Fiel hasta el final: el conmovedor adiós del perro Crispín a su mejor amigo humano

Héctor Farrés

15 de abril de 2025 14:13 h

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Había algo raro en cómo se movía aquel perro. Un paso torpe, como si el suelo pesara más de lo normal. Tenía los ojos fijos en un punto, sin apartar la mirada ni un segundo. Nadie le había enseñado a hacer eso, pero lo hacía igual.

Con esa forma suya de entender lo que pasaba sin necesidad de señales. La tristeza le quedaba encima como un abrigo viejo, de esos que uno no elige pero tampoco se quita. Y allí estaba, como si supiera que le tocaba cerrar algo que ya no volvería a abrirse.

Bajo sus patas, algo más que tierra

Crispín no necesitó que nadie lo llamara al funeral. Apareció entre la gente con la misma naturalidad con la que había acompañado a Jacinto en sus peores días. Lo buscó en el suelo, entre las flores, junto al ataúd, y se quedó quieto, con las orejas bajas, como esperando un gesto que no iba a llegar.

Quienes estaban en el cementerio aquel día en Perú vieron algo difícil de olvidar, una imagen que quedó grabada. Una prima del fallecido compartió el momento en TikTok y explicó que, incluso en la enfermedad de cuidador, el perro se mantuvo a su lado: “Cuando él estaba enfermo, Crispín nunca se apartó de él”.

No hizo falta mucho más. El comportamiento del perro bastó para entender hasta qué punto existía un vínculo entre ambos. En sus últimos días, su presencia era constante. Dormía en el suelo, comía poco y salía solo lo justo para volver junto a la cama de Jacinto. “Gracias, Crispín, por estar con mi primo hasta el final”, escribió la familiar del fallecido.

El gesto no fue una imitación de lo que hacen las personas. Nadie se lo indicó, nadie se lo enseñó. Fue una despedida hecha a su manera, con movimientos alrededor de la fosa e incluso acabó metido en ella para estar todo lo cerca posible de Jacinto. Su actitud que decía más que cualquier palabra.

La tristeza de cuatro patas que se queda quieta junto a su amigo

Cuando todos se marcharon, él seguía allí. Apoyó el hocico en la tierra, como si entendiera que lo que estaba bajo sus patas ya no era solo tierra. Escarbaba, como si quisiera introducirse dentro. O incluso como si quisiera desenterrar a su cuidador. “Así fue como Crispín se despidió de mi primo”, añadió su prima en el vídeo.

No hizo ningún ruido ni se movió mucho más. Fue algo mucho más contenido: la pura tristeza de quien ya no tiene a su compañero. Permaneció inmóvil durante horas. Se le notaba el cansancio en los ojos, un agotamiento que no tenía que ver con su propio cuerpo, sino con la pérdida de su gran amigo Jacinto. La gente comentaba en voz baja lo que acababan de presenciar, sorprendida por la actitud del animal, que no se movía del borde del agujero ya tapado.

Al final, el perro quedó solo, quieto en una esquina, mirando en silencio hacia el lugar donde acababan de enterrar a su dueño. No había lágrimas en sus ojos, pero tampoco hacían falta. Esa forma de quedarse allí, mirando, expresaba más que cualquier palabra. Fue el último en marcharse. Y el que mejor supo decir adiós.