Fue uno de los primeros ejemplares de reloj nocturno elaborado en Europa y salvó las noches de Felipe II

El reloj siempre fue considerado un signo de poder en la corte y los monarcas se encargaron de llenarla de ejemplares únicos, que casi pasaban por obras de arte en miniatura. Ese fue uno de los empeños de reyes españoles como Felipe II, Felipe V, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV, Fernando VII y también de su hija Isabel II. 

De hecho, Patrimonio Nacional conserva un conjunto de 740 relojes distribuidos por los Reales Sitios. Sin embargo, de la cantidad de ejemplares que se acumularon, llama la atención por encima de todos el Reloj de custodia con candil, obra del relojero flamenco Hans de Evalo, datado en 1583 y considerado el más antiguo de las Colecciones Reales. Un artilugio del que Felipe II no se separaba y que le era de lo más útil. 

Evalo tampoco fue cualquiera en la corte. Fue nombrado relojero del monarca el 18 de enero de 1580, según consta en un certificado de Ramiro de Zavalza, secretario y grefier de Felipe II. Puesto que desempeñó hasta su fallecimiento. En ese tiempo, fabricó varios ejemplares. 

Un reloj nocturno

El Reloj de custodia con candil fue obra del prestigioso relojero flamenco. Se trata de un reloj de sobremesa cuyo nombre (de custodia) deriva de su aspecto, porque, en la parte superior, al estar sustentada por una figura femenina que hace de vástago, ofrece la forma general que recuerda al viril de este objeto religioso. 

Se considera casi una obra de arte en miniatura, porque el maestro flamenco lo construyó en bronce dorado y lo dotó de una sola aguja de acero. Pero destaca no solo por su diseño, sino por su utilidad. De acuerdo con la Galería de Colecciones Reales, se trata de uno de los primeros ejemplares de reloj nocturno elaborado en toda Europa. Su firma no deja lugar a dudas y está tallada en la misma pieza, con una cartela con la inscripción “Hans de Evalo, F. En Madrid 1583”.

A falta de luz, este reloj de candil se iluminaba y lo hacía de una forma curiosa: en la parte baja, sobresalía una pieza abatible con forma de cabeza de león, que, al levantarse, permitía la salida de un candil que ilumina la esfera. ¿Pero cómo lo hacía? Un depósito de aceite, situado alrededor de la máquina, alimenta la mecha. 

De acuerdo con los historiadores del museo, este artilugio fue muy útil para Felipe II porque trabajaba hasta bien entrada la noche y este tipo de reloj le permitía continuar con su rutina diaria pese a la oscuridad. Además, el monarca estaba muy interesado en controlar el tiempo de día y de noche. De ahí, que se sospeche que colocó este reloj cerca de su cama, una forma de conocer la hora en cualquier momento. Casi un inseparable. 

Actualmente, el Reloj de custodia con candil, considerado como uno de los primeros ejemplares de reloj nocturno elaborado en toda Europa y el más antiguo de las Colecciones Reales, se exhibe de forma permanente en el ámbito dedicado a Felipe II en el propio museo. 

Relojes en la corte 

Fernando VII e Isabel II, entre otros, siguieron la estela de Felipe II. Tras la invasión napoleónica, el monarca adquirió relojes de escuela francesa con cajas fabricadas sobre todo en bronce dorado y pavonado, que respondían a los estilos que triunfaban en Francia. En aquel momento, la corte española contaba con cuatro relojeros de cámara en plantilla. Un ejemplo del interés de los soberanos por estas piezas. 

Su hija Isabel II no se quedó atrás. La reina también mantuvo este interés por la relojería gala, aunque amplió miras y también eligió relojes elaborados en Inglaterra, unos ejemplares que agrandaron aún más la colección de los monarcas.