Esta película tiene 127 años, pero hizo historia: mostró por primera vez a un “robot” en pantalla
Bill McFarland estaba revisando un baúl lleno de rollos de películas antiguas que habían pertenecido a su bisabuelo, un hombre que por el día era agricultor y maestro en una escuela de Pensilvania pero que, por la noche, salía a recorrer pueblos con un proyector para enseñar algunas de las primeras películas de la historia. El otoño pasado, McFarland llevó aquella colección al Centro Nacional de Conservación Audiovisual de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
“Era simplemente un baúl lleno de películas que parecían demasiado buenas para tirarlas, pero no tenía ni idea de qué eran ni cómo proyectarlas”, declaró entonces McFarland a la AFP. Lo que no podía imaginar es que entre todos esos rollos viejos y deteriorados se encontraba una auténtica joya de la historia del cine: una copia de Gugusse y el autómata, película muda del cineasta francés George Méliès que llevaba años desaparecida.
“El cortometraje de 45 segundos, realizado alrededor de 1897, fue la primera aparición en película de lo que podría llamarse un robot, lo que lo convirtió en un objeto de culto para generaciones de aficionados a la ciencia ficción, aunque solo lo conocieran de oídas. Nadie lo había visto en probablemente más de un siglo”, explica la Biblioteca del Congreso en un comunicado.
La pequeña historia de un mago y un autómata
Gugusse y el autómata es un cortometraje de una sola toma y un solo rollo filmado que comienza frente a lo que parece ser un taller donde se fabrican autómatas. En escena vemos a un mago (el propio Méliès) dando cuerda a un autómata vestido como el famoso payaso Pierrot. El payaso comienza a golpear al mago con su bastón, el cual responde con otro golpe al “robot”. Con cada golpe, este se encoge por la mitad, hasta convertirlo en un pequeño muñeco.
El rollo de película que McFarland donó a la biblioteca es una copia con al menos tres desviaciones respecto al material original. Los técnicos dedicaron más de una semana a escanearla y estabilizarla en formato digital, de modo que ahora cualquiera puede volver a ver una de las primeras creaciones cinematográficas de la historia.
El hallazgo, realizado el pasado mes de septiembre, se ha anunciado ahora públicamente. “Es una pequeña pero importante aportación al legado del cine mundial y de uno de sus fundadores”, apunta la biblioteca, haciendo referencia a Méliès, ilusionista y cineasta francés que cambió para siempre este arte y que dejó a su paso obras tan emblemáticas como Viaje a la Luna (1902).
McFarland no solo encontró las películas de su bisabuelo, sino también sus diarios, donde reflejó sus años como artista ambulante. “Habla de salas llenas, de locales alborotados, de espectáculos cancelados, y llegó hasta la frontera entre Pensilvania y Maryland. Llegaba a ganar hasta 20 dólares por noche, según veo en sus registros, aunque a veces ganaba 1,35 dólares por noche”, compartió.