Cinco desayunos nutritivos con jamón para empezar el día con energía

Tostada de jamón serrano.

Elena Segura

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Durante años, el desayuno en España ha oscilado entre dos extremos: el café apresurado que se bebe de pie en la barra y el festival de azúcar de bollería, zumos envasados y cereales refinados. Sin embargo, cada vez más personas buscan alternativas que combinen rapidez, sabor y un aporte nutricional que realmente ayude a arrancar la jornada. En ese regreso a lo salado, a lo que forma parte de nuestra despensa de siempre, el jamón vuelve a ocupar un lugar privilegiado.

Además de su potencia gastronómica, el jamón aporta proteínas de calidad, minerales como el hierro y el zinc y una buena capacidad saciante. Es decir, ayuda a mantener el hambre a raya durante la mañana y evita que a media hora del ordenador nos asalte el impulso de bajar a por el cruasán. La clave, como casi siempre, está en acompañarlo bien.

Estas son cinco ideas de desayunos con jamón que se preparan en pocos minutos y pueden cambiar la relación con la primera comida del día.

Tostada integral con tomate, aceite de oliva y jamón

Puede que no haya desayuno más icónico, pero la popularidad no le resta valor. El pan integral aporta fibra y libera la energía de manera más lenta que el blanco. El tomate suma frescor, vitamina C y un punto de acidez que equilibra la grasa del jamón. Y el aceite de oliva virgen extra redondea el conjunto con grasas saludables.

Cortando jamón

La diferencia entre una tostada correcta y una memorable suele estar en los detalles: un buen pan, restregar el tomate en lugar de usar pulpa aguada y añadir el jamón en el último momento para que no se recaliente. Acompañada de un café o una infusión, es una fórmula sencilla que funciona tanto en casa como fuera.

Revuelto de huevo con espinacas y virutas de jamón

Quien disponga de diez minutos puede dar un paso más y preparar un desayuno caliente. Los huevos son una fuente excelente de proteínas completas y, combinados con una ración de verdura, el resultado gana en volumen y nutrientes sin hacerse pesado.

Basta saltear un puñado de espinacas hasta que pierdan el agua, añadir los huevos batidos y, cuando empiecen a cuajar, incorporar el jamón en tiras finas. El calor residual será suficiente para potenciar su aroma sin volverlo salado en exceso. Servido con una rebanada de pan, este plato mantiene la saciedad durante horas.

Yogur natural con frutos secos y crujiente de jamón

Puede sonar inusual, pero la frontera entre dulce y salado es mucho más flexible de lo que parece. El contraste entre la cremosidad del yogur, el dulzor natural de una fruta troceada —manzana o pera funcionan especialmente bien— y el punto intenso del jamón crea un desayuno equilibrado y sorprendente.

Para preparar el crujiente, basta pasar unas lonchas por la sartén o el microondas hasta que se sequen y luego desmenuzarlas. Los frutos secos añaden grasas saludables y textura, y convierten el conjunto en una opción muy completa para quienes prefieren empezar el día con cuchara.

Bocadillo pequeño de jamón, aguacate y queso fresco

Tostada de tomate, aguacate y jamón

El bocadillo ha sido injustamente demonizado en algunos discursos nutricionales recientes, cuando en realidad puede ser una herramienta estupenda si se eligen bien los ingredientes y las cantidades. Aquí la idea es optar por un formato contenido, más cercano a la media pieza que al bocata de almuerzo.

El aguacate aporta cremosidad y grasas monoinsaturadas, el queso fresco suma proteínas y suaviza el conjunto, y el jamón introduce el carácter. Es fácil de transportar, se puede preparar con antelación y resulta perfecto para quienes desayunan ya de camino al trabajo.

Tortilla francesa rellena de jamón y verduras

La tortilla francesa es otro clásico rápido que admite múltiples variaciones. Añadir un relleno de jamón junto a pequeñas porciones de verduras salteadas —calabacín, champiñones o pimiento— permite ampliar el perfil nutricional sin complicar la receta.

El truco está en no sobrecargarla para que siga siendo ligera. Enrollada sobre sí misma, jugosa por dentro, ofrece una combinación de proteínas y fibra que ayuda a mantener estable el nivel de energía y evita los picos de hambre a media mañana.

Un buen desayuno depende también del contexto del resto del día, del nivel de actividad física y de las necesidades particulares de cada persona. Aun así, apostar por preparaciones que incluyan proteínas de calidad y reducir la presencia de azúcares rápidos es, para la mayoría, el mejor punto de partida.

El jamón facilita ese cambio sin exigir renuncias dramáticas. Permite seguir disfrutando del desayuno, recuperar el placer de sentarse unos minutos antes de salir de casa y, de paso, llegar a la comida con menos hambre. Quizá no sea la solución a todas las prisas, pero sí una forma bastante sabrosa de empezar el día con buen pie.

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