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The Guardian en español

“Pagamos para sentirnos seguras”: por qué las mujeres no caminan tanto como los hombres

Muchas mujeres prefieren pagar un taxi que volver solas a casa

Talia Shadwell

Cuando vivía en su pueblo natal en Indonesia, Vivi Restuviani intentaba volverse lo más invisible posible cuando salía de noche. “Si me veías por detrás, probablemente habrías pensado que era un chico”, dice.

Una noche, Restuviani estaba caminando a casa, escondida dentro una enorme sudadera con capucha. De pronto escuchó el sonido de una motocicleta y antes de poder reaccionar, el conductor de la motocicleta estaba casi encima suyo.

“Me intentaba hablar, pero yo sabía que este tío quería otra cosa,” recuerda. “¿Sabes ese momento en que te das cuenta de que estás siendo acosada, entonces dejas de estar sorprendida y paralizada y te pones a gritar? Pues no me sucedió eso. No dije nada, y de pronto el tío me estaba metiendo mano”.

Finalmente, Restuviani logró escapar y corrió hasta un guardia de seguridad, mientras que su atacante se perdió en la noche a toda velocidad. “Quería gritar muy fuerte,” relata. “Lo intenté, pero no pude”.

En casi todos los países del mundo, las mujeres caminan menos que los hombres cada día, según un reciente estudio de Stanford, que analizó los datos de los smartphones de 717.527 personas en todo el mundo, en un total de 68 millones de días de actividad.

Mientras la mayor parte de los medios de comunicación hicieron foco en los resultados generales (con titulares como ¿Vives en el país más perezoso del mundo?), el estudio remarca una importante cuestión relacionada con la desigualdad. Los investigadores concluyeron que una gran “desigualdad en la actividad” –un país donde hay una gran brecha entre quienes caminan mucho y quienes no lo hacen– era un fuerte indicador de los niveles de obesidad del país.

Además, la brecha de género respecto de la cantidad de pasos por día solía ser más grande en países con altos niveles de obesidad, lo cual expone más a las mujeres a tener problemas de salud relacionados con la falta de ejercicio.

En Suecia, los investigadores casi no registraron brecha de género, ya que hombres y mujeres caminan casi la misma cantidad de pasos cada día. Sin embargo, en Qatar, las mujeres caminan en promedio un 38% menos de pasos por día que los hombres.

“Si una persona no camina mucho, quizás sea por pereza. Pero si cientos de miles de personas –especialmente mujeres– no caminan mucho, no es un problema de pereza individual, sino una cuestión social”, afirma el investigador de Stanford, Tim Althoff.

“Está claro que, en promedio, las mujeres son más bajas que los hombres, y eso generalmente se traduce en piernas más cortas. Si eres más baja, en realidad deberías tener que dar más pasos”.

Althoff asegura que la brecha de género podría tener diferentes causas, desde diferencias culturales respecto de los roles de género, hasta cuestiones de planificación urbana (los investigadores concluyeron que la brecha de género es mucho menor en ciudades más “caminables”).

Sin embargo, si hablas con las mujeres de todo el mundo sobre sus hábitos a la hora de caminar, todas te hablaran del mismo problema: la seguridad personal.

Aterrorizada

En la ciudad de Washington, Estados Unidos, Hannah Geyer –empleada de una ONG– ha tenido que abandonar sus caminatas de 15 minutos a través de un parque para ir y volver del teatro donde actúa de noche. Los hombres que merodean el parque han logrado aterrorizarla.

“Se me acercaban mucho, mucho, pero mucho”, explica Geyer. “Una cosa es que alguien me grite algo desde el otro lado de la acera, porque puedo ignorarlo y seguir caminando. Pero que se pongan físicamente en mi camino o se me acerquen a la cara si no quiero responder o si los miro mal, lo cual siempre hago…era como si me dijeran: ‘voy a lograr que dejes de caminar’”.

Ahora, Geyer coge taxis compartidos, gastando entre 4 y 8 euros en cada trayecto. Pero quiere dejar claro que si se sintiera segura caminando, lo haría.

“Noto que cuando ven que cojo taxis por trayectos tan cortos, mis amigos hombres me dicen: ‘No seas perezosa, podrías haber ido andando’”, dice Geyer. “Me causa gracia que para los hombres parezco perezosa, cuando para las mujeres es obvio que lo hago por seguridad. Una mujer nunca me ha dicho perezosa”.

Según Holly Kearl, fundadora de Stop Street Harassment, tener que utilizar un transporte en lugar de caminar, hace que la seguridad se convierta en un privilegio. Las mujeres que pueden elegir no caminar son las que tienen los medios para pagar un transporte, lo cual dificulta especialmente a las adolescentes el acceso a estas medidas de seguridad.

Un informe presentado el mes pasado por la Children’s Society demostró que una de cada tres niñas de entre 10 y 17 años afirman sentirse atemorizadas cuando las sigue un extraño. Muchas niñas han asegurado que hombres en coches les han “pitado” mientras llevaban puesto el uniforme de la escuela.

“Conocemos muchísimas mujeres que han tenido que coger el transporte público, o pagar un taxi, o coger el coche y luego pagar el parking,” dice Kearl. “Las mujeres deben pagar para sentirse seguras”.

La estudiante de doctorado Natalie Jester dice que a menudo se siente como “una presa” cuando camina por la noche por el centro de Bristol. Suele gastar parte de su salario en taxis o en coger el autobús para evitar caminar por el centro, donde se siente amenazada por los grupos de hombres que se juntan a beber en la calle.

“Me da mucha rabia no sentirme segura al caminar en mi propia ciudad, al punto de tener que pagar dinero para trasladarme en trayectos cortos”, remarca Jester. “Creo que los hombres no se dan cuenta de a qué nivel las mujeres nos sentimos inseguras”.

Las mujeres también lo pagan en salud. Según Public Health England (PHE), los británicos son un 20% menos activos ahora de lo que eran en los años 60, ya que se calcula que cada año una persona británica camina un promedio de 24 kilómetros menos que el año anterior. Y los investigadores de Stanford concluyeron que las mujeres británicas caminaron un promedio de 1.074 pasos por día menos que los hombres, lo que significa casi 400.000 pasos menos cada año.

Según el profesor Sir Muir Gray, asesor de la campaña One You de PHE para fomentar el caminar, esta realidad se traduce en desigualdad en cuestiones de salud, ya que además la mayoría de los trabajos actuales son sedentarios. “La gente pobre suele ser menos activa que la gente rica, porque generalmente los pobres pasan más horas trabajando sentados”, dice Gray. “En general, esto contribuye a una brecha social”.

Traducido por Lucía Balducci

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