filtran los nutrientes y se evita que el exceso de carbono o nitrógeno provoque desequilibrios aguas abajo.

El experimento empieza a dar resultados claros. En algunas zonas, los nuevos estanques han atraído a castores salvajes que regresan al hábitat. Según el investigador Chuck Rhoades, de la división de Biogeoquímica del Servicio Forestal de Estados Unidos, “si inicias el proceso construyendo estas presas, el entorno se convierte en un lugar mejor para los castores”. Los animales han vuelto a talar sauces y a reforzar las estructuras, un signo de que el sistema recupera su dinámica natural.

Los investigadores estudian cuánto dura el efecto y si los castores podrán mantenerlo

Los científicos continúan midiendo la eficacia de cada tipo de presa, comparando las más simples con las que ocupan tramos largos del río. Fegel comentó que “será interesante comprobar si basta con dejar caer un árbol o si las presas grandes funcionan mejor en zonas amplias”. Los datos preliminares indican que el agua baja más limpia, aunque el coste y el tiempo de construcción siguen siendo un reto para extender el método.

El seguimiento durará años. Se controlará la química del agua, el crecimiento de la vegetación y la presencia de nuevos castores. El objetivo es saber si estas estructuras pueden convertirse en una herramienta de restauración permanente y si los propios animales terminan por mantenerlas sin ayuda humana.

Mientras tanto, los castores continúan con su trabajo. Cortan árboles con unos dientes de esmalte naranja tan duro que supera al acero y que se mantiene afilado al desgastarse. Cada tronco cae en la dirección que ellos calculan tras escuchar los crujidos que anuncian la caída. Esos gestos, repetidos miles de veces, son los que han modelado ríos enteros durante siglos y que ahora inspiran a los científicos que intentan devolverles su lugar en el paisaje.