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Chapuzones de interior: diez lugares donde refrescarse este verano sin pisar la playa

Roberto Ruiz

17 de julio de 2026 21:41 h

Cuando llega el verano y vemos que el termómetro se dispara, cualquier plan que incluya agua gana protagonismo. La playa suele ser la primera opción que viene a la mente, pero no es la única porque no siempre está cerca. En muchos rincones del interior de España hay ríos, lagos y piscinas naturales donde darse un chapuzón rodeado de bosques, montañas y paisajes que poco tienen que envidiar al litoral.

Además de ofrecer un respiro frente al calor, estos espacios permiten descubrir otra forma de disfrutar del verano. Algunos sorprenden por el color cristalino de sus aguas, otros por las cascadas que las alimentan o por el entorno natural que los rodea. Eso sí, cada vez son más los que deben regular su acceso durante los meses de mayor afluencia para proteger su entorno y evitar las masificaciones, por lo que conviene planificar la visita con antelación.

Desde las aguas heladas de la Cueva del Gato, en Málaga, hasta el inmenso Lago de Sanabria, pasando por las pozas de Los Pilones, en el valle del Jerte, o las aguas termales de la Fuente de los Baños, en Montanejos; España reúne numerosos lugares donde refrescarse sin pisar la costa. Aquí tienes una selección de diez destinos repartidos por el país para combatir el calor en plena naturaleza.

Cueva del Gato (Málaga)

A los pies de la sierra de Grazalema, entre los municipios de Benaoján y Ronda, la Cueva del Gato es uno de los lugares más conocidos del interior malagueño para combatir el calor. La surgencia del río Gaduares forma una gran poza de aguas cristalinas y de un intenso color azul junto a la entrada de esta espectacular cavidad, declarada Monumento Natural. El baño, eso sí, tiene fama de ser solo para valientes, porque el agua se mantiene realmente fría incluso en los días más calurosos del verano.

Aunque el interior de la cueva solo puede recorrerse con autorización y el material adecuado, la poza exterior es accesible a través de un sencillo paseo y se ha convertido en uno de los grandes reclamos de la zona. Durante los meses de verano suele registrar una elevada afluencia de visitantes y el acceso al área de baño está regulado por la propia zona de aparcamiento, que tiene plazas limitadas y conlleva el pago de una pequeña tarifa.

Pozas de Pou Clar (Valencia)

A pocos minutos de Ontinyent, el río Clariano ha ido excavando la roca caliza hasta crear una sucesión de pozas de aguas transparentes conocidas como Pou Clar. Son varias piscinas naturales enlazadas entre sí, con pequeñas cascadas y rincones donde refrescarse rodeado de vegetación, lo que las convierte en uno de los destinos más populares del interior valenciano cuando aprieta el calor.

Para proteger este espacio natural, durante los meses de julio y agosto el acceso está regulado y es necesario reservar previamente para visitarlo. Además, el último tramo debe hacerse a pie o en bicicleta, una medida que ayuda a reducir la presión sobre un paraje que cada verano recibe miles de visitantes.

Salto de Bierge (Huesca)

En pleno Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, el Salto de Bierge es una de las zonas de baño más conocidas de Aragón. Una antigua presa sobre el río Alcanadre crea una amplia lámina de agua que desemboca en una gran poza, donde es habitual ver a bañistas compartiendo espacio con quienes terminan aquí alguno de los descensos de barrancos más populares de la zona.

Además del baño, el entorno invita a recorrer senderos y descubrir uno de los paisajes más espectaculares del Prepirineo oscense. En verano, debido a la gran afluencia de visitantes, el acceso está regulado y es necesario reservar entrada con antelación para acceder al espacio.

Lago de Sanabria (Zamora)

El Lago de Sanabria no solo es el mayor lago glaciar de la Península Ibérica, sino también uno de los mejores lugares para darse un chapuzón en el interior de España. Situado en el parque natural que lleva su nombre, ofrece varias playas de arena y piedra que facilitan bañarse en aguas limpias rodeadas de montañas y bosques.

Entre las zonas más frecuentadas destacan Viquiella o Los Enanos, aunque el lago cuenta con numerosos rincones para disfrutar del agua. Además del baño, es posible practicar actividades como piragüismo o recorrer el lago a bordo de un catamarán eléctrico, una forma diferente de conocer este espacio natural protegido.

Los Pilones (Cáceres)

En el corazón de la Reserva Natural Garganta de los Infiernos, en el valle del Jerte, se encuentran Los Pilones, una sucesión de enormes marmitas excavadas durante miles de años por la fuerza del agua. El resultado es una cadena de piscinas naturales conectadas entre sí que se ha convertido en uno de los paisajes más emblemáticos de Extremadura.

Para llegar hasta ellas hay que recorrer un sendero de unos tres kilómetros que parte del centro de interpretación de la reserva y atraviesa bosques de castaños, robles y cerezos. Es una ruta sencilla y apta para la mayoría de los visitantes, aunque en verano conviene madrugar porque el aparcamiento y los accesos suelen llenarse rápidamente.

Fuente de los Baños (Montanejos, Castellón)

Esta es la opción perfecta para los más frioleros. La Fuente de los Baños es el gran símbolo de Montanejos y uno de los parajes fluviales más conocidos de la Comunidad Valenciana. En este tramo del río Mijares brota un manantial de aguas termales que mantiene una temperatura cercana a los 25ºC durante todo el año, algo poco habitual y que se lo pone fácil a los que en los ríos no se atreven a meter más que los pies.

Las aguas, a las que desde hace siglos se atribuyen propiedades mineromedicinales, discurren entre paredes de roca caliza y han convertido este lugar en una referencia del turismo de naturaleza. Durante la temporada alta el acceso está controlado mediante un sistema de entradas para limitar el aforo y preservar tanto el entorno como la calidad de las aguas.

Pozas de Pígalo (Luesia, Zaragoza)

Escondidas en la comarca zaragozana de las Cinco Villas, las Pozas de Pígalo son uno de esos lugares que sorprenden por la transparencia de sus aguas. El río Arba de Luesia forma aquí varias piscinas naturales rodeadas de bosque, dentro del Paisaje Protegido de la Sierra de Santo Domingo, un entorno especialmente apreciado por senderistas y amantes de la naturaleza.

La poza más conocida es la de Pígalo, aunque siguiendo el cauce pueden encontrarse otras igualmente llamativas, como la de Santa María o la del Trampolín. En verano el acceso de vehículos está limitado y es obligatorio reservar plaza antes de la visita para evitar las masificaciones.

Olla de San Vicente (Asturias)

El río Dobra forma en la Olla de San Vicente una de las zonas de baño más populares del oriente asturiano. Rodeada de un paisaje de montaña y de un frondoso bosque de ribera, esta poza natural destaca por la transparencia de sus aguas, aunque también por su baja temperatura, incluso en pleno verano. Así que hay que echarle valor.

El acceso se realiza a través de un agradable paseo desde el aparcamiento, lo que ayuda a conservar un entorno que forma parte del área de influencia del Parque Nacional de los Picos de Europa. Durante los meses de mayor afluencia suele regularse el estacionamiento para reducir el impacto sobre este espacio natural.

Bolbaite (Valencia)

La piscina natural de Bolbaite, formada por el río Sellent, se ha convertido en uno de los principales destinos de baño del interior valenciano. Sus aguas limpias, el entorno arbolado y las zonas acondicionadas para el descanso hacen que cada verano reciba a numerosos visitantes en busca de una escapada refrescante. Es un entorno cómodo, y eso se lo pone fácil a las familias con niños.

El paraje cuenta con pasarelas, aseos, duchas y un acceso cómodo, lo que lo convierte en una opción muy popular para pasar el día. Durante la temporada estival el acceso está regulado mediante un sistema de control de aforo mediante venta de entradas, por lo que conviene planificar la visita con cierta anticipación.

Charco del Aceite (Jaén)

En pleno Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, el Charco del Aceite ofrece una alternativa perfecta para refrescarse tras recorrer alguno de los senderos de este inmenso espacio protegido. El río Guadalquivir forma aquí una amplia piscina natural rodeada de vegetación y paredes rocosas, muy frecuentada por familias durante el verano.

Su acceso resulta sencillo y el entorno permite combinar el baño con otras visitas por el parque natural. A pesar de su popularidad, sigue siendo uno de esos lugares donde es posible disfrutar de un chapuzón en plena naturaleza lejos del ambiente de la costa. También es conocido como Charco de la Pringue, pero tranquilo, el agua está impoluta.