Jaén conserva uno de los conjuntos de baños árabes más extensos y completos de la península ibérica, ubicado bajo el Palacio de Villardompardo. Estas instalaciones, construidas en la época andalusí, permanecieron ocultas durante siglos hasta ser redescubiertas a principios del siglo XX. Su preservación ofrece una visión directa de la arquitectura y la planificación urbana de la ciudad en la Edad Media.
La integración de los baños en el entorno urbano evidencia la importancia de estos espacios para la vida cotidiana y la interacción social. Situados en el casco histórico, cerca de plazas y edificios relevantes, formaban parte de la rutina de la ciudad. Además de su función higiénica, cumplían un papel social, permitiendo a los habitantes encontrarse e intercambiar información. La recuperación de estos espacios proporciona hoy la oportunidad de comprender mejor la vida urbana durante el período andalusí.
El interés histórico y arqueológico de los baños se refleja en la atención dedicada a su conservación. La disposición de salas según funciones, los sistemas de calefacción y los conductos de agua muestran conocimientos avanzados de arquitectura e ingeniería. La visita al conjunto permite observar directamente estos elementos y entender cómo se organizaba el espacio, ofreciendo una lectura clara del uso y la funcionalidad de un hammam medieval en Jaén.
Los Baños Árabes de Jaén
Los Baños Árabes de Jaén se construyeron en el siglo XI, durante el periodo de Al-Ándalus, con la función de ofrecer un espacio de higiene, relajación y encuentro social. Originalmente aprovechaban las estructuras de un baño romano preexistente y se conocían como Hammam al-Walad. Además de su función higiénica, estos espacios cumplían un papel religioso y social, ya que los usuarios los utilizaban como preparación para la oración, combinando prácticas de purificación.
El conjunto se organiza en tres salas principales, distribuidas según su temperatura: frías, templadas y calientes. Esta disposición permitía realizar un ciclo completo de sudoración, exfoliación y descanso, que proporcionaba bienestar tanto físico como mental. Las salas no solo servían para el baño, sino también como puntos de encuentro donde se desarrollaban debates culturales y políticos, mostrando la relevancia del hammam en la vida urbana y comunitaria de la época.
Durante el siglo XVI, el conde de Villardompardo, Fernando de Torres y Portugal, construyó su palacio sobre parte de los baños, quedando algunos espacios ocultos bajo los sótanos y cimientos durante los siglos XVIII y XIX. En 1913 se descubrió una pequeña sección del conjunto, y en 1917 se propuso como Monumento Nacional, siendo finalmente declarado como tal en 1931. Actualmente, los baños ocupan aproximadamente 450 metros cuadrados bajo el Palacio de Villardompardo, lo que los convierte probablemente en los más grandes que se pueden visitar en España.
Las salas que componen los Baños Árabes
El recorrido por los baños comienza en el vestíbulo de ingreso, una sala transversal de unos 14 metros de longitud, cubierta por una bóveda de medio cañón. La iluminación natural se lograba a través de 18 luceras estrelladas que permitían la entrada de luz desde el exterior. Contigua a este espacio se encuentra la sala fría, de dimensiones menores pero similar en forma y estructura, también cubierta con bóveda de medio cañón y dotada de 12 luceras.
La sala templada constituye el núcleo de transición del conjunto. Su planta es cuadrada y alberga en el centro un segundo espacio cubierto por una cúpula de casquete semiesférico sobre pechinas, sostenida no por muros macizos sino por arcos de herradura apoyados en ocho columnas. En las esquinas del salón se ubican cuatro cúpulas menores, mientras que las zonas restantes están cubiertas por bóvedas de medio cañón que incluyen tres luceras cada una.
La sala caliente, con una longitud aproximada de 16 metros, conserva características constructivas similares a las anteriores. Está cubierta por bóveda de medio cañón con 15 luceras y cuenta con alcobas en los extremos, cada una con cinco luceras, y se encuentra junto a las calderas que calentaban el agua. Los muros incluyen chimeneas ocultas por las que circulaba el aire caliente, mientras que el suelo de piedra está elevado sobre pequeños pilares de ladrillo, permitiendo que el calor generado en el subsuelo se distribuya por toda la estancia.