Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente americano, Canadá juega en otra liga. Su historia culinaria, marcada por la herencia indígena, la influencia francesa y británica y un profundo vínculo con el territorio, explica por qué los postres de Canadá están tan ligados a productos concretos y a tradiciones muy reconocibles. Aquí el dulce tiene paisaje, clima y memoria, y estos cinco clásicos lo confirman.
En este recorrido por la repostería canadiense asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o debería probar—: el butter tart, el pouding chômeur o los Nanaimo bars, postres que no se entienden sin su contexto. Canadá puede dividirse por provincias, lenguas o estaciones extremas, pero hay algo que lo mantiene unido: su manera de convertir el dulce en identidad local.
1. Butter tart
Uno de los postres más representativos del país. Es una pequeña tarta rellena de mantequilla, azúcar y huevo, a veces con pasas o nueces. Dulce, pegajosa y muy popular, especialmente en Ontario.
2. Nanaimo bars
Un postre sin horno nacido en la Columbia Británica. Se compone de tres capas: base de galleta y coco, crema dulce en el centro y cobertura de chocolate. Es uno de los dulces más reconocibles de Canadá.
3. Pouding chômeur
Postre tradicional de Quebec. Nació durante la Gran Depresión y se elabora con un bizcocho sencillo bañado en sirope caliente, normalmente de arce. Es humilde, contundente y profundamente ligado a la historia social del país.
4. Tarte au sucre
Tarta típica de la tradición francocanadiense. Se prepara con azúcar, nata y harina, dando como resultado un relleno denso y muy dulce. Es habitual en celebraciones y comidas familiares en Quebec.
5. Postres con sirope de arce
Más que un dulce concreto, el sirope de arce es una seña de identidad nacional. Se utiliza en tartas, bizcochos o simplemente sobre nieve helada en invierno. Es imposible entender la repostería canadiense sin él.