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Fatima Báñez y el efecto Streisand

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Presidente comisión: La incomparecencia es una bofetada sin manos a los andaluces

La ministra en funciones Fátima Báñez EFE

En el relato de Poe La carta robada aprendimos que a veces la mejor manera de esconder algo es dejarlo a plena vista. En otras ocasiones se produce el fenómeno contrario: poner demasiado esfuerzo en ocultar una realidad acaba siendo la mejor forma de dejarla al descubierto. Es lo que en comunicación se conoce como el ‘efecto Streisand’, en alusión al fallido intento de la actriz de censurar la publicación de unas imágenes aéreas de su mansión playera en una web que documentaba la erosión de la costa de California. La desproporcionada reacción de la artista, que llegó a amenazar con la petición de una indemnización millonaria, acabó saltando a los medios. Resultado, el que se imaginan: las fotografías de su residencia inundaron Internet.

En Andalucía hemos tenido esta semana nuestro modesto ejemplo de este fenómeno, el ‘efecto Báñez’: la "espantá" de la ministra de Empleo en la comisión de investigación sobre los cursos de formación, donde estaba citada el lunes, ha conseguido justo lo que pretendía evitar: colocarla en la diana de todas las críticas y hacerla sospechosa de ocultar quién sabe qué irregularidades. Hasta el punto de que todos los partidos salvo el PP están estudiando denunciar su incomparecencia ante la Fiscalía. Con el Código Penal en la mano, han dicho, estamos ante un delito de desobediencia, además de una muestra de poco respeto a las instituciones y a la democracia.

La triquiñuela de Báñez, que acude a un dictamen del Consejo de Estado según el cual los ministros sólo están obligados a acudir al Congreso, le ha dado también munición inesperada al resto de partidos -principalmente al PSOE- para atacar al PP, justo en la semana en la que comienzan las comparecencias con más chicha política en la comisión de investigación: las de los consejeros de Empleo de los últimos 15 años.

Como efecto colateral añadido, la maniobra ha dejado desautorizado -una vez más- a Juanma Moreno, el presidente del PP andaluz, que no parecía tener ni idea del plan de fuga de la ministra, anunciado con nocturnidad y dominguismo. Después de que Torres Hurtado y Francisco de la Torre le hayan doblado el pulso en Granada y Málaga, es justo lo que necesitaba para reafirmar su liderazgo.

Es cierto. Es poco probable que la ministra acabe condenada. Se han dado casos similares en otros Parlamentos (el año pasado Montoro dejó plantado al Parlament de Catalunya, que también lo denunció a la Fiscalía) sin que hayan trascendido consecuencias legales.

Otros también argumentarán que la jugada de Báñez ha sido inteligente: mejor aguantar las críticas por no comparecer que el chaparrón de acusaciones que le esperaban en la comisión de investigación. Más vale una roja que ciento colorá, habrán pensado los asesores de la onubense. Puede que tengan razón. Igual que Rajoy pudo acertar en aquella ocasión al hablar por un plasma, para que no le preguntaran por Bárcenas. O cuando decidió no acudir al debate y mandar a Soraya. Pero conviene recordar que, a veces, algunas derrotas políticas están hechas de pequeñas victorias como éstas.

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