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Cómo luchar por Abengoa

"Sólo convirtiendo su crisis en un problema electoral, conseguirán sus trabajadores que los gobernantes den la cara".

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Trabajadores de Abengoa

Trabajadores de Abengoa

'¡Huy!, eso es una empresa privada', responde de perfil el ministro de Guindos sobre Abengoa, mientras se sacude la solapa con el revés de la mano. "Si es que el Gobierno no ha provocado el problema", se excusa.

Pero los Gobiernos están ahí para solucionar problemas, los hayan provocado ellos o no. Una verdad que también sirve para el Gobierno andaluz, que pide a Madrid un plan de empleo para Andalucía y, sin embargo, parece dispuesto a limitarse a un 'control de daños políticos' en Abengoa , cuya consecuencia no será otra que dejar morir la principal empresa de la región.

En Alemania, sin ir más lejos, el Gobierno de derechas y liberal de Ángela Merkel tardó muy poco en poner los pies en pared en defensa de su Volkswagen, una empresa que consideran estratégica. Y eso que en Alemania también tienen Audi, Mercedes, BMW, y un montón de grandes industrias.

Aquí, en cambio, apenas sí las hay. Es más, en esta región, a la que ahora Rajoy en sus mítines presume de haber tenido siempre en cuenta, es única. Tan única como que Andalucía ya no tiene ni una sola empresa en el IBEX, mientras que los dedos de las manos sobran para enumerar todas sus sociedades cotizadas.

Andalucía sólo tiene una empresa de tan alta capacidad tecnológica, que no sólo proporciona miles de empleos en una autonomía asolada por el paro, sino que, además, gran parte de ellos son de nivel de ingeniería y otro personal altamente cualificado.

Una empresa que permite encontrarse españoles con acento gaditano, sevillano, o cordobés dirigiendo proyectos punteros en lugares tan lejanos como La Meca, Reino Unido, Argentina, Sudáfrica, Estados Unidos… y no sirviendo cafés.

El silencio es abrumador. ¿Dónde están los trabajadores de Abengoa? ¿Qué hacen que en plena campaña electoral no presionan para que su causa se convierta en tema central de la agenda política? ¿Acaso no se han preguntado por qué Santana, Astilleros, o Delphi centraron las respectivas agendas políticas del momento?

Debe ser el único conflicto, como recuerda un viejo sindicalista, en el que, al día siguiente de hacerse pública la magnitud de la crisis, no apareció una pancarta a la puerta del centro de trabajo con el lema "Abengoa no se cierra". Una vez más, queda patente la indefensión de los trabajadores cuando se impone el individualismo frente a la tan denostada gestión sindical de las relaciones laborales dentro de una empresa.

Quien piense que, por ser el destino de una buena parte de la Escuela de Ingenieros de Sevilla, o del ICAI de los jesuitas, es un problema de trabajadores privilegiados, se equivoca. En Palmatraz, como los propios trabajadores de Abengoa llaman a sus oficinas sevillanas por sus duras condiciones laborales, hay cientos de titulados superiores que llegaron como becarios hace ya muchos años, y siguen sin llegar siquiera a mileuristas. Mientras, a pocos kilómetros de allí, en los talleres, sus trabajadores de cuello azul, dónde los sindicatos sí tienen presencia, los salarios sí superan los mil euros, en muchos casos con holgura.

En una economía sin capacidad para absorber de golpe a miles de trabajadores altamente cualificados, en lugar de limitarse a enviar su currículo a diestro y siniestro, los trabajadores no deberían permitir que hubiese un solo acto de campaña electoral, de todos los colores, sin la presencia de un sonoro piquete. Sin la presencia de empleados cargando el grave problema de Abengoa sobre las conciencias de políticos, sindicatos, medios de comunicación, y votantes.

¿Dónde está el consejero de Economía? ¿Dónde el de empleo? ¿Alguien se ha puesto en contacto con los trabajadores? ¿Y la presidenta del Gobierno andaluz? ¿Alguien ha llamado a Patricia Botín? Y si así ha sido, ¿Se ha obtenido respuesta o compromiso alguno? ¿Qué gestiones está realizando quién, para poner las instituciones del Estado, central y autonómico,  a trabajar para impedir que Abengoa se cierre?

Sólo convirtiendo su crisis en un problema electoral conseguirán sus trabajadores que los gobernantes den la cara. Que no se limiten a escuetas declaraciones ante nubes de micrófonos. Declaraciones que al minuto siguiente habrán quedado tapadas por un aluvión de nuevos temas. Abengoa ya sólo forma parte de los espacios de economía de los medios de comunicación. En menos de dos semanas, la oportunidad habrá desaparecido en el pasado para siempre.

Entonces llegará el llanto y el rechinar de dientes.

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