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Capitán de las sardinas

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Rajoy visita el símbolo de China del siglo XXI

Rajoy visita el símbolo de China del siglo XXI / Fotografía facilitada por Presidencia del Gobierno.

Hay días en los que me encanta este oficio de correveidile. Y hoy es uno de ellos, ya que en tan fastuosa jornada puedo asegurar, sin riesgo de acabar ante la jueza Alaya, que los militantes y simpatizantes del PP son unos nazis (sin ánimo de halagarles), ya que con su voto van a propiciar el asesinato selectivo de los más débiles de entre nosotros, privando a la raza española de 120.000 personitas por año. Y no lo digo yo, que estoy citando casi testicularmente el recurso que el mismísimo Mariano Rajoy presentó ante el Tribunal Constitucional contra la ley del aborto aprobada por el diabólico Zapatero, que Dios confunda.

Y puedo añadir que quien en su día presentó la contrarreforma para mejor servir a Dios y a la Patria y ahora la retira para mejor servir a Dios y a la Patria, no es más que un cobarde gallina, capitán de las sardinas, asustado por el coco de las encuestas y por el coco propiamente dicho, Pablo Iglesias, el líder de Podemos. Y tampoco lo digo yo, que tal verdad ha sido manifestada por la Brunete mediática, esa que aplaude con las orejas hasta cuando el PP priva a los niños pobres de la única comida sustanciosa, la que hacen en los colegios públicos, cuando tienen colegio al que ir.

Otra ventaja añadida está en la constatación de que el niño Gallardón, perpetrador de la ley cavernaria, se nos va para no volver nunca más, o sea, hasta dentro de un año o poco menos. Lo perdemos para la política, pero es posible que lo gane el yacimiento arqueológico de Atapuerca, mucho más acorde a sus inquietudes espirituales.

Astuta cortina de humo

Pero cuando se trata de los honestos y fiables dirigentes de la derecha española, tampoco quiero echar las campanas al vuelo, que nadie puede ser tan tonto como para pegarse un tiro en el pie, si exceptuamos a Froilán y al líder de los populares andaluces, Moreno Bonilla, que quién le mandó dejar un curro cómodo y bien pagado en Madrid para venirse aquí a heredar las derrotas de Arenas Bocanegra.

Puesto a ser un malpensado, se me ocurre que todo esto de la salvación y posterior asesinato del concebido no nacido no es más que una astuta maniobra de Rajoy, que nos ha tenido enredados un par de años con el nasciturus para que no pensáramos en que nos estaba aplicando la eutanasia retardada a todos los demás a cuenta de tanto recorte y tantos impuestos.

Y ahora, a falta de un embarazo para las elecciones municipales, retira la reforma para que sigamos entretenidos con los fetos y los nacionalistas catalanes (sin ánimo de comparar) en la seguridad de que la tercera cámara nacional, antes llamada Tribunal Constitucional, abortará la ley de plazos -como abortó el Estatuto catalán- para sustituirla por el catecismo del padre Ripalda.

Y sería muy fácil, ya que el recurso será visto por un tribunal con mayoría muy conservadora, en el que el presidente es miembro del PP, sin pagar la cuota, y el jefe de la sala y ponente de la sentencia es su eminencia reverendísima don Andrés Ollero, miembro del PP sin cuota y del Opus Dei con cuota y bula, que ya se ha mostrado muy beligerante contra la actual ley. Recordemos que Ollero es natural de Sevilla y fue vecino de Granada, donde aprendió su oficio de la mano de la peor burguesía de España, según dijo García Lorca poco antes de ser abortado de noche en un descampado.

Así pues, sigamos atentos a la jugada no vaya a ser que todo esto no sea más que una cortina de humo para que miremos hacia Antequera mientras nos maniobran por la retaguardia inspirados por Dios, ese dios en cuyo nombre se quemaban herejes y se fusilaban poetas, eso sí, mayores de nueve meses.

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