Los gatos se adaptan mejor de lo esperado a vivir sin salir de casa, según un estudio
Pasar de recorrer libremente el exterior a vivir exclusivamente dentro de una vivienda puede parecer un cambio difícil para un gato acostumbrado a salir. Sin embargo, una nueva investigación realizada por científicos de Australia y Nueva Zelanda concluye que estos felinos pueden adaptarse a la vida en interiores con mayor facilidad de lo que muchas personas creen. La mayoría de los dueños que hicieron esta transición considera que los beneficios obtenidos terminaron superando las dificultades iniciales.
El estudio, publicado en la revista científica Applied Animal Behaviour Science, ha analizado las experiencias de propietarios que habían decidido impedir que sus gatos continuaran deambulando libremente por el exterior. Aunque inicialmente muchos mostraban preocupación por la felicidad y el comportamiento de sus mascotas, más de dos tercios han afirmado posteriormente que el proceso había resultado más sencillo de lo esperado.
“A muchas personas les preocupa que mantener a un gato dentro de casa le resulte estresante, pero nuestros hallazgos sugieren que la transición fue a menudo más fácil de lo esperado”, explica Julia Henning, de la Facultad de Ciencias Animales y Veterinarias de la Universidad de Adelaida. La investigadora reconoce que existen dificultades, especialmente durante las primeras semanas, pero señala que la mayoría de los propietarios las consideraron temporales.
La mitad se adapta en pocas semanas
La seguridad del animal fue la principal motivación para mantener a los gatos dentro de casa. Los propietarios señalaron riesgos como el tráfico, los ataques de otros animales, las enfermedades, los parásitos o posibles envenenamientos. A estos peligros se suma el impacto que pueden tener los gatos sobre la fauna silvestre, especialmente las aves, que son principalmente los animales a los que atacan.
Una vez realizado el cambio, muchos propietarios destacaron también otros beneficios. Mantener al animal dentro permitió controlar mejor su estado de salud, pasar más tiempo juntos y, en algunos casos, reforzar el vínculo entre gato y dueño. La adaptación tampoco necesitó necesariamente largos periodos: según los resultados, la mitad de los gatos se acostumbró a su nueva vida en cuestión de semanas, mientras que los ejemplares jóvenes tendieron a hacerlo más rápidamente.
Esto no significa que el proceso esté libre de problemas. Algunos animales maullaban más de lo habitual, arañaban puertas y ventanas o parecían frustrados durante las primeras etapas. También surgieron preocupaciones sobre el aumento de peso, la limpieza de los areneros y la necesidad de proporcionar suficientes estímulos para evitar que el gato se aburriera.
Juegos, rascadores y lugares para trepar
Para facilitar el cambio, los investigadores recomiendan adaptar el hogar a las necesidades del animal. Proporcionar espacios elevados para trepar, rascadores, juguetes y oportunidades frecuentes de juego puede reducir la frustración y favorecer una transición más rápida. “Nuestra investigación demuestra que los dueños a menudo necesitan la seguridad de que los comportamientos que observan durante la transición son temporales”, señala Susan Hazel, de la Universidad de Adelaida.
El cambio también tiene consecuencias económicas. Que el gato esté permanentemente dentro de casa puede aumentar determinados gastos, como los relacionados con la arena, la alimentación o las modificaciones necesarias en la vivienda. Sin embargo, el estudio apunta a que estos costes pueden compensarse con una reducción de los gastos veterinarios a largo plazo, ya que disminuye la exposición del animal a lesiones y otros problemas asociados con deambular libremente.
La transición, además, no siempre es una decisión planificada. Más de un tercio de los propietarios tuvo poco ningún tiempo o no tuvo tiempo para prepararse, ya que el cambio estuvo provocado en muchos casos por lesiones, enfermedades o mudanzas. Pese a ello, la experiencia de la mayoría terminó siendo positiva, incluso entre los que inicialmente se sentían culpables por restringir la libertad de su mascota o temían que vivir permanentemente dentro de casa pudiera hacerla infeliz.