El embalse que pertenece a un pueblo medieval y en el que darse un buen chapuzón en esta provincia catalana alejada del mar
En la provincia de Lleida, en un hermoso territorio de interior totalmente alejado de la brisa marina, se esconde uno de los tesoros fluviales más impresionantes de la geografía peninsular. Se trata del embalse de Sant Antoni, una colosal masa de agua que se extiende majestuosamente a lo largo de 11 kilómetros por la comarca prepirenaica del Pallars Jussà. Construida a principios del siglo pasado por la emblemática compañía conocida popularmente como La Canadiense, esta gran obra de ingeniería civil llegó a convertirse en su época de inauguración en la presa de retención hídrica más grande de todo el continente europeo.
Hoy en día, este pantano destaca de manera singular por ser la superficie de agua dulce en profundidad más grande de Catalunya, ofreciendo un oasis de calma entre espectaculares montañas. Una de las joyas más singulares que custodian las orillas de este gran embalse es Salàs de Pallars, una preciosa villa que destaca por conservar con orgullo su trazado fortificado de origen medieval. Este pequeño municipio del Pirineo ofrece una fascinante inmersión en la historia medieval catalana gracias a un recinto amurallado perfectamente conservado que mantiene intactos tres de sus portales defensivos originales. Pasear por su casco histórico permite a los visitantes contemplar monumentos de gran valor como la imponente Torre de Barta o el magnífico Portal de Soldevila, flanqueado por una bella torre cilíndrica.
El origen del nombre de este gran lago artificial se remonta a la antigua ermita románica de Sant Antoni de Susterris, un histórico templo religioso que quedó sumergido bajo las aguas tras la inundación del valle. En la actualidad, cuando el nivel del caudal desciende considerablemente durante las épocas secas, la punta del campanario de la ermita emerge de la superficie como un mudo testigo del pasado. La zona que rodea el embalse está impregnada de leyendas populares, destacando el relato de las pisadas del demonio en el estrecho de Susterris. Según cuenta la mitología de la comarca, estas marcas ovales grabadas en la roca eran el resultado de una violenta lucha cuerpo a cuerpo entre el santo y el diablo, quien acabó precipitándose risco abajo.
Para aquellos viajeros que buscan refugiarse del intenso calor veraniego de las comarcas del interior, el embalse de Sant Antoni se presenta como el destino idóneo para disfrutar de un excelente chapuzón. El pantano dispone de diversos accesos públicos y gratuitos acondicionados como playas de interior que permiten bañarse de forma totalmente segura en estas limpias aguas de montaña. Entre los rincones predilectos por los bañistas destaca el Chiringuito de Pobla, una zona muy cercana a la localidad de La Pobla de Segur, donde es posible descansar sobre una playa de piedras pequeñas.
Otro de los puntos de baño más recomendados del embalse de Sant Antoni es el Camping Gaset, un espacio de acceso libre que cuenta con una agradable playa ideal para las familias que viajan con niños pequeños. Esta playa dispone de un excelente restaurante donde comer o tomar un refresco tras una divertida jornada de natación en un entorno natural rodeado de espectaculares paisajes. Por otra parte, para los bañistas que prefieren una experiencia más tranquila y aislada, el paraje conocido como La Raconada ofrece un rápido acceso por coche desde Tremp.
Tremp, la capital comarcal
A muy poca distancia de estas playas se sitúa Tremp, la capital comarcal que bien merece una visita para complementar el día de baño con un agradable recorrido por sus calles medievales. Las animadas terrazas de los bares locales se llenan de visitantes que disfrutan de refrescantes granizados de frutas y batidos naturales. El patrimonio de Tremp se revela al contemplar las tres torres supervivientes de su antigua muralla defensiva, pasear por el histórico puente románico de Sant Jaume o disfrutar del extenso parque de El Pinell, un bello pinar cubierto de hierba con columpios, colinas y merenderos.
El embalse de Sant Antoni y las hermosas poblaciones de su entorno constituyen un destino de interior inigualable que combina a la perfección la riqueza histórica, el deporte activo y la desconexión natural. Los amantes de las actividades al aire libre encontrarán opciones que van desde deportes náuticos como el remo hasta magníficas rutas de senderismo y ciclismo de montaña por parajes prepirenaicos. Un ejemplo ideal es la ruta circular que parte de La Pobla de Segur hacia Aramunt, permitiendo explorar cultivos tradicionales y ascender hasta el despoblado medieval de Aramunt Vell. En definitiva, una comarca que demuestra que no es necesario disponer de costa marina para gozar de un inolvidable período estival rodeado de agua dulce, historia y cultura.