A una hora de Madrid se esconde una ciudad romana con teatro, anfiteatro, termas y foro
A unos 100 kilómetros de Madrid, en el término municipal de Saelices (Cuenca), se conserva uno de los conjuntos arqueológicos romanos más importantes de la Meseta. Segóbriga permite recorrer los restos de una ciudad sin que ninguna localidad moderna se haya superpuesto al antiguo núcleo urbano, una circunstancia que facilita la comprensión de su trazado y de sus principales edificios públicos. A ello se suma el paisaje que rodea el cerro de Cabeza de Griego, prácticamente intacto desde época romana y clave para contextualizar la ciudad, sus espacios extramuros y el territorio circundante.
La historia del enclave comenzó antes de Roma. En el cerro existió inicialmente un castro celtibérico que, después de la conquista romana a comienzos del siglo II a. C., evolucionó hasta convertirse en una ciudad. Tras las guerras sertorianas, hacia el 70 a. C., Segóbriga pasó a controlar un amplio territorio de esta parte de la Meseta y alcanzó tal relevancia que Plinio el Viejo se refirió a ella como caput Celtiberiae. Su gran transformación urbana llegaría en época de Augusto, cuando obtuvo la condición de municipio latino y comenzó el proceso de monumentalización que configuró buena parte de la ciudad romana.
Teatro y anfiteatro a la entrada de la ciudad
Entre sus construcciones más reconocibles se encuentra el teatro, cuya edificación comenzó probablemente durante el reinado de Tiberio y que fue inaugurado en tiempos de Vespasiano, alrededor del año 78. Aunque figura entre los teatros romanos más pequeños de Hispania, conserva buena parte del graderío o cavea, originalmente dividido en tres sectores para separar a los espectadores según su posición social. También se mantiene la orchestra semicircular, con tres escalones destinados a las autoridades, mientras que el escenario era de madera y se levantaba ante una fachada monumental decorada con columnas y esculturas de mármol presididas por la diosa Roma.
Frente al teatro se levantó en época de Vespasiano el anfiteatro, de modo que ambos edificios flanqueaban la entrada principal de Segóbriga. Presenta una planta elíptica irregular de unos 75 metros de longitud y sus gradas podían albergar alrededor de 5.500 espectadores. La construcción se adaptó a las características del terreno: el lado sur fue excavado parcialmente en la roca, mientras que el norte se levantó mediante grandes muros de cantería que llegaron a superar los 18 metros de altura. La arena disponía de dos grandes puertas y estaba separada del graderío mediante un alto podio destinado a proteger al público.
El centro político y comercial de Segóbriga
La vida política, judicial y económica se articulaba alrededor del foro, construido hacia el año 15 a.C. dentro del programa de monumentalización desarrollado en época de Augusto. El centro cívico adoptaba una planta prácticamente cuadrangular, con una plaza rodeada en tres de sus lados por una doble galería porticada. En su entorno se situaban la curia destinada a las reuniones del senado local, establecimientos comerciales y la basílica civil. Esta última, levantada entre el 15 a.C. y el 10 d.C., acogía grandes operaciones comerciales y era el espacio en el que los magistrados administraban justicia.
La adaptación de la ciudad a un cerro obligó además a ejecutar importantes obras para nivelar el terreno. Uno de los ejemplos es el criptopórtico del foro, construido en época de Augusto para alcanzar la cota de la plaza y servir de cimentación a la doble galería porticada. Estaba dividido en dos naves mediante una alineación de siete pilares de sillería y alcanzaba los 4,5 metros de altura. A estas soluciones arquitectónicas se sumaban las termas situadas junto al teatro, construidas en la segunda mitad del siglo I a.C.: ocupaban unos 350 metros cuadrados y contaban con vestuario y taquillas, sauna seca circular, una pila de agua fría y una sala con bañera caliente dotada de un sistema de hypocaustum.
De la ciudad romana a la Segóbriga visigoda
El espacio urbano estaba protegido por una muralla de unos 1.300 metros, levantada hacia el 50 a.C. Sus accesos estuvieron condicionados por la topografía del terreno y el sector norte contaba con una entrada monumental relacionada con el acceso al foro. La desaparición del Imperio romano, sin embargo, no supuso el abandono inmediato de Segóbriga: durante el periodo visigodo siguió siendo una ciudad importante y contó con obispos que participaron en los concilios de Toledo entre los años 589 y 693. De aquella etapa proceden una gran basílica y la extensa necrópolis que la rodea.
El declive comenzó posteriormente en época islámica, aunque todavía entonces se construyó una fortificación árabe en la parte superior del cerro. Tras la Reconquista, la población terminó desplazándose hacia el actual Saelices y el antiguo asentamiento pasó a denominarse Cabeza del Griego, reducido ya a un pequeño núcleo rural dependiente de Uclés. El interés por sus restos resurgió siglos después: el yacimiento es conocido desde 1546, cuando el médico Luis de Lucena se convirtió en el primer erudito conocido que lo visitó, mientras que los hallazgos casuales registrados en 1760 marcaron el inicio de una nueva etapa en el estudio de sus restos.
Un yacimiento protegido desde 1931
Las ruinas de Cabeza de Griego fueron declaradas monumento histórico-nacional en 1931. Aunque durante la década de 1950 se realizaron los primeros trabajos con metodología arqueológica, el gran impulso llegó a partir de 1961 de la mano de Martín Almagro Basch. Entonces comenzaron la excavación y restauración de algunos de los principales monumentos de la ciudad, como el teatro y el anfiteatro, a las que siguieron nuevas campañas que ampliaron la superficie excavada y los espacios abiertos a las visitas. Las investigaciones arqueológicas continúan actualmente y el Parque Arqueológico de Segóbriga, abierto en 2002, cuenta con una ruta circular que integra 16 edificios y espacios visitables.
La visita comienza en el Centro de Interpretación, cuyo diseño reproduce la pars urbana de una villa romana y permite contextualizar los restos antes de iniciar el recorrido. Allí se proyecta un audiovisual de 12 minutos que combina imágenes reales, animaciones y reconstrucciones virtuales en 3D, mientras que la exposición reúne exclusivamente piezas originales procedentes de las excavaciones, entre ellas esculturas, inscripciones, monedas, cerámicas y objetos metálicos. En septiembre, el parque abre de martes a domingo de 10:00 a 19:30 horas, con último acceso a las 18:30 horas; la entrada general cuesta 6 euros y la reducida, 3 euros, mientras que los menores de ocho años acceden gratuitamente. El apartado oficial de planificación estima una visita de entre dos y cuatro horas, siguiendo los caminos pavimentados establecidos para recorrer el yacimiento.