Polaroid desmintió el hit de OutKast: agitar la foto no solo no ayuda, la daña

Agitar una foto recién salida de una cámara Polaroid es un gesto automático para mucha gente, aunque hoy carece de utilidad. Algunos lo hacen con entusiasmo, otros por pura costumbre, sin saber que ese movimiento puede arruinar el resultado. La imagen no necesita secarse, ni ventilarse, ni airearse. De hecho, ese vaivén puede causar manchas o burbujas que estropean la foto. Todo empezó con una canción de 2003 que transformó un error común en una costumbre global.

El verso shake it like a Polaroid picture de Hey Ya! sirvió como gancho comercial y empujó a Polaroid a subirse al tren del momento. El dúo OutKast convirtió aquella frase en un himno pegajoso, coreado en todo tipo de fiestas, eventos y programas. La empresa, que atravesaba un periodo delicado en plena expansión de las cámaras digitales, vio una oportunidad.

Polaroid decidió subirse al carro sin anunciarlo de forma explícita. Lo hizo a través de la agencia Euro RSCG y organizó  de fiestas privadas en las que repartió sus cámaras más recientes entre famosos y figuras públicas que asistían a eventos encabezados por OutKast. Durante los conciertos, el grupo subía al escenario con las cámaras en la mano, las usaba y dejaba que la letra hiciera el resto. 

Muchos de los asistentes agitaban las fotos sin pensar demasiado en el porqué, repitiendo un gesto que, al menos en las versiones modernas del producto, carece por completo de sentido práctico.

No había logotipos visibles ni menciones explícitas, solo el efecto visual de una cámara que escupía una imagen mientras el público gritaba el estribillo, algo que ocurre en el videoclip de la canción. Ese detalle fue suficiente para que se generase una ola de interés espontáneo, que sirvió para revitalizar, al menos durante un tiempo, la imagen de la marca.

Lo curioso del asunto es que agitar las fotos jamás fue una necesidad con los modelos posteriores al SX-70. Según explicaba el sitio web de la propia compañía, ya eliminado, “la imagen se desarrolla y seca detrás de una ventana de plástico transparente y nunca entra en contacto con el aire, por lo que agitarla o abanicarla no tiene ningún efecto”.

Esa estructura sellada de capas químicas impide que el aire interfiera en el proceso. Por el contrario, si se mueve demasiado durante los primeros segundos, existe riesgo de que el color no se fije del todo bien o incluso de que aparezcan deformaciones.

El origen del gesto sí tenía una razón válida, aunque aplicaba solo a los modelos antiguos que utilizaban película de tipo packfilm. Aquellas versiones requerían separar manualmente el negativo y el positivo. Como explicaba la empresa en una entrada archivada, “las versiones de película despegable necesitaban secarse antes de poder manipularse, así que abanicar la foto ayudaba a que se secara más rápido”.

En ese contexto, el movimiento tenía sentido. Pero con la llegada del sistema integral, todo el proceso quedó encapsulado dentro del cartucho. Desde entonces, el desarrollo ocurre de forma automática, sin intervención externa.

A pesar de este cambio, la costumbre se mantuvo por inercia. Aunque el diseño evolucionó y ya no era necesario hacer nada más tras obtener la imagen, la gente siguió agitando las fotos como si eso acelerara el proceso.

Las instrucciones actuales son claras: lo mejor es colocar la foto boca abajo, en una superficie plana y en un lugar con poca luz, y dejar que haga su trabajo sin interferencias.

A pesar del impulso generado por la canción, el efecto comercial no logró sostener la empresa durante mucho tiempo. Polaroid volvió a declararse en bancarrota en 2008, siete años después de su primer colapso financiero. La marca fue reestructurada y rebautizada como Polaroid Corporation, aunque mantuvo su producción de cámaras instantáneas. Hoy en día, las imágenes siguen saliendo por la ranura con ese mismo sonido reconocible y hay quien sigue agitándolas, aunque no tenga sentido hacerlo.