La emblemática y desconocida plaza de Badajoz que fue durante varios siglos el corazón de la ciudad

La historia urbana de Badajoz ha estado marcada por un espacio que durante siglos concentró la actividad cívica y comercial de la ciudad. Cuando la zona de la Alcazaba comenzó a resultar insuficiente para albergar a la población y el comercio, la ciudad fue expandiéndose alrededor de un espacio abierto que rápidamente se convirtió en el centro de reuniones, mercados y eventos públicos. Durante la Edad Media y la Edad Moderna, este lugar desempeñó un papel clave como punto de referencia y organización de la vida urbana.

Ese espacio es la Plaza Alta, que asumió funciones de núcleo urbano principal y facilitó la estructuración de la ciudad más allá de los límites del recinto fortificado. Su consolidación respondió a la necesidad de un lugar donde el comercio, la administración y la vida social pudieran coexistir de forma ordenada. La plaza se convirtió así en el escenario habitual de mercados periódicos y de encuentros comunitarios, consolidando su relevancia histórica y funcional.

La configuración arquitectónica actual refleja su evolución a lo largo de los siglos. La primera intervención documentada data de 1458, cuando se levantaron los soportales de ladrillo y piedra que todavía definen su perímetro. Estas galerías permitieron organizar los puestos de venta y protegieron a comerciantes y compradores, estableciendo un modelo de plaza que se mantuvo activo durante siglos y que estructuró la relación entre espacio público y actividad económica.

Arquitectura y patrimonio de la Plaza Alta

El espacio se encuentra junto a la Alcazaba de Badajoz y está rodeado de edificios y elementos históricos que refuerzan su papel central en el casco antiguo. Entre ellos destacan la Torre de Espantaperros, la Puerta del Capitel y el edificio del antiguo Ayuntamiento, que junto con otras construcciones mudéjares conforman un entorno patrimonial articulado alrededor de la plaza.

La plaza está delimitada por arcos que organizan los accesos y definen la circulación interna. En la zona norte se encuentra el Arco mirador de la ciudad, mientras que en el frente sur se localiza el Arco del Toril. La Plaza Alta también se conecta con la plaza de San José mediante el Arco del Peso, ligado históricamente al control de pesas y medidas. Otros elementos que refuerzan su valor histórico incluyen el Arco de San Lorenzo, el antiguo Balcón Eclesiástico, la Torre Abarlongada y restos de construcciones de época visigoda incorporados en edificios posteriores.

Entre los inmuebles más representativos destacan las Casas Mudéjares y las Casas Coloradas, recientemente restauradas para recuperar la geometría original de sus fachadas. Estas edificaciones ilustran la superposición de estilos y técnicas que caracterizan el patrimonio arquitectónico de la plaza. Un episodio destacado de su historia fue la instalación, en 1899, de un mercado cubierto de estructura metálica diseñado por Tomás Brioso Mapelli. Este edificio funcionó como centro de abastos hasta 1970 y posteriormente fue trasladado al campus universitario, donde hoy sirve como paraninfo. En 2012 recibió la declaración de Bien de Interés Cultural.

Durante el siglo XX, la plaza perdió parte de su función comercial, pero recientes proyectos de rehabilitación han permitido su integración en recorridos urbanos y turísticos, consolidando su valor histórico y su papel como espacio de referencia dentro del casco antiguo de Badajoz.