A Juan Ramón Jiménez la muerte de su padre le pilló por sorpresa en 1900 y eso le desató recurrentes crisis nerviosas y un miedo profundo a morir. Encontraría calma, paz y refugio en Fuentepiña, en la casa de veraneo de la familia, en Moguer (Huelva), donde había nacido en 1881.
Fuentepiña no sería solo un lugar de descanso y reencuentro consigo mismo, sino que también marcaría un momento fundamental en su carrera al inspirar su obra más universal y una de las principales de la lírica española en el siglo XX, ‘Platero y yo’, que recientemente se ha tenido que despedir de uno de sus iconos, el pino junto a la casa de veraneo, donde estaba enterrado ‘Platero’, el amigo fiel del escritor en uno de sus momentos más complicados.
El triste final del pino donde Juan Ramón Jiménez enterró a Platero
‘Platero y yo’ fue una de las principales obras de Juan Ramón Jiménez, galardonado con el Premio Nobel de la Literatura en 1965, publicada íntegra con sus 138 capítulos en 1917, había visto la luz tres años antes con gran parte de sus estampas, en concreto 63 episodios, en lo que fue una edición especial para niños, aunque se dirigía a todos los públicos.
En esta obra literaria uno de los pasajes más emocionantes es cuando al final los niños del pueblo visitan la tumba de ‘Platero’, el burro que se convirtió en la compañía de Juan Ramón Jiménez durante su estancia en Fuentepiña entre 1905 y 1910, y al que los más pequeños le traen grandes lirios amarillos en abril:
«Esta tarde he ido con los niños a visitar la sepultura de Platero, que está en el huerto de la Piña, al pie del pino redondo y paternal. En torno, abril había adornado la tierra húmeda de grandes lirios amarillos», escribe el autor onubense, que decidió que su querido amigo descansara sobre uno de sus lugares favoritos, como antes también menciona en la obra.
«Sabe Platero que, al llegar al pino de la Corona, me gusta acercarme a su tronco y acariciárselo, y mirar al cielo al través de su enorme y clara copa», cuenta en la reconocida obra mencionando al árbol de dos siglos de historia donde enterró a su fiel compañero y cuyo proceso de tala ha comenzado hace unos días por parte del Ayuntamiento de Moguer debido a los daños que sufrió por el paso de un tornado el pasado año, con lo que se pone fin a una historia de dos siglos, por lo que estaba protegido como Especie Singular por Medio Ambiente.
Los daños se han declarado como irreparables después de que el propio pino junto a la que fuera casa de veraneo de la familia Jiménez superara anteriormente otras complicaciones como un fuego que tuvo en los alrededores en 2017 cuando salvado gracias a los trabajos de los bomberos o el deterioro y abandono que sufrió la finca en los últimos años.
La esperanza que mantendría su legado y su vínculo a ‘Platero y yo’
El árbol ha sido uno de los símbolos de la cultura y del municipio de Moguer, en provincia de Huelva, siendo un lugar de referencia para los que querían ver una parte relevante en la obra de Juan Ramón Jiménez, por eso la tala se va a realizar “con el máximo respeto hacia su valor histórico, cultural y simbólico” según el ayuntamiento expresó a través de redes sociales.
De hecho, al pino de Fuentepiña se le va a dar una segunda vida gracias a un proyecto conjunto del consistorio y la Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez, que contempla tratar la madera con barniz y gasoil, y ensamblar las piezas en una estructura metálica para conservarlas en espacios dedicados a la memoria del Nobel.
Además, gracias a la labor previa de Antonio Ramírez Almanza, director de la mencionada Fundación, que plantó piñones del pino original, se va a plantar en su lugar un “pino hijo” certificado, con lo que se quiere continuar su historia y legado.