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Susana Díaz presume de herencia

La presidenta andaluza intenta reinventarse y resistir, pero sin invertir en innovación sino con las movilizaciones autonomistas del siglo pasado

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Sánchez y Díaz llegan juntos al acto de clausura del Congreso del PSOE-A

EFE

Dicen que los congresos socialistas se saben cómo empiezan pero no como acaban, porque siempre hay un cabo suelto, un imprevisto fuera de foco que termina por acaparar el protagonismo. No ha sido el caso del  13º congreso regional del PSOE de Andalucía que se ha celebrado este fin de semana en Sevilla, donde la principal novedad ha sido que cuando la reelegida secretaria general bajó a las tantas de la noche a dar a conocer los nombres de la ejecutiva, no los facilitó porque la mayoría de los periodistas se habían marchado. Por lo demás, las relaciones de Susana Díaz con Pedro Sánchez mantienen la misma temperatura, al rojo vivo.

Desde la misma noche de las elecciones primarias de mayo pasado, cuando compareció tras su estrepitosa derrota frente a Pedro Sánchez y agradeció de manera singular el apoyo recibido por la federación andaluza, la única en la que ganó, todos los pasos de la también presidenta de la Junta han ido encaminados a construir el fortín andaluz.

Lleva dos meses colocando primorosamente y a la vista de todos, aquí una piedra, allí otra, en una esquina un torreón, en otra otro y en medio, banderolas de cinco pisos de altura con la bandera blanca y verde como las que se han visto en este congreso.

En ese tiempo ha construido un argumento para reinventarse y resistir, pero sin invertir en innovación sino mirando al siglo pasado, a sus mayores, a la herencia de las movilizaciones autonomistas del 4 de diciembre de 1977 y el referéndum del 28 de Febrero de 1980. "Nosotros somos los legítimos herederos del 4 de diciembre y del 28 de febrero", dijo en la clausura del congreso antes de que lo cerrara el secretario federal, Pedro Sánchez.

Se considera la heredera de Rafael Escuredo, José Rodríguez de la Borbolla, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, a los que ha homenajeado este fin de semana, junto con Alfonso Guerra, que llevaba al menos 23 años sin asistir a un congreso de los socialistas andaluces y que fue el artífice de los relevos de Escuredo y De la Borbolla. La historia del PSOE de Andalucía, como se ha mostrado en una exposición, es una historia de éxito, pero también con mucha sangre.

Díaz le dijo este domingo a Pedro Sánchez que como la federación socialista más antigua de España (en diciembre cumple 40 años) defenderá "la historia y la herencia" que ha recibido que no es otra que la de la igualdad. "Lo vamos hacer con lealtad, compañero Pedro", proclamó, pero a renglón seguido le advirtió: "Lo único que te pido como secretaria general y presidenta de la Junta es que nunca me hagas elegir entre las dos lealtades porque soy la presidenta de todos los andaluces".

Desde el entorno de Díaz destacaron inmediatamente que si esa situación se produce, ella elegirá el de la defensa de Andalucía, no la posición del  partido. Claro que para que se dé ese supuesto, supuestamente Pedro Sánchez tendría que defender e imponer a su partido un trato desigual para Andalucía en el debate sobre el modelo territorial y, sobre todo, en el de la financiación que es el que de verdad preocupa. Con ella en la secretaria federal ese riesgo estaría conjurado. "Soy andaluza y española y cuando defiendo lo mejor para Andalucía defiendo lo mejor para España", dijo de sí misma.

El reto quedó lanzado y a la vista y oídos de todos. Hay quien interpreta que si la secretaria general del PSOE andaluz mantuvo intacta su frialdad con Sánchez no es por otra cosa que por evitar fugas de afines con vistas a los congresos provinciales de otoño, donde los sanchistas pretenden plantear candidatos alternativos a los susanistas.

Fuera de Andalucía, Díaz ya no tiene aliados. Los habitantes del fortín andaluz (la ejecutiva, los enviados al comité federal, los miembros del comité director, del comité de ética, los de la comisión revisora de cuentas) son todos de Díaz. "Normal, Pedro Sánchez hizo lo mismo", explican.

Sánchez vino en son de paz, pero se encontró con que la puerta del reducto sólo estaba entreabierta. "Susana, tú y yo hablamos el mismo idioma, el de la igualdad y la fraternidad, que es el lenguaje del PSOE", le dijo. "Susana, tú eres mi secretaria general y mi presidenta de la Junta de Andalucía", insistió. "Hagamos un PSOE unido para ganar aquí y en España. El PSOE unido es imparable", remarcó.

El secretario general defendió el modelo federal, aunque en ningún momento pronunció lo aprobado en el congreso sobre la plurinacionalidad del Estado. "Defendemos la idea de España de Peces Barba, Solé Tura, Miquel Roca, Anselmo Carretero, Felipe González o Carme Chacón. Una idea que fue recogida también por la Fundación Alfonso Perales, España como una nación de naciones, que garantiza y asegura la igualdad de todos vivan donde vivan", dijo. La nueva ejecutiva, situada detrás del atril donde intervenía Sánchez, acogió con mucha frialdad y alguna cara contrariada esta afirmación, aunque también hubo palmas sordas al fondo de la sala. Cuando terminó su discurso, Díaz lo dejó solo en el escenario evitando la foto conjunta.

Sánchez sí pudo recibir el afecto de militantes afines a él que lograron acreditarse, aunque no se sabe a través de qué vía, como invitados a la clausura del congreso. Con fuerza corearon su nombre y cantaron en el vestíbulo la Internacional, mientras en el plenario sonaba la sintonía aflamencada del PSOE andaluz.

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