El gran acantilado de más de 600 metros de altura sobre uno de los arenales más icónicos de Lanzarote
El noroeste de Lanzarote concentra uno de los paisajes costeros más conocidos de la isla. En esta zona, una pared volcánica se extiende frente al Atlántico durante kilómetros, junto a una amplia franja de arena. La combinación del relieve, el mar y el espacio abierto hace de Famara un lugar donde coinciden la geología, la biodiversidad y actividades al aire libre.
El espacio se reparte entre los municipios de Teguise y Haría y forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo. Desde las zonas altas pueden verse la costa occidental, La Graciosa y varios conos volcánicos del interior. A la altura del mar, la playa pasa a ser el principal punto de interés. Su anchura cambia con las mareas y sus condiciones atraen tanto a quienes pasean por la orilla como a quienes practican deportes relacionados con el viento y las olas.
La visita puede organizarse de varias formas. El macizo permite conocer una de las formaciones más antiguas de Lanzarote, mientras que la playa ofrece un largo recorrido junto al océano. En ambos casos conviene tener en cuenta la exposición del terreno, las corrientes, la fuerza del viento y la protección ambiental de una zona con especies vegetales endémicas y espacios importantes para las aves.
El Risco de Famara y la playa situada a sus pies
El Risco de Famara se extiende durante más de veinte kilómetros por el norte y el noroeste de Lanzarote. Su vertiente occidental cae hacia el Atlántico mediante una pared rocosa que suele medir entre 400 y 600 metros de altura. El punto más alto está en las Peñas del Chache, a 671 metros sobre el nivel del mar, que también constituyen la mayor elevación de toda la isla.
La formación es de origen volcánico y tiene más de diez millones de años, por lo que pertenece a las zonas más antiguas del territorio lanzaroteño. En sus paredes se conservan capas de materiales volcánicos y sedimentos que permiten reconocer distintas etapas de la evolución de la isla. Las erupciones, el océano, el viento y la erosión han modificado este frente y han dejado visibles parte de esos estratos.
El valor del macizo no se limita a su estructura geológica. Las paredes, las zonas salientes y las diferencias de humedad crean condiciones distintas en lugares muy próximos entre sí. Allí crecen más de 700 especies vegetales, entre ellas ejemplares endémicos que no aparecen de forma natural en otros puntos. Esta variedad convierte al risco en una de las principales zonas de flora de Lanzarote.
Su importancia ambiental también afecta a las aves. Los Riscos de Famara forman parte de una Zona de Especial Protección para las Aves, una figura creada para conservar lugares relevantes para diferentes especies. La combinación de paredes, zonas elevadas y espacios poco alterados ofrece áreas de refugio y reproducción, por lo que cualquier recorrido debe hacerse sin causar molestias ni daños en el entorno.
Desde la parte superior puede verse la curva que forma la playa de Famara, además de La Graciosa y una parte del Archipiélago Chinijo. Hacia el interior aparecen varios conos volcánicos que permiten observar la diferencia entre el relieve de la isla y el océano. Más al norte se encuentra el Mirador del Río, diseñado por César Manrique, desde el que también se ve la isla vecina.
Las zonas elevadas se utilizan para practicar senderismo y actividades aéreas como el parapente y el ala delta. La altura permite observar buena parte de la costa, aunque la exposición del terreno obliga a actuar con precaución. El viento y los desniveles hacen necesario llevar calzado adecuado, mantenerse lejos de los bordes y adaptar el recorrido a las condiciones meteorológicas.
A los pies de la pared se encuentra la playa de Famara, situada entre La Caleta de Famara y la base del macizo. El arenal supera los cinco kilómetros de longitud y está formado por arena rubia. Su aspecto cambia durante el día, ya que la subida del mar reduce la superficie disponible, mientras que la bajamar deja al descubierto una zona mucho más amplia.
Cuando baja la marea, se forman charcos poco profundos y queda una pequeña capa de agua sobre la arena. En esos momentos, el agua refleja el cielo y la forma del risco, algo que puede verse con más claridad al final de la tarde. Desde la orilla también puede observarse La Graciosa en el horizonte cuando hay buena visibilidad.
El viento y el oleaje son habituales en Famara. Estas condiciones favorecen la práctica de surf, bodyboard, windsurf y kitesurf, aunque también obligan a actuar con prudencia durante el baño. La playa está abierta al Atlántico y no es una zona protegida del oleaje, por lo que conviene comprobar el estado del mar y respetar siempre la señalización.
La longitud de la playa permite dar largos paseos, sobre todo cuando baja la marea. Aun así, conviene calcular el camino de vuelta y comprobar cómo cambia el nivel del agua, ya que algunos tramos pierden espacio con la pleamar. La cercanía de La Caleta de Famara facilita el acceso al extremo sur, mientras que el resto del recorrido continúa junto a un espacio protegido donde deben evitarse los residuos, los daños a la vegetación y cualquier alteración del terreno.
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