El pequeño pueblo citado en “El Quijote” cuya emblemática plaza mayor inauguró Felipe IV camino de Sevilla

A apenas sesenta kilómetros de la ciudad de Toledo se halla Tembleque, villa cuya impronta histórica trasciende el paso del tiempo. Esta localidad manchega posee la singularidad de ser inmortalizada por Miguel de Cervantes en El Quijote. En el capítulo 31 de la segunda parte, Sancho Panza nombra el pueblo al recordar sus labores durante la siega. Cervantes, buen conocedor del territorio por su labor como recaudador de impuestos, retrató la esencia de esta villa estratégica que obtuvo su título real de manos de la reina Juana I en el año 1509, prosperando gracias a la trashumancia y al próspero comercio lanero.

Un episodio clave en la crónica de Tembleque ocurrió a finales del verano de 1624, cuando Felipe IV pernoctó dos días en la villa durante su importante trayecto camino de Sevilla. El municipio engalanó sus calles y organizó fastuosos festejos taurinos que sirvieron de inauguración oficial a su plaza mayor. El propio monarca participó activamente en el coso en un acontecimiento estelar que fue relatado epistolarmente por Francisco de Quevedo. Esta histórica visita real consagró la relevancia de la villa en Castilla y dejó una huella indeleble en la memoria colectiva de toda la comarca manchega.

El monumento más señero del patrimonio municipal es su mencionada y célebre Plaza Mayor, declarada Bien de Interés Cultural y Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1973. Este espacio constituye un magnífico ejemplo del barroco popular manchego, ideado a modo de corral de comedias al aire libre y plaza taurina. Su planta cuadrangular cuenta con soportales en tres de sus lados sostenidos por columnas de granito de orden toscano. Sobre ellos discurren dos pisos de galerías abiertas sustentadas por pilares de madera y muros encalados, donde lucen vistosamente los antepechos adornados con las cruces de la Orden de San Juan de Jerusalén.

El origen de la Plaza Mayor responde a una meditada reforma urbana trazada a finales del siglo XVI. Hay documentos que recogen cómo el concejo local compró e hizo derribar el viejo Mesón del Caballo para cuadrar la plaza y acoger festejos. En el conjunto destaca el ayuntamiento de estilo barroco, construido acompañado por un prominente torreón de tres alturas destinado al palco de autoridades. El acceso sur conserva un templete levantado sobre zapatas de madera cuya relevante reforma de 1738 completó un recinto de singular e incalculable valor monumental.

En el ámbito religioso resalta la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, soberbio templo gótico y renacentista declarado Bien de Interés Cultural. Su construcción fue impulsada por el Cardenal Cisneros en señal de gratitud por la aportación de fondos en maravedíes y soldados temblequeños durante la toma de Orán. La iglesia presenta una sola nave de gran altura cubierta por bóvedas de crucería, capillas laterales barrocas, una cuidada portada isabelina labrada con motivos vegetales y una imponente torre de tres cuerpos coronada por un agudo chapitel de pizarra, constituyendo la principal joya arquitectónica del municipio.

El patrimonio civil destaca con la Casa-Palacio de las Torres, singular palacete tardobarroco mandado construir por Antonio Fernández-Alejo. Este enriquecido hidalgo temblequeño y caballero de la Orden de Santiago erigió la casona tras labrar su fortuna en América. Declarada Monumento en 1979, la estructura se organiza en torno a un patio cuadrado revestido con una doble galería de columnas toscanas. Su fachada resalta por dos torreones con chapiteles y por su portada decorada con el escudo familiar, donde lucen dos carabelas que recuerdan el origen indiano de los caudales empleados en su edificación.

Ermitas y molinos

La villa alberga otros relevantes monumentos señeros como la ermita de la Vera Cruz, notable edificio octogonal inspirado en el Santo Sepulcro de Jerusalén, adaptado en la actualidad como Biblioteca Municipal. En el extremo sur se ubica la ermita de la Purísima Concepción, frente a la que se alza la picota o rollo de justicia del siglo XVI, símbolo señorial del poder de la villa para administrar justicia. Completa este catálogo civil la histórica Casa de Postas o Parador de Afuera, antiguo caserón tradicional destinado al descanso y custodio de las caballerías que cubrían el importante servicio de la posta real castellana.

Corona el bello horizonte manchego un conjunto de molinos de viento situados sobre un cerro cercano, restaurados para recrear la estampa legendaria de la inmortal obra de Cervantes. Asimismo, el Museo Etnográfico Municipal, en la Oficina de Turismo de la Plaza Mayor, exhibe la indumentaria y aperos tradicionales en torno a un genuino patio castellano. Hoy, la localidad de Tembleque se erige como una parada imprescindible en la autovía A-4, donde la armonía de sus fachadas encaladas y la grandiosidad de su coso porticado continúan deslumbrando a todo viajero inquieto que emprende el célebre itinerario literario de Don Quijote por las tierras de La Mancha.