El desconcertante avance del castor por media España
En 2022 los detectaron en el río Tormes, afluente del Duero, casi en la raya con Portugal; en 2023 en el Guadalquivir, en Jaén; y en 2024 en el Tajo, aguas abajo del embalse de Entrepeñas. Científicos y autoridades lo atribuyen a sueltas incontroladas, aunque nadie sabe quién hay detrás.
En junio de 2024, el paleozoólogo Marco Ansón se llevó una enorme sorpresa mientras estudiaba las aves del río Tajo. Estaba escondido al borde del agua cuando escuchó un chapoteo. Se giró, esperando ver un corzo o un jabalí, pero ante sus ojos, sumergiéndose en el cauce, había un castor. “Me voló la cabeza. No fui capaz ni de levantar la cámara de fotos, solo pude grabar con el móvil cómo se metía en el agua”, rememora Ansón, que llevaba años estudiando la rica fauna de este tramo del río como parte de “un colectivo de estudio zoológico”, el Centro de Estudios Animales.
“La persona que los está soltando por toda España escogió el punto muy correctamente. En vez de ser como la mayoría de los bosques de ribera, que están arrasados, en este tramo el bosque tiene por lo menos ocho o 14 metros, un hábitat donde podían medrar”, apunta. Allí los castores encuentran refugio y comida abundante, la corteza de árboles como chopos y sauces, y también hierbas y plantas de las que se alimentan en primavera y verano. Con una compañera, Ansón lleva año y medio estudiando metódicamente esta nueva población en los meandros del Tajo, y han detectado tres núcleos de castores –son animales familiares y muy territoriales– en unos 18 kilómetros de río. Trabajan en consultoras ambientales y lo hacen en su tiempo libre “por afán de conocimiento”.
Según la Consejería de Desarrollo Sostenible de Castilla-La Mancha, los técnicos y los agentes ambientales de Guadalajara conocían la presencia de castor desde 2022, aunque la noticia se mantuvo en secreto hasta que lo publicaron los expertos del Centro de Estudios Animales.
“Se pretende llevar a cabo en breve un seguimiento más exhaustivo que contempla incluso la posibilidad de captura y marcaje de ejemplares”, aseguran desde la Consejería. No saben cuántos castores hay en la región, aunque afirman que solo están en la cuenca del Tajo. En junio de este año, un animal apareció muerto muchos kilómetros aguas abajo, en la provincia de Toledo, flotando panza arriba en el río.
“Para mí es una pasada poder estudiar la aparición de una especie en un hábitat. Quizá saquemos las mismas conclusiones que en otros sitios, aunque esto es un contexto diferente, más mediterráneo”, cuenta Ansón. Aunque en ríos como el Tajo los castores europeos no hacen presas –ni las típicas casas de madera–, ya están detectando algunos cambios ecológicos. Un ejemplo es la madera muerta, por los árboles derribados por los roedores.
En España, la historia del regreso del roedor se remonta a 2003, envuelta en la bruma del valle del Ebro. En la confluencia con el río Aragón aparecieron 18 ejemplares de origen centroeuropeo, una suelta clandestina que nunca ha sido reivindicada.
La especie estaba estrictamente protegida por la legislación europea pero, al tratarse de animales sin papeles, las administraciones españolas pidieron permiso a Bruselas para acabar con ellos. Aunque La Rioja, Navarra y Aragón mataron más de 200, los castores siguieron medrando en los ríos de la cuenca del Ebro. Ya se han asentado por buena parte de ella, desde el norte de Burgos o Álava hasta algunos ríos del Pirineo. No hay datos oficiales sobre su población total: tan solo en La Rioja se estiman entre 436 y 465 ejemplares, según un censo de 2023. Ante el fracaso del plan de erradicación, en 2018 la Comisión Europea consideró que la especie debía considerarse nativa y renaturalizada en el país: su indulto final llegó en diciembre de 2020, cuando el Gobierno la protegió legalmente. Poco después, en una coincidencia temporal algo sospechosa, comenzaron a aparecer nuevas poblaciones en puntos muy alejados de la cuenca del Ebro.
El castor es un icono de la renaturalización, la teoría conservacionista que busca recuperar los procesos ecológicos a gran escala como antídoto frente a la crisis climática y de extinción de especies. Ningún otro animal, aparte del ser humano, es capaz de moldear tanto su entorno. En Norteamérica, hay presas de castor que incluso pueden verse desde el espacio, aunque sus primos europeos no son tan duchos en esas obras de ingeniería.
Como punta de lanza del rewilding, el regreso de la especie también se ha producido –en ocasiones– fuera del radar de las administraciones en otros países. Por ejemplo, en 2014, al descubrirse una familia de castores en el suroeste de Inglaterra, en Devon, una ONG logró convencer a la administración para que les dejaran quedarse, con una prueba piloto de diez años.
Junto a la Universidad de Exeter, han medido notables efectos gracias a su recuperación: tras fuertes lluvias, los humedales creados por los castores reducían hasta un 30% el caudal de los ríos, limitando las inundaciones. Al ralentizar el agua y soltarla lentamente en periodos secos, también mitigan el impacto de las sequías, y crean un oasis para multitud de especies. Murciélagos, anfibios, peces o pequeños mamíferos aumentaron su población a lo largo del experimento.
A principios de 2025, siguiendo la estela de Escocia, el Gobierno británico anunció que las poblaciones de la especie podrían seguir viviendo en libertad en Inglaterra. También ofrecerán permisos para liberar castores, a los que se celebra como “héroes climáticos” y un ejemplo de 'soluciones basadas en la naturaleza' de bajo coste.
De vuelta a España, es difícil encontrar semejante entusiasmo por la especie. El ambientólogo Jorge Echegaray, coautor de un manual de divulgación y guía para el tratamiento informativo sobre el castor, lo achaca al “pecado original” de la suelta ilegal de principios de los 2000.
¿Qué efectos puede tener la especie en los ecosistemas de la España mediterránea? “Se ha estudiado sobre todo en ambientes del norte de Europa o Norteamérica, y siempre con una intención de encontrar una valoración positiva”, plantea con cautela Jacinto Román, uno de los autores de una investigación de la Estación Biológica de Doñana sobre la fecha de extinción del castor en el país. Considera que algunas especies saldrán ganando y otras perdiendo ante la llegada del castor. “Por eso, para reintroducir cualquier animal extinto en un territorio, siempre deben hacerse estudios previos”, incide.
Para encontrar respuestas, el científico Duncan Halley, del Instituto Noruego de Investigación de la Naturaleza, sugiere mirar a otra zona árida donde los castores están regresando tras ser exterminados: el suroeste de Estados Unidos. En lugares como Nuevo México o California, se ha demostrado que sus presas aumentan la recarga de acuíferos e incluso actúan de cortafuegos frente a los incendios forestales. Halley, uno de los mayores conocedores sobre la especie, cree que las autoridades españolas deberían anticiparse a los posibles conflictos que surjan cuando la construcción de presas “se haga más común” y algunas choquen con intereses humanos. A fin de cuentas, compartimos con estos industriosos roedores uno de los paisajes más humanizados, las riberas y valles fluviales.
0