Un piloto y 83 espectadores muertos: el peor accidente en la historia del automovilismo tuvo lugar en Le Mans
“Un tramo de 300 metros cuadrados de gente alegre y vitoreando se transformó en un horror negro e histérico”. Así describió la revista Time en su número de junio de 1955 el terrible accidente que tuvo lugar en las 24 Horas de Le Mans después de que los restos en llamas del Mercedes conducido por el francés Pierre Levegh llegaran hasta la grada en la que estaba el público.
El mayor accidente de la historia del automovilismo terminó con la muerte del piloto y de 83 espectadores. “El borde de la carretera se convirtió en un caos, con los heridos tratando de escapar y los ilesos avanzando para ver más. Pasó media hora antes de que todas las ambulancias de la ciudad comenzaran a evacuar a los afectados”, describió la revista estadounidense entonces.
En los años 50, los pilotos practicaban este deporte con unas normas de seguridad muy deficientes. Los coches ni siquiera llevaban cinturón porque los conductores decían que era peligroso estar atado en caso de incendio. Los accidentes eran, como podemos suponer, frecuentes y, sobre todo, graves. Apenas unos días antes de esto, el doble campeón del mundo Alberto Ascari había muerto en Monza.
El día del accidente
El 11 de junio de 1955, más de 250.000 personas se habían reunido en el circuito de la Sarthe para disfrutar de un nuevo duelo entre Mercedes, los que dominaban la competición en ese momento, y Jaguar, sus rivales ingleses. Entre los pilotos protagonistas del torneo estaban Juan Manuel Fangio (Mercedes) y Mike Hawthorn (Jaguar).
Al final de las dos primeras horas, el británico Hawthorn lideraba la carrera con claridad tras haber completado un total de 28 vueltas. Este estaba a punto de entrar a boxes para repostar cuando recibió una señal de su equipo de mecánicos. El piloto frenó su Jaguar y giró a la derecha hacia boxes, pero el daño ya estaba hecho.
Detrás de él, el británico Lance Macklin, en un Austin-Healey, se vio sorprendido, pero frenó bruscamente y consiguió girar a la izquierda. Detrás de él estaba el Mercedes de Pierre Levegh, que avanzaba a 240 kilómetros por hora. Levegh levantó el brazo para avisar a su compañero Juan Fangio, que se encontraba unos metros por detrás, para que redujera la velocidad. Fue su último gesto.
El coche de Levegh chocó contra la parte trasera del Austin-Healey de Macklin y empezó a girar hasta estrellarse contra uno de los muros de contención del circuito. El piloto salió despedido de su coche y murió tras el impacto, arrollando a varias de las personas que había en la grada. Por increíble que parezca, la organización no suspendió la carrera, aunque Mercedes retiró a sus pilotos como muestra de respeto.