La ruta por este valle extremeño con más de mil hectáreas de castaños además de especies características del clima atlántico y mediterráneo

El Valle del Ambroz, situado en el norte de Cáceres y cobijado por la Sierra de Béjar y los Montes de Tras la Sierra, ofrece a quien lo recorre una joya botánica de primer orden. En torno a la villa de Hervás, un vasto manto boscoso se despliega por las laderas, acumulando más de mil hectáreas de castaños. Esta extensa cubierta vegetal confiere al territorio una personalidad singular dentro del paisaje extremeño, atrayendo a multitud de viajeros en otoño. Declarado Conjunto Histórico Artístico y vinculado a la Vía de la Plata, el municipio se convierte en el epicentro de un entorno forestal único donde naturaleza y cultura conviven en perfecta armonía.

La singularidad ecológica de este enclave reside en la convergencia de influencias climáticas de carácter atlántico y mediterráneo en una misma masa arbolada. La notable profundidad de sus suelos orgánicos, unida a un régimen de precipitaciones elevado, permite la convivencia de especies vegetales pertenecientes a ambos dominios biogeográficos. Junto a una extraordinaria variedad micológica que emerge con las lluvias, la flora herbácea y leñosa prospera bajo un dosel denso. Los castaños comparten espacio con los robles y una tupida sotovegetación, dando forma a una comunidad biológica de alto valor ecológico y gran riqueza vegetal.

El escalonamiento de la vegetación responde con precisión a la altitud y a la orientación de las laderas de la sierra. La masa de castaños predomina entre los 600 y los 1.000 metros de altitud, buscando preferentemente las solanas húmedas y sombrías orientadas hacia el norte. En las zonas más cálidas y a medida que se asciende, los castaños ceden progresivamente su dominio al roble melojo. Estos robledales han sido históricamente aclarados por la acción del hombre con el propósito de crear fértiles pastizales de montaña, estructurando un paisaje diversificado que alterna frondosas masas forestales con áreas de pastoreo.

En el corazón de esta gran cobertura boscosa se diferencia un núcleo homogéneo y continuo de unas 600 hectáreas de superficie sin interrupciones. La conocida Garganta de Andrés actúa como divisoria natural entre las dos grandes unidades patrimoniales que integran esta mancha forestal. En la margen perteneciente al término municipal de Hervás se extiende el célebre Castañar Gallego, mientras que al cruzar el arroyo se penetra en el Castañar del Duque, ubicado en el municipio de Aldeanueva del Camino. Ambos sectores forman más de la mitad de la masa arbolada de castaños de la sierra, constituyendo el núcleo más protegido, exuberante y representativo de toda la comarca.

El aprovechamiento de este ecosistema forestal ha estado guiado históricamente por criterios de sostenibilidad y un manejo racional de sus recursos. La masa arbolada se organiza tradicionalmente en rodales acotados mediante hitos, donde se efectúan talas periódicas programadas que garantizan la regeneración posterior del bosque. Durante generaciones, la madera de castaño alimentó una floreciente industria local orientada a la cestería artesanal, la confección de banastas, toneles y la fabricación de muebles de alta calidad. Este uso tradicional ha permitido conservar la integridad del bosque hasta nuestros días, manteniendo vivo un oficio ancestral respetuoso con la dinámica natural.

Riqueza faunística

Para recorrer y apreciar este patrimonio natural, la red de senderos ofrece itinerarios homologados como la ruta circular del Castañar, clasificada como PR-CC 39. El recorrido tiene su punto de partida en Hervás, junto a la fuente de San Andrés, y se adentra entre castaños y robles bordeando arroyos cristalinos como el Romanillo. A lo largo del trayecto, los senderistas atraviesan emblemáticos pasos como el puente de la Umbría del Rey y el puente de Juan Pinto, alcanzando la carretera del Puerto de Honduras y conectando con la Pista Heidi. Desde estos puntos elevados se obtienen impresionantes panorámicas del Valle del Ambroz, las Tierras de Granadilla y el Pinajarro.

El interés de la ruta se completa con una extraordinaria riqueza faunística que alberga a numerosas rapaces como el azor, el cárabo o el abejero, acompañadas por pajarillos forestales como oropéndolas y mirlos. Con la llegada del otoño, el bosque se transforma en un mágico escenario de matices dorados, rojos y amarillos, donde el suelo queda cubierto por un espeso manto de hojas secas y erizos de castaña. Este espectáculo visual coincide con la celebración del afamado festival del Otoño Mágico en el Valle del Ambroz, una fiesta de interés turístico que invita a recorrer estos frondosos caminos extremeños y disfrutar de la naturaleza en su máximo esplendor.