El Borbón que le disparaba a todo: Fernando VI mataba diez animales al día de media durante su reinado
La afición a la caza de los Borbones ha dejado un rastro documental que, siglos después, resulta ser una valiosa fuente de información para los científicos. En un estudio publicado en el European Journal of Wildlife Research, el investigador independiente Juan Jiménez y Miguel Clavero, del CSIC, detallan los datos encontrados en el Asiento de Caza, un manuscrito conservado en el Palacio Real que describe meticulosamente las capturas del rey Fernando VI entre 1745 y 1755.
En esos 11 años, que incluyen la mayor parte de su reinado, el monarca abatió 38.701 animales de 62 especies diferentes, con una media de unas diez muertes cada día. Los registros muestran que el rey acudía a cazar casi el 75% de los días del año y, en las jornadas dedicadas a especies concretas, llegaba a matar una media de 37 palomas, 15 conejos, 12 codornices, cuatro gamos, dos ciervos y dos lobos.
Yo encontré este documento. Estaba buscando datos de cacerías reales antiguas y me topé con esta joya en los archivos del Palacio Real
“Yo encontré este documento”, relata Jiménez a elDiario.es. “Estaba buscando datos de cacerías reales antiguas, porque los biólogos naturalistas tenemos una visión muy pobre sobre la biodiversidad del pasado, y me topé con esta joya en los archivos del Palacio Real”. “La relevancia del trabajo es que podemos sacar mucha información sobre biodiversidad del pasado a partir de los registros de estas cacerías”, añade Clavero. “Y también nos muestra que el rey era un cazador que prácticamente le tiraba a todo lo que se movía”.
“Muertas a mano del rey”
El monarca cazaba en Madrid y alrededores la mayor parte del año, principalmente en El Pardo, pero también en la Casa de Campo y El Retiro. En primavera y otoño se movía a Aranjuez y El Escorial, y en cada uno de estos Sitios Reales cazaba casi cada día. “Utilizaba armas de avancarga, que son las que se cargaban por delante”, explica Jiménez. “Esto es muy trabajoso, con lo que imagino que un grupo de armeros le estaría cargando continuamente las armas”. La ayuda explicaría estas cifras impresionantes para un solo cazador que, según los documentos, eran “piezas muertas de mano del rey”. La afirmación cuadra con lo hallado en otros inventarios, como el de Carlos IV, donde se especifica lo que caza el rey y lo que cazan sus invitados, que suele ser mucho menos.
La mayoría de las piezas abatidas por Fernando VI (más del 87%) eran de caza menor: conejo europeo, perdiz roja, liebre ibérica, palomas y codornices. Los 15.021 conejos del registro constituyen casi el 40% de los individuos cazados, seguidos de liebres y perdices. “Esto suma muchísimos individuos”, subraya Clavero. “Cuando está matando palomas, principalmente en el Retiro, mata muchísimas, y las cifras de conejos también son impresionantes”.
Esta fijación diaria de Fernando VI por apretar el gatillo era de dominio público, hasta el punto de inspirar la cultura política de la época. Tal como refleja el histórico romance valenciano “El cazador más sabio”, publicado durante su reinado, la caza era su afición más característica y servía como alegoría para educarle en labores de Estado. “Es la caza un ejercicio digno de un Rey, pues sabemos que si para el cuerpo es gusto, para el alma documento”, dice el romance.
Muchos lobos y ausencia de linces
Según el Asiento de Caza, dentro de la caza mayor, el monarca abatió 1.354 gamos, 605 jabalíes y 492 ciervos durante los 11 años registrados. En cuanto a los carnívoros, el manuscrito documenta la muerte de 555 zorros y 331 lobos, además de hacer mención a la captura de dos únicos felinos (probablemente gatos monteses). Estos datos constatan la enorme presión a la que se sometía a las especies de mayor tamaño en los Sitios Reales, con promedios diarios muy elevados en las jornadas específicas.
Llama la atención la cantidad de lobos. Cada día que va a matar lobos mata una media de dos individuos
“Llama la atención la cantidad de lobos”, dice Clavero. “Cada día que va a matar lobos mata una media de dos individuos”. Por otro lado, Juan Jiménez encuentra reveladora la total ausencia de presas como el lince ibérico. “Nos extrañó muchísimo que no hay un solo dato de lince”, observa. “Otra especie sorprendente es el corzo. No hay ni un solo corzo en todos los sitios”. Para los biólogos, esto sugiere que ambas especies escaseaban hace casi trescientos años.
Jiménez también ha encontrado un documento con los registros de las cazas de “alimañas” en el monte de El Pardo durante el siglo XVIII, que detalla los pagos sistemáticos realizados a los guardas y “zorreros” encargados de eliminar depredadores para proteger las piezas de caza del rey. El investigador describe estos documentos como la prueba de una matanza “absolutamente descomunal”, ya que ha contabilizado pagos por más de 300.000 animales abatidos en un periodo de menos de 30 años. Se cuentan por miles especies como zorros, garduñas, tejones, nutrias, hurones, turones y gatos monteses. Y tampoco aparece registrado ni un solo lince ibérico.
Miguel Clavero considera muy llamativo que no se observen desapariciones de especies (como zorros, lobos o córvidos) a pesar de la “escabechina” y la enorme presión de caza de la época. Aunque los Sitios Reales funcionaron históricamente como espacios protegidos, debido a que solo cazaba el rey y el resto del territorio circundante estaba sobreexplotado, Clavero cree que si hubieran sido los únicos refugios de conservación, muchas especies habrían desaparecido por la altísima cantidad de muertes. En su opinión, debieron existir áreas naturales adyacentes, o de más difícil acceso, que proporcionaron un flujo constante de animales y explicaría que no se extinguieran.
Los reyes más cazadores
Aunque no se han hallado registros tan amplios de otros monarcas, Juan Jiménez ha localizado en los archivos históricos datos de cacerías concretas de otros Borbones, en periodos de un solo año o un día. Estos números muestran que Fernando VI no lidera el ranking histórico de los reyes españoles más letales con la escopeta. El más activo fue su sobrino, Carlos IV, conocido popularmente como “el cazador”, que llegó a matar a 8.773 animales salvajes en un solo año, 1793, con una media de 24 piezas diarias. Le sigue en esta clasificación Alfonso XIII, quien a principios del siglo XX tenía números muy similares a los de Carlos IV y protagonizó una cacería en la madrileña Casa de Campo en 1922 donde derribó 1.003 piezas en un solo día.
El ranking de los Borbones cazadores: piezas cazadas al día (media)
3.518 al año, media basada en el total de 38.701 muertes documentadas en 11 años
Muertes registradas el 18 de noviembre de 1786. No hay datos anuales exactos registrados
Considerando los totales anuales de 1793 (8.773) y 1805 (7.356)
Según los datos anuales disponibles (entre 7.000 y 8.700)
Fernando VI
1746-1759
Carlos III
1759-1788
Carlos IV
1788-1808
Alfonso XIII
1902-1931
Fuente: Jiménez y Clavero, 2026
El ranking de los Borbones cazadores: piezas cazadas al día (media)
3.518 al año, media basada en el total de 38.701 muertes documentadas en 11 años
Muertes registradas el 18 de noviembre de 1786. No hay datos anuales exactos registrados
Considerando los totales anuales de 1793 (8.773) y 1805 (7.356)
Según los datos anuales disponibles (entre 7.000 y 8.700)
Fernando VI
1746-1759
Carlos III
1759-1788
Carlos IV
1788-1808
Alfonso XIII
1902-1931
Fuente: Jiménez y Clavero, 2026
El sucesor y hermanastro de Fernando VI, Carlos III, también fue un cazador muy activo que se echaba al monte casi a diario. Aunque no existe un cómputo anual exacto de su reinado, los archivos revelan el alcance masivo de sus jornadas: en un solo día, el 18 de noviembre de 1786, abatió 145 ciervos y gamos además de dos jabalíes, auxiliado por sus tres hijos y un batallón de unos 2.000 operarios. Frente a ellos, el promedio de algo más de 3.500 animales anuales abatidos por Fernando VI lo sitúa por debajo de sus sucesores en esta estadística, si bien la minuciosidad y antigüedad de su diario de caza es lo que ahora está ayudando a los ecólogos.
Según Jiménez, la afición de los Borbones por la caza se remonta a Luis XIV, rey de Francia, quien aconsejó a sus descendientes la práctica de la caza para combatir la hipocondría, considerada como hereditaria en su dinastía; consejo que siguió su nieto Felipe de Anjou en sus años mozos en Francia y amplió al ocupar el trono de España como Felipe V y a sus sucesores hasta Fernando VII (1808-1833), el único que interrumpió la tradición. “Después, Alfonso XII y Alfonso XIII también fueron muy cazadores”, comenta Jiménez. “El rey emérito [Juan Carlos I] también lo fue, pero parece que ya se ha perdido la tradición”.
Más allá de la anécdota histórica, los investigadores proponen en su estudio que estos archivos son piezas fundamentales para la “ecología histórica”. Conocer los pasatiempos de Fernando VI, Carlos IV o Alfonso XIII, proponen, permite reconstruir los estados ecosistémicos de hace casi tres siglos, una época previa a las grandes alteraciones provocadas en los siglos XX y XXI. “Esto produce un sesgo evidente, porque conocemos con detalle lo que cazaron algunos reyes, pero nadie tiene ni idea de lo que cazaba el pueblo llano, porque nadie lo apuntaba y también podría ser muy significativo”, advierte Jiménez. Y, a fin de cuentas —concluye—, que a una especie la persiga un rey o los ciudadanos de a pie, “a la naturaleza le da igual”.
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