Un fin de semana en Huelva: los encantos de la gran desconocida de las capitales andaluzas
No es un destino habitual. Reconocemos que las tres veces que hemos pasado por las marismas del Odiel y la ciudad de Huelva ha sido como aves de paso. La primera como una incursión gastronómica desde el cercano Parque Nacional de Doñana atraídos por la fama nacional de las coquinas y frituras de pescado del Restaurante Azabache (Calle Vázquez López, 22), lo que dio a pie a un pequeño paseo de sobre mesa por el casco histórico de la ciudad antes de volver al entorno de las marismas más famosas de Europa. La segunda una incursión algo más grande tras varios días de playa en Mazagón. Pero apenas una mañana y una tarde tras otra incursión al Azabache. Y la tercera una escala de día y medio en ruta hacia el Algarve portugués que dio para ver con más profundidad la ciudad y hacer una incursión a los hitos colombinos de la costa onubense.
Colón. Por todos lados. La confluencia de los ríos Odiel y Rio Tinto (donde se encuentran las famosas minas) es uno de los mejores puertos naturales del sur de España y eso convirtió a la zona en un nudo de comunicaciones fundamental para el comercio desde tiempos anteriores a Roma. Se cree que la mítica Tartessos estuvo por aquí. En el Yacimiento Arqueológico del Cabezo de la Joya (San Sebastián, 9) puedes ver los restos de una necrópolis que se asocia a esta cultura desaparecida que muchos identifican con el mito de la Atlántida. La vieja Onuba fue un importante puerto tartésico y fenicio. La riqueza minera de esta parte de la Península Ibérica atrajo el interés de las grandes potencias del Mediterráneo que se asentaron aquí tras el colapso de la misteriosa Tartessos. Hay quien habla de un cataclismo. Un terremoto. Una inundación. El paralelismo con el mito de la Atlántida es cuanto menos curioso.
El centro de la actual Huelva muestra algunas de esas huellas del pasado remoto: la Domus Romana de la calle Vázquez López (número 5), los restos de viejos muros de la Plaza de las Monjas, los muros de la antigua muralla fenicia y el acueducto romano integrado en los muros del Edificio Tempa Moliere (Plácido Bañuelos), las viejas canalizaciones subterráneas, también romanas, de Fuente Vieja (. Manuel Siurot, 38), la Villa Romana del Cabezo de La Almagra y su centro de interpretación (Av de Andalucía, sn)… En el Museo de Huelva (Alameda Sundheim, 13) puedes hacer un viaje en el tiempo y rastrear los pasos de todas estas civilizaciones desde Tartessos hasta antes de ayer. Y descubrir que la ‘cenicienta’ de Andalucía sí que merece la pena.
Qué ver en el casco histórico de Huelva.- Una de las señas de identidad de Huelva es la mezcla de lo nuevo y lo viejo en un totum revolutum donde los grandes monumentos históricos quedan un tanto ocultos y opacados por un urbanismo un pelín pasado de rosca. Un buen ejemplo es lo que queda del Castillo del Cabezo (acceso a través de la Plaza de San Pedro), una estructura defensiva de origen árabe de la que quedan apenas unos muros y una torre integrados en una casona privada. Una pena. Para ir viendo los diferentes hitos históricos hay que ir dando saltos:
La Catedral de La Merced (Plaza de la Merced, sn) es el gran edificio religioso de Huelva y forma parte de un enorme complejo de edificios y claustros que datan de finales del siglo XVIII.
La Casa de Colón (Plaza del Punto, 6). Herencia directa de la bonanza económica de finales del siglo XIX que trajo la minería. Este palacete se construyó a finales del siglo XIX para dotar a la ciudad de un hotel de categoría que pudiera atender a los empresarios ingleses. Hoy es un bonito centro cultural.
El Palacio de los duques de Medina Sidonia (Palacio, 10).- Uno de los grandes hitos de la historia de la ciudad y también es el edificio de uso civil más antiguo aún en uso (data del siglo XV).
Las calles Berdigón y Martín Alonso Pinzón.- Son las grandes arterias comerciales del casco antiguo. Aquí puedes ver algunos restos de la vieja Huelva con casonas modernistas de principios del siglo XX. Otro hito comercial que merece la pena ir a verse es el Mercado del Carmen (Italia, 2), que es un verdadero espectáculo a primera hora de la mañana, cuando se vende el mejor pescado y marisco.
La huella inglesa.- Otra de las señas de identidad de la ciudad es su relación con el Reino Unido a través de la explotación de las Minas de Rio Tinto. Los yacimientos de mineral, sobre todo pirita (sulfuro de hierro) y calcopirita (sulfuro de hierro y cobre), se encuentran a más de 70 kilómetros tierra adentro pero la influencia de las empresas inglesas en la ciudad se deja sentir en símbolos como el Muelle de la Compañía Río Tinto (Puente Muelle Levante, sn), una impresionante estructura de hierro forjado construida para llevar el material a los barcos a través de una línea férrea, y el Barrio Reina Victoria (Plaza de España), un bonito barrio de pequeños chalets y jardines construido por los ingleses para sus trabajadores. Y después está el Recre. El Recreativo de Huelva, club de la ciudad, fue el primero de los equipos de fútbol fundados en España. Y también lo hicieron los ingleses.
Moguer, la cuna de Platero.- Pueblito de casas blancas situado en los últimos retuertos del Río Tinto antes de formar junto al Odiel la Ría de Huelva. EL pueblo es muy bonito y su arquitectura tradicional se cuenta entre las mejor mimadas de toda la provincia. Los grandes monumentos de la localidad son el Castillo de Moguer (Castillo, 5), de origen romano pero reconstruido en época almohade; la Iglesia de Nuestra Señora de la Granada (Montemayor, sn), un magnífico templo de fábrica barroca, y, sobre todo, el Monasterio de Santa Clara (Plaza de las Monjas, 1). Este magnífico complejo monacal se fundó en el siglo XIV gracias al patronazgo del Almirantazgo Mayor de Castilla y desde entonces ha tenido una relación muy estrecha con la Armada española. Cristóbal Colón pasó por aquí en varias ocasiones. Aquí puedes ver uno de los mejores ejemplos de gótico mudéjar del sur de España y su iglesia cuenta con un catálogo de arte funerario muy digno de verse.
Más allá de su vinculación con la marina y las gestas descubridoras de los siglos XV y XVI, Moguer es famosa por ser la cuna de uno de los escritores más famosos de España. Juan Ramón Jiménez nació en la casa del número 2 de la Calle Ribera en una casona que hoy funciona como centro cultural dedicado a la memoria del Premio Nobel de Literatura de 1956. Pero la huella del escritor está por toda la ciudad: en la Casa Museo Zenobia y Juan Ramón Jiménez (Juan Ramón Jiménez, 10); en el callejero; en la escultura del inmortal Platero en la Plaza del Cabildo (en frente del magnífico Ayuntamiento barroco del siglo XVIII). Platero y el descubrimiento. Juan Ramón y Cristóbal Colón.
La Rabita y el Muelle de las Carabelas.- El otro gran hito que nos encontramos en la margen oriental de la Ría de Huelva es el entorno de Palos de la Frontera. Este pueblo blanco y su puerto jugaron un papel fundamental en la expansión atlántica de España en los siglos XV, XVI y XVII siendo una de las bases recurrentes de las distintas flotas que se aventuraban por el Atlántico. Entre ellas destaca la que partió el 3 de agosto al mando de Cristóbal Colón. ¿Y por qué Palos? La respuesta está en el Monasterio de La Rábida (Paraje de La Rábida, sn). Este monumento histórico es importante por dos razones: la más obvia es que es un monumento artístico de gran valor (otro ejemplo de gótico mudéjar del siglo XIV). Y la otra es su papel en el descubrimiento de América.
Colón llegó a La Rábida en 1485 desde Lisboa. Y en esos muros encontró la comprensión y la ayuda de dos monjes versados en temas de geografía: fray Juan Pérez y fray Antonio de Marchena. Estos religiosos y científicos no sólo le prestaron ayuda con sus contactos y relaciones en la corte. También lo pusieron en contacto con marineros y capitanes de la zona. El monasterio hoy alberga un museo sobre la gesta colombina que completa la visita al Muelle de las Carabelas (Paraje de La Rábida, sn), un impresionante museo donde reposan las réplicas de las tres naves colombinas y un completo centro de interpretación sobre el viaje y la era de los descubrimientos.
Fotos bajo Licencia CC: Gert Mewes; Juan J. Velasco; Jose A.; Juanjo Marín; Diego López Román; Sergei Gussev; Sílvia Darnís
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