Calaceite, el pueblo de Teruel donde se cruzan historia, literatura y cultura ibérica
Calaceite es un pueblo especialmente bonito, de eso no hay duda, pero es cierto que en la comarca del Matarraña, en Teruel, hay muchos otros pueblos bonitos, así que su belleza no lo hace tan especial estando donde está. Sin embargo, Calaceite juega en varias ligas a la vez. Conserva uno de los conjuntos históricos más interesantes de la comarca, con calles empedradas, plazas porticadas y casas señoriales que hablan de siglos de prosperidad ligados al comercio y al aceite de oliva, pero este municipio esconde mucho más que una cara bonita.
Cuando caminamos por sus calles, basta con recorrer la Plaza de España, asomarse a la Placeta de la Lonja o avanzar por la calle Maella para entender por qué está considerado uno de los pueblos más llamativos de Aragón, y por qué pertenece a la asociación de Los Pueblos más Bonitos de España. A cada paso aparecen fachadas de piedra, balcones de forja, antiguos portales de la muralla convertidos en capillas y rincones que conservan intacto el carácter de una villa que ha sabido crecer sin perder su identidad.
Pero como verás, Calaceite es mucho más que un casco histórico bien conservado. Aquí nació el arqueólogo Juan Cabré, una figura clave para entender la prehistoria y la cultura ibérica de la zona. También fue refugio de escritores y artistas durante la segunda mitad del siglo XX, hasta el punto de que por sus calles pasaron nombres tan conocidos como José Donoso, Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa. Y a apenas un kilómetro del pueblo, entre campos de olivos, el poblado ibérico de San Antonio recuerda que la historia de este rincón del Matarraña comenzó mucho antes de la Edad Media.
Un paseo por uno de los cascos históricos más bellos del Matarraña
Si hay un lugar por el que conviene empezar la visita es la Plaza de España. Es el auténtico centro de la vida local y uno de los espacios que mejor explican la historia de Calaceite. Construida en el siglo XVI, está rodeada de soportales, pasos cubiertos y fachadas de piedra que reflejan la importancia que tuvo la localidad durante siglos.
Presidiendo la plaza se encuentra el Ayuntamiento, levantado a comienzos del siglo XVII y considerado uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil renacentista de la comarca. Bajo sus arcos se situaron antiguamente el mercado, la cárcel y algunos de los espacios donde se desarrollaba la vida pública de la villa.
Y allí al lado, a pocos pasos, aparece la Placeta de la Lonja, una pequeña plaza a la que se accede atravesando los arcos del Ayuntamiento. Rodeada de edificios de los siglos XVII y XVIII, constituye uno de los rincones más representativos del casco histórico, y además uno de los más tranquilos.
La calle Maella y los rincones que explican el carácter de Calaceite
La calle Maella es una de las más representativas de Calaceite. A lo largo de su recorrido se suceden casas señoriales, fachadas de piedra, escudos nobiliarios y balcones de forja que reflejan la prosperidad que vivió la localidad entre los siglos XVIII y XIX.
Entre todos los edificios destaca la Casa Moix, reconocible por su gran balconada en esquina sostenida por ménsulas decoradas. Su singularidad fue tal que la fachada se reprodujo en el Pueblo Español de Barcelona con motivo de la Exposición Internacional de 1929. También merece atención la Casa de la Justicia, uno de los edificios más antiguos del municipio.
Más allá de los monumentos concretos, buena parte del atractivo de Calaceite está en su propio trazado urbano. Las calles ascienden y descienden adaptándose al relieve sobre el que se levantó la villa y conectan pequeñas plazas, pasadizos y edificios históricos que aparecen de forma constante durante el recorrido.
Los portales que dejaron de defender la villa para convertirse en capillas
Uno de los elementos más curiosos de Calaceite son los portales-capilla, una solución arquitectónica muy característica del Matarraña. Antiguas puertas de la muralla medieval terminaron transformándose en espacios religiosos cuando las necesidades defensivas desaparecieron.
El mejor ejemplo es el Portal-Capilla de San Antonio, conocido también como Portal de Orta por ser el acceso desde la vecina localidad catalana de Horta de Sant Joan. Sobre la antigua puerta se construyó en el siglo XVIII una capilla barroca que todavía hoy mantiene algunas celebraciones tradicionales.
Algo parecido ocurrió con el Portal-Capilla de la Virgen del Pilar, situado al final de la calle Maella. Esta antigua entrada de la muralla conserva la estructura original del portal y la capilla añadida posteriormente. Juntos recuerdan cómo era la villa amurallada de Calaceite y la evolución que experimentó con el paso de los siglos.
La gran iglesia barroca que domina el perfil del pueblo
La Iglesia de la Asunción es el edificio más monumental de Calaceite y una de las obras barrocas más importantes de toda la comarca. Su construcción comenzó a finales del siglo XVII sobre el emplazamiento de una antigua iglesia gótica y fue consagrada en 1710.
La fachada principal concentra buena parte de los elementos más destacados del templo, con columnas salomónicas, abundante decoración barroca y los grandes clavos de forja de sus puertas. También destaca la torre campanario, cuya construcción quedó inacabada.
En el interior, las tres naves tienen la misma altura, algo que sin duda ayuda a aumentar la sensación de amplitud. Muy cerca se encuentra la Capilla de San Roque, documentada desde el siglo XVI y vinculada históricamente al antiguo hospital de la localidad.
El pueblo que se convirtió en refugio del boom latinoamericano
Pocas personas esperan encontrar en un pequeño pueblo del Matarraña una historia relacionada con algunos de los escritores más importantes de la literatura en español del siglo XX. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió en Calaceite.
Durante la década de 1970, el escritor chileno José Donoso se instaló aquí junto a su familia y convirtió la localidad en un lugar de encuentro para autores e intelectuales. Por el pueblo pasaron figuras como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Carlos Fuentes, atraídas por la tranquilidad y el ambiente cultural que se había generado en torno a Donoso.
Esa tradición artística sigue formando parte de la identidad local. La Plaza de los Artistas, inaugurada en 1999, recuerda la presencia de escritores, pintores e investigadores que encontraron en Calaceite un lugar donde residir o trabajar durante distintas etapas de sus vidas.
De Juan Cabré a los íberos: un viaje a los orígenes del Matarraña
La importancia cultural de Calaceite también está ligada a la arqueología. Aquí nació Juan Cabré, una de las figuras más destacadas de la arqueología española y uno de los investigadores que contribuyeron a dar a conocer el patrimonio prehistórico e ibérico de la zona.
El museo Juan Cabré, dedicado a su figura, permite conocer mejor tanto su trabajo como la historia del territorio. Pero la mejor forma de entender esa herencia es acercarse hasta el poblado ibérico de San Antonio, situado a poco más de un kilómetro del casco urbano.
Las excavaciones iniciadas a comienzos del siglo XX permitieron documentar un asentamiento ocupado entre los siglos V y II a. C. Todavía pueden observarse restos de viviendas, estructuras defensivas y parte del urbanismo de un enclave que dominaba visualmente buena parte del territorio circundante.
Olivos centenarios, miradores y excursiones alrededor de Calaceite
Aunque el casco histórico concentra gran parte de los atractivos de la localidad, merece la pena reservar algo de tiempo para conocer el entorno. Los olivares forman parte inseparable del paisaje y de la economía local desde hace siglos. Un buen ejemplo lo encontramos en la Olivera del Suavo, todo un monumento vivo al que se le calculan más de 800 años de edad.
Otro lugar imprescindible es la ermita de San Cristóbal, situada sobre una elevación desde la que se obtiene una amplia panorámica del Matarraña. El edificio actual fue construido en el siglo XVIII, aunque la devoción al santo está documentada desde mucho antes.
Desde este punto, elevado y con vistas, pueden contemplarse los campos de olivos, varias localidades de la comarca y las montañas de los Puertos de Beceite. Un broche perfecto para una visita que va mucho más allá de un casco histórico bonito, y que nos lleva a descubrir uno de los pueblos con más personalidad de toda la comarca.