La ruta de Cáceres que desciende por un desfiladero por un territorio geológico protegido y condecorado como Sendero Azul

En el corazón de Extremadura, el agua del río Ruecas marca el paso. Bajo la sombra de un bosque fresco, en el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, surge un trazado distinguido como Sendero Azul: una grieta tectónica esculpida durante milenios por el afluente que la atraviesa. Esta ruta mezcla ecosistemas mediterráneos y pozas cristalinas, y custodia entre sus paredes de cuarcita fósiles de mares prehistóricos y pinturas rupestres.

Este trayecto está ubicado en el municipio de Cañamero, en plena profundidad del Geoparque. Es un camino lineal destacado por su baja dificultad: un itinerario ideal para familias o senderistas que buscan un paseo sin grandes exigencias físicas o técnicas. La sombra del acantilado y la frescura de sus bosques refugian a sus caminantes de los calores del sur de España.

El recorrido se extiende aproximadamente tres kilómetros entre ida y vuelta, aunque el tramo condecorado con el galardón ambiental se concentra en unos 700 metros de enorme valor geológico y cultural. El punto de inicio de la ruta se encuentra sobre la carretera EX-102, junto a los paneles informativos donde también arranca la Ruta de Isabel la Católica.

Los visitantes cuentan con diversas opciones para disfrutar de una pausa refrescante en entornos acuáticos naturales. Una parada clave de la ruta es el charco de la Nutria, una piscina natural con barandillas y mesas, ideal para disfrutar de un baño seguro.

El itinerario no dura más de una hora y discurre junto al cauce del río Ruecas, encajonado entre los imponentes riscos de Los Castillejos y La Lóriga. El visitante pasará por sitios como el antiguo Molino de Valbellido, antes de culminar en el espectacular entorno bajo la presa del Cancho del Fresno.

Esta ruta cuenta con el distintivo de Sendero Azul desde 2025. Este reconocimiento premia rutas o itinerarios interpretativos vinculados a espacios acuáticos —costas, ríos, lagunas, humedales o puertos. Lo otorga la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (ADEAC), la misma organización que coordina las banderas azules de playas y puertos.

Fósiles y arte rupestre entre las rocas

El desfiladero, nacido de una falla tectónica y tallado por millones de años de paso incansable del agua, abre las rocas como si de un libro se tratase. Y dentro de ese libro, las paredes de cuarcita cuentan parte de la historia de Cáceres. En su verticalidad abrupta, estos muros exhiben cruzianas y skolithos: huellas fósiles de organismos marinos que habitaron este lugar cuando el territorio que ahora se llama Extremadura era el fondo de un océano en el Paleozoico. Incluso se pueden contemplar delicadas ondulaciones en la roca, que no son otra cosa que el oleaje de aquel mar prehistórico fosilizado en la piedra.

Pero este museo de historia al aire libre no solo cuenta el pasado marino de este enclave; también guarda patrimonio correspondiente a las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad. El camino se convierte en un santuario de la prehistoria al alcanzar la Cueva Chiquita —o de Álvarez—, la Cueva de Rosa y el Abrigo de los Vencejos.

En estas cavidades, hombres del Calcolítico —hace unos 5.000 años— dejaron su marca. El visitante puede observar pinturas rupestres en intensos tonos rojizos y negros. Son figuras de hombres y animales, signos astrales y trazos geométricos. En este sentido, el recorrido no solo resulta interesante para los amantes de la naturaleza, sino también para los aficionados a la historia del mundo.

Para quienes quieran profundizar en la historia del patrimonio, existen dos centros interpretativos: uno en Cañamero, con paneles informativos, maquetas, muestras de minerales, fósiles y proyecciones audiovisuales; y otro junto a la presa del Cancho del Fresno, dedicado a la biodiversidad —ZEPA Sierra de Villuercas y valle del Guadarranque—, con una perspectiva más natural y ecológica.

El Geoparque Villuercas-Ibores-Jara

El escenario que abraza este recorrido no es un paisaje cualquiera: el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara es un refugio de naturaleza que se extiende por 2.544 kilómetros cuadrados de valles profundos y sierras paralelas erosionadas a lo largo de más de 500 millones de años. Esta riqueza geológica es la que le ha valido el prestigioso título de Geoparque Mundial de la UNESCO.

Este espacio natural cuenta con más de 50 geositios señalizados de gran interés turístico, científico y educativo, entre los que destacan el Risco de La Villuerca, la Cueva del Castañar de Ibor, el Estrecho de la Peña Amarilla y, por supuesto, la Garganta del Río Ruecas.

Más allá de su geología, este territorio cautiva al viajero por su autenticidad y su comunión con la vida rural. Explorar el Geoparque permite combinar las rutas con la visita al Real Monasterio de Guadalupe, Patrimonio de la Humanidad, y degustar joyas gastronómicas con Denominación de Origen como el queso Ibores, la miel Villuercas-Ibores o los vinos de Cañamero.