De diferentes etapas y alturas, en este pequeño pueblo marinero se pueden observar dos faros juntos

En el litoral de la provincia de Huelva, concretamente en El Rompido (localidad perteneciente a Cartaya), se alza un paisaje marítimo verdaderamente singular que cautiva a todo curioso viajero. Y es que este enclave es conocido por ser posiblemente el único lugar de toda España donde conviven dos faros diferentes en un mismo emplazamiento, una dualidad que no es accidental. Estas dos estructuras marítimas representan la evolución tecnológica de la señalización a lo largo de más de un siglo de historia de la navegación. Situados en la margen izquierda de la desembocadura del río Piedras, ambos centinelas observan el Atlántico desde una posición privilegiada junto al puerto. Su presencia conjunta ofrece una estampa única que resume el pasado y el futuro de este pueblo marinero de Andalucía

Mientras uno de los dos faros descansa como testigo de otra época, el otro sigue guiando a las embarcaciones que surcan las aguas del Atlántico. Visitar este rincón de la Costa de la Luz permite comprender cómo la tradición y la modernidad pueden habitar juntas. Es una parada obligatoria para quienes buscan capturar la esencia más profunda del patrimonio costero andaluz. El relato de estos gigantes comienza en el año 1861, cuando se levantó la primera de estas torres bajo el diseño del ingeniero Ángel Mayo. Su construcción original tenía como propósito fundamental balizar la desembocadura del río Piedras, marcando en aquel entonces la conocida como Punta del Gato. 

Curiosamente, para su edificación se aprovechó parte de la antigua fortaleza del castillo de San Miguel, que ya no servía como fuerte defensivo. Durante más de cien años, esta estructura fue la guía indispensable para los marineros que regresaban a puerto con sus capturas. Su luz representó la seguridad en una costa que, aunque hermosa, exigía una orientación precisa para evitar los peligros de las corrientes. Con el paso de las décadas, este faro se convirtió en un símbolo indisoluble de la identidad de los habitantes de Cartaya. Sin embargo, el progreso tecnológico y las nuevas necesidades de la navegación terminarían por relegarlo a un merecido descanso. Fue así como esta torre dejó paso a una nueva generación, conservando siempre su porte histórico frente al océano.

Desde el punto de vista arquitectónico, el faro antiguo destaca por su elegante forma troncocónica que se apoya sobre una estructura sólida. Posee una linterna decagonal que le otorga un parecido notable con el faro de Mesa Roldán situado en la provincia de Almería. Con una altura de soporte de trece metros y una altura focal de dieciocho, su alcance de iluminación llegaba originalmente a las dieciséis millas. Su modesta estatura comparada con los estándares modernos no restó eficacia a su misión durante el siglo XIX y parte del XX. A pesar de ser más pequeño que su sucesor, su diseño sigue atrayendo la mirada de quienes valoran la arquitectura industrial. La solidez de su fuste ha permitido que se mantenga en pie como un testamento tangible de la evolución marítima. Es una joya patrimonial que ha sido recuperada para el disfrute de la ciudadanía tras años de inactividad técnica. 

La vida operativa del primer faro comenzó a cambiar significativamente a partir de 1930 debido a diversos factores externos e internos. El aumento del alcance luminoso del faro de Mazagón hizo que la torre de El Rompido perdiera parte de su importancia estratégica. Por este motivo, se decidió sustituir su antiguo sistema de alumbrado por uno permanente de acetileno para simplificar su mantenimiento. No fue hasta 1976 cuando esta estructura dejó de funcionar por completo, coincidiendo con la puesta en marcha de la nueva señal. Durante un tiempo, el edificio quedó en desuso y su valiosa lente original fue trasladada a las Cocheras del Puerto de Huelva. Los vecinos y asociaciones locales lograron después de más de veinte años la vuelta de este símbolo a su hogar. 

La necesidad de cubrir un arco de navegación más amplio desde Ayamonte hasta Huelva motivó la construcción del segundo faro en 1975. Esta nueva torre, que comenzó a operar plenamente en 1976, presenta una morfología cilíndrica moderna fabricada en hormigón armado. Con una altura de treinta y un metros, supera significativamente a su antecesor, permitiendo un alcance de hasta veinticuatro millas náuticas. Su fuste se reconoce fácilmente por su color blanco con una franja roja distintiva en la parte superior. Bajo la gestión de la Autoridad Portuaria de Huelva, este faro se encarga actualmente de la seguridad de las embarcaciones. 

La imponente presencia del segundo faro añade una estampa contemporánea al horizonte de El Rompido, contrastando con la elegancia del siglo XIX. Es una infraestructura vital para el tráfico marítimo moderno que requiere señales visibles desde grandes distancias en alta mar. Aunque su función es estrictamente técnica, se ha convertido también en un escenario para diversos eventos culturales locales. Su luz solitaria durante las noches onubenses sigue fascinando y estremeciendo a quienes contemplan el océano.

Reclamo turístico y cultural

En la actualidad, el antiguo faro ha renacido como el Centro de Interpretación “El Faro”, un espacio vivo dedicado a la cultura. El Ayuntamiento de Cartaya ha recuperado este edificio para albergar una exposición permanente que narra la historia pesquera local. Los visitantes pueden conocer detalles sobre la tradición de la almadraba de Nueva Umbría y las especies del entorno. Además, el edificio funciona como biblioteca municipal, siendo un punto de encuentro habitual para los vecinos del pueblo. Este uso flexible permite que las nuevas tecnologías y los medios tradicionales convivan en un enclave privilegiado frente al mar. El regreso de su lente original ha sido el broche de oro para esta transformación en un destino turístico cultural.

Este escenario natural no solo es un reclamo turístico, sino también el hábitat de numerosas especies protegidas de la zona. Pasear por las proximidades de los faros permite disfrutar de una de las puestas de sol más bellas de Huelva. La combinación de arquitectura histórica y naturaleza salvaje convierte a este punto en un lugar de ensueño para la fotografía. La cercanía del puerto y las playas próximas refuerzan el carácter marinero que define a toda la localidad. En definitiva, los dos faros de El Rompido son mucho más que simples estructuras de navegación para los barcos. Son símbolos potentes de una comunidad que mira al futuro sin querer olvidar sus raíces más profundas. Y su convivencia en el mismo emplazamiento es una metáfora de la armonía entre diferentes épocas de la historia onubense.