La terrible historia de Ota Benga, el joven que fue exhibido en un zoo de Estados Unidos como si fuera un animal

Laura Cuesta

24 de marzo de 2026 09:00 h

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“Hombre del bosque comparte jaula con simios en el Parque Bronx”. Así tituló el New York Times la noticia que publicó 9 de septiembre de 1906, en la que por primera vez el diario estadounidense se hacía eco de la historia de Ota Benga, el hombre que fue exhibido dentro de una jaula de un zoológico de Estados Unidos como si de un animal se tratase.

Esta historia empieza en 1883, cuando el chico nació en lo que hoy es la República Democrática del Congo. En 1904, Samuel Phillips Warner fue enviado a África para adquirir “un lote de pigmeos” y convertirlos en uno de los atractivos de la Exposición Universal de St. Louis. Así, Warner compró a nueve personas entre las que estaba Benga, y todos fueron llevados a Estados Unidos. 

La exposición se extendió durante varios meses, en los que Benga y sus compañeros fueron exhibidos en un recinto que recreaba lo que pretendía ser una aldea africana. Los visitantes podían observar a los chicos en su “hábitat natural”, aunque el trasfondo de aquello no era más que una validación de las teorías racistas que imperaban en la época. 

Los batwa del Congo eran descritos como el “eslabón más bajo de la humanidad”, una idea que intentaba demostrar la “superioridad de la raza blanca”. Cuando acabó la exposición, Benga se quedó en Estados Unidos, y viajó a Nueva York junto a Warner. Allí llamó la atención de William Hornaday, director del zoológico del Bronx de Nueva York, que pensó que era una buena idea meter al chico en una jaula y exhibirlo al público.

Hornaday organizó la exhibición en la Casa de los Monos, donde Ota Benga convivió durante 20 días con un chimpancé y otros primates. Líderes religiosos, como el reverendo James H. Gordon, denunciaron el trato inhumano y organizaron protestas frente al zoológico. Finalmente el joven consiguió salir de allí, pero en 1916, decidió quitarse la vida. 

Más de cien años de mentiras

El suicidio de Ota Benga volvió a poner al zoológico neoyorquino en el punto de mira de las organizaciones antirracistas de la época, al que culparon de ser responsable del deterioro psicológico del joven. Entonces el parque optó por encubrir los hechos. En 1974, William Bridges, curador del zoológico, declaró que no era posible saber con certeza lo que había ocurrido.

“Que estuvo encerrado en una jaula vacía para que lo mirasen durante ciertas horas parece improbable. A esta distancia en el tiempo, eso es todo lo que se puede decir con certeza, excepto que todo se hizo con las mejores intenciones, ya que Ota Benga era interesante para el público de Nueva York”, escribió en su libro La reunión de animales.

Estas narrativas falsas siguieron circulando por el mundo y no fue hasta 2020 cuando la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, institución que maneja actualmente el zoo, compartió algo parecido a una disculpa. “Lamentamos profundamente que muchas personas y generaciones se hayan visto perjudicadas por estas acciones o por nuestra incapacidad para condenarlas y denunciarlas públicamente con anterioridad”, dijo su presidente Cristian Samper.