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Carme Portaceli reivindica el teatro como espacio de resistencia en su última temporada al frente del TNC

La directora del TNC, Carme Portaceli.

Juanjo Villalba

Barcelona —

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La próxima temporada del Teatre Nacional de Catalunya (TNC) tendrá inevitablemente algo de cierre de etapa. Carme Portaceli terminará en 2027 su tiempo como directora artística de la institución y este lunes ha presentado la que será su última programación antes de la llegada de una nueva dirección.

Lo ha hecho con un lema que vertebra todo el curso: Barcelona. La ciudad como escenario político, sentimental y cultural. La ciudad como memoria y como conflicto. La ciudad como lugar donde el teatro todavía puede ser un espacio de resistencia.

“Siempre he sentido un vínculo especial con Barcelona”, ha explicado la valenciana durante la presentación, recordando sus primeras visitas a la ciudad durante el tardofranquismo, cuando descubrió un lugar donde “había una libertad que en el resto de España no se encontraba”. Esa experiencia personal ha acabado impregnando una programación que mira a la capital catalana desde múltiples tiempos, lenguajes y fracturas.

La directora ha declarado, frente a un gran número de representantes del músculo escénico de la ciudad, que el teatro en Barcelona “siempre ha sido un lugar de esperanza”. De ahí que muchas de las producciones proyectadas dialoguen directamente con cuestiones contemporáneas como el auge de la extrema derecha, la violencia institucional, la memoria democrática, el feminismo o el desarraigo de la inmigración.

La despedida de Portaceli llega, además, en un momento de buena salud para el TNC. Según apuntó Joan Francesc Marco, Presidente del consejo de administración del TNC, la ocupación media de esta temporada 25-26 ha alcanzado el 82% y con un 25% del público joven.

Marco, también reivindicó el crecimiento internacional de la institución y su voluntad de consolidarse “como el teatro de toda Catalunya y no solo de Barcelona”. El presidente puso especialmente en valor el trabajo educativo y social del equipamiento, dirigido a estudiantes, docentes y familias. “Los niños son el público de hoy. Mañana serán el público del futuro, un público muy formado”, afirmó.

Barcelona como mapa emocional y político

Pero hablemos ya de algunas de las piezas que se presentarán durante la temporada 2026-2027, una programación que alternará grandes producciones, teatro político, danza, circo y proyectos híbridos.

Todo arrancará el 19 de septiembre con Repetir, repetir, repetir, un concierto, del que habrá dos únicas funciones, creado específicamente para el TNC por Sílvia Pérez Cruz, que recuperará el quinteto de cuerda con el que grabó Vestida de nit hace diez años.

Otro de los montajes más destacados será El Cadell, un nuevo texto de Josep Maria Miró escrito por encargo del TNC. La obra transcurre en una casa pairal dominada por una figura masculina mientras son las mujeres quienes sostienen realmente la estructura familiar y emocional. El texto recorre varias generaciones para hablar del peso de la herencia y de los silencios acumulados por las mujeres a lo largo de la historia.

También sobresale Songe, la particular relectura de Sueño de una noche de verano dirigida por Marcial Di Fonzo Bo, que incorpora Comedia sin título de Federico García Lorca en su tramo final. El montaje, concebido en varias lenguas y con intérpretes procedentes de distintos países europeos, explora la frontera entre realidad, sueño y revolución.

El teatro recupera también La tercera fuga, de Victoria Szpunberg, uno de los grandes éxitos recientes del TNC, que volverá a escena a finales de enero de 2027 y emprenderá gira tras haber tenido una excelente acogida de público y crítica en su anterior paso por Barcelona.

En paralelo, el TNC continuará reforzando las colaboraciones internacionales que Portaceli ha impulsado durante su mandato. La directora destacó el crecimiento de la actividad exterior del teatro, las alianzas con instituciones europeas y la participación en la Union des Théâtres de l'Europe, que permite intercambios entre actores, directores y creadores de distintos países. “Todas estas colaboraciones se irán ampliando”, ha asegurado.

Teatro contra la indiferencia

Como decíamos, buena parte de la programación está atravesada por preocupaciones contemporáneas y, especialmente, por el vínculo entre juventud y violencia social. La llei de la gravetat, de Pep Farrés, Biel Rossell y Daniela Feixas, aborda el abandono escolar y la expulsión simbólica de quienes quedan fuera del sistema educativo. “Queremos seguir posicionándonos como un puntal en tratar los temas que más preocupan a los jóvenes”, ha defendido Portaceli.

Más explícita todavía es La ràbia, de Josep Julien, centrada en el acercamiento de algunos adolescentes a discursos ultras y comunidades de extrema derecha en internet. Basada en un caso real, la obra sigue el proceso de radicalización de un joven tras una agresión violenta. El espectáculo también formará parte del Festival Zero y viajará a Budapest.

Otro de los proyectos con mayor carga política será 450 volts, creado por Marta Gil Polo y Marta Barceló a partir de la memoria de las torturas en la comisaría de Via Laietana, 43. El montaje llega en un momento en el que sigue abierto el debate sobre la conversión del edificio en un espacio de memoria democrática. La obra reunirá testimonios de víctimas y antiguos agentes policiales para reflexionar sobre la violencia institucional y los mecanismos del poder.

La programación también mira hacia Oriente Medio con una nueva edición de Barcelona Calling L’Orient Mitjà, el festival internacional impulsado por el TNC que este año lleva por subtítulo Les dones es reinventen. Participarán artistas de Líbano, Palestina, Irán, Siria y Egipto. “Como teatro del mediterráneo occidental no podemos dejar de mirar a esa otra parte del Mediterráneo”, señaló Portaceli.

Rodoreda, Roig y Brecht para leer el presente

La literatura catalana también ocupará un lugar central en esta última temporada. En noviembre Portaceli dirigirá L’hostal de les tres Camèlies, de Mercè Rodoreda, una obra atravesada por la violencia y el inmovilismo social de la posguerra. “Rodoreda ve una España y una Cataluña en la que el reloj no se mueve”, explicó la directora. En el montaje, coproducido con el Teatre Principal de Palma, los diferentes actores hablarán en sus propias variantes del catalán como el mallorquín, el valenciano o el andorrano.

También destaca Roig i violeta, inspirado en El temps de les cireres y L’hora violeta de Montserrat Roig. La producción reconstruye una Barcelona herida por la memoria del franquismo y pone el foco en las mujeres que quedaron fuera del relato oficial de la historia.

A ellas se suma Nada (No res), adaptación catalana de la célebre novela de Carmen Laforet, que recupera la Barcelona gris y devastada de la posguerra a través de la mirada de Andrea.

Pero la gran producción de la temporada será probablemente La mare Coratge i els seus fills, dirigida por Josep Maria Mestres a partir del clásico antibelicista de Bertolt Brecht. Con Emma Vilarasau al frente del reparto, el montaje quiere dialogar con las guerras contemporáneas y con la normalización del sufrimiento ajeno.

Una despedida abierta al riesgo

La programación también reserva espacio para propuestas más experimentales y formatos híbridos. El proyecto 365 dones l’any volverá a reivindicar, en El Born Centre de Cultura i Memòria, figuras femeninas fundamentales para la historia de Barcelona. La próxima edición estará dedicada por primera vez a una mujer viva, la activista vecinal y feminista Custodia Moreno.

Entre las propuestas más singulares aparece [The Frame], de la compañía Eléctrico 28, que convertirá lugares y escenas reales de la ciudad en un escenario improvisado observado por un público reducido mediante auriculares y acciones en directo.

Portaceli también quiso destacar Delay the Sadness, de la coreógrafa israelí Sharon Eyal, convertido en uno de los fenómenos recientes de la danza europea tras su paso por París, y Barber Shop Chronicles, un montaje internacional, que llegará a la Sala Gran en marzo de 2027, sobre las barberías afrodescendientes como espacios de identidad, memoria y comunidad.

La temporada culminará con uno de los nombres más radicales de la escena europea: Angélica Liddell. Su nuevo proyecto, 00:01 La creació, se desplegará durante siete días consecutivos con variaciones distintas de una misma pieza. Una especie de ritual escénico mutante que apunta bien al espíritu de esta última programación de Portaceli: un teatro dispuesto a provocar, experimentar y mirar de frente las fracturas del presente.

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