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Patrimonio y gastronomía en la ciudad de La Mancha que llegó a albergar más de 2.000 cuevas para hacer vino

La plaza de Tomelloso desde la Posada.

Edu Molina

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Tomelloso, situada en la provincia de Ciudad Real dentro de Castilla-La Mancha, es una localidad cuya historia está estrechamente vinculada con la agricultura y la producción de vino. Su crecimiento urbano y económico se ha desarrollado alrededor de prácticas tradicionales que aún perduran, dejando evidencia de la manera en que la población ha adaptado el territorio a sus necesidades productivas y culturales. La ciudad combina espacios históricos, estructuras industriales y elementos subterráneos que reflejan distintas etapas de su evolución.

La actividad vitivinícola ha marcado buena parte del desarrollo local, influyendo en la distribución de viviendas, calles y áreas de trabajo. Al mismo tiempo, la ciudad conserva construcciones religiosas, residenciales e industriales que muestran cómo la vida cotidiana y la economía se han entrelazado a lo largo de los siglos. Tomelloso ofrece así una visión integral de la relación entre patrimonio, producción y cultura local, accesible a quienes recorren sus calles y visitan sus instalaciones históricas.

Viticultura y red de cuevas subterráneas

A partir de 1820, en Tomelloso se comenzó a excavar un extenso entramado subterráneo bajo las viviendas, con más de 2.500 cuevas dedicadas a la elaboración y conservación de vino. Estas estructuras jugaron un papel clave en el crecimiento de la ciudad, al permitir almacenar las cosechas de manera segura y estable, protegiendo la producción de cambios bruscos de temperatura y humedad. Aunque las técnicas modernas de vinificación han reemplazado muchas de estas funciones, las cuevas que se conservan siguen ofreciendo una perspectiva directa sobre las prácticas históricas.

Las cuevas cuentan con salidas al exterior mediante las llamadas lumbreras, que consisten en rejillas de ventilación visibles en las aceras y calles de la ciudad. Estas aberturas permiten la circulación de aire dentro de las excavaciones, contribuyendo a mantener condiciones climáticas estables y eliminando gases producidos durante la fermentación.

Interior de una de las cuevas subterráneas.

El desarrollo vitícola de la localidad estuvo precedido por un cambio económico, cuando se introdujo la vid entre los cultivos cerealísticos tradicionales. Hacia finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, la producción de uva llegó a dominar la actividad agrícola, convirtiéndose prácticamente en un monocultivo. La plaga de filoxera que afectó a los viñedos franceses en esa misma época favoreció la expansión de la viticultura en Tomelloso. Este contexto impulsó la llegada de trabajadores adicionales para atender la creciente superficie cultivada, consolidando la importancia del vino en la economía y la sociedad local.

El aumento de la producción vínica, sumado a la limitada infraestructura de transporte, fomentó la instalación de numerosas alcoholeras entre finales del siglo XIX y mediados del XX. Inicialmente gestionadas por vecinos de la localidad, muchas de estas instalaciones pasaron posteriormente a manos de grandes empresas del sector. Este desarrollo situó a Tomelloso como el principal productor de alcohol vínico a nivel mundial durante la primera mitad del siglo XX, posición que mantiene hasta la actualidad.

Patrimonio histórico y cultural de la ciudad

El patrimonio arquitectónico de Tomelloso incluye construcciones religiosas que reflejan la historia de la ciudad. La parroquia de la Asunción de Nuestra Señora se sitúa en el lugar donde estuvo la primera iglesia de la localidad, erigida en 1541 y reconstruida casi en su totalidad en 1604. Por su parte, la ermita de San Francisco, inaugurada en 1737, sirvió durante el siglo XVIII tanto para ceremonias religiosas como para enterramientos, aunque fue demolida en 1936.

Museo del Carro de Tomelloso.

La actividad económica histórica de la ciudad también se percibe en el paisaje urbano. La Posada de los Portales, construida en 1778, conservó su estructura original y funcionaba como alojamiento para viajeros y comerciantes. Las chimeneas de las antiguas fábricas de alcohol se elevan sobre la ciudad, algunas alcanzando 45 metros, y evidencian la presencia de más de un centenar de instalaciones que regulaban la temperatura necesaria para la destilación. Complementariamente, los bombos ofrecían refugio a trabajadores agrícolas y pastoriles, a veces durante todo el año, mostrando la relación entre la vida laboral y el entorno construido.

El patrimonio cultural contemporáneo de Tomelloso se aprecia en el Museo Antonio López Torres, inaugurado en 1981 con las obras que el propio artista donó a su ciudad natal. La colección refleja la representación de paisajes, gentes y escenas locales, documentando la relación entre la vida cotidiana y el entorno. Junto con las construcciones históricas y los elementos vinculados a la producción de vino, estas referencias completan la oferta turística de la ciudad, ofreciendo a visitantes una visión integral de su historia y su desarrollo urbano.

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